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Intoxicación informativa
El uranio y otros minerales apetecidos por los terroristas
Bruno Matapay / Sábado 29 de marzo de 2008
 
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Posible aspecto del proveedor del material radiactivo de las FARC (recreación del artista)

El miércoles 26 de marzo, el Ministerio de Defensa informó que sus servicios de inteligencia habían decomisado 30 kilos de uranio en una zona rural de Bogotá.

Esta sería la prueba reina para validar la información presuntamente encontrada en uno de los computadores del desaparecido portavoz internacional de las FARC, "Raúl Reyes". Según el documento, cuya autenticidad es incierta, un hombre conocido con el alias de "Belisario" le ofreció a las FARC 50 kilos de uranio para negociarlos con algún gobierno, a razón de 2,5 millones de dólares el kilo.

Sin embargo, en un comunicado conocido el miércoles 19 de marzo, las FARC rechazaron que estén negociando con uranio, porque -dijeron- no tienen los medios tecnológicos para procesarlo. “Sólo países desarrollados, como Estados Unidos y otros, tienen las condiciones y la tecnología requerida para procesar uranio, y no una guerrilla que aún pelea por la dignidad de un pueblo con fusiles y hasta con palos”, decía el texto de los rebeldes.

Incluso varios científicos citados por el Washington Post manifestaron su escepticismo respecto a una supuesta operación de las FARC para vender uranio con el que fabricar una bomba.

Matthew Bunn, un especialista en asuntos nucleares de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Harvard, dijo al diario que el correo electrónico en cuestión contiene “indicios considerables de que se trataba de algún tipo de fraude, porque el citado precio de 2,5 millones de dólares por kilogramo es aproximadamente diez mil veces más de lo que vale el uranio en su estado natural”.

Ivan Oelrich, de la Federación de Científicos Estadounidenses, dijo que es poco probable que los rebeldes estuviesen hablando de uranio para fabricar una bomba nuclear.

El uranio en su estado natural es un metal pesado con poquísima radiactividad, aunque contiene pequeñas trazas de un isótopo poco común que contribuye a la reacción en cadena de una bomba nuclear. Según Oelrich, se requerirían cantidades masivas, al menos cien veces más de las que presuntamente pretendían vender las FARC, para extraer suficiente isótopos para una o dos bombas nucleares, y se trata de un proceso técnico e industrial muy complejo.

También Steve Kidd, un científico de la Asociación Mundial Nuclear, con sede en Londres, subrayó que este tipo de uranio “sería inútil para una bomba radiactiva”.

Ahora, tras el milagroso hallazgo, el Organismo Internacional de Energía Atómica, agencia nuclear de la ONU, “a petición de las autoridades colombianas, enviará un pequeño equipo de expertos técnicos a Colombia”.

El “casual” hallazgo de 30 kilos de uranio empobrecido parece ser parte de un plan para mantener vivo el fantasma del “terrorismo internacional” como caballito de batalla contra el reconocimiento del carácter político de la insurgencia colombiana, ahora mediante el mito del potencial uso indiscriminado de armas nucleares contra la población civil, terrorismo del cual históricamente sólo se conoce un caso: el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki por parte del ejército gringo en 1945.

Pero la acusación va más allá: contra Venezuela, acusada de proveer refugio y financiar el terrorismo internacional. Para hacer parte del Eje del Mal y resultar acreedora a cualquier agresión imperialista futura sólo faltaba el argumento atómico, usado con relativo éxito para desprestigiar ante la opinión pública a Iraq, la República Popular Democrática de Corea e Irán como amenazas a la paz mundial debido al desarrollo -jamás comprobado- de armas atómicas.

Sin embargo, la verdadera amenaza nuclear proviene de países que, además de tener un gigantesco arsenal atómico, participan en guerras de agresión: Estados Unidos, la Gran Bretaña, Francia, Israel. En cuanto al uranio empobrecido, tóxico desecho de la energía nuclear, es usado masivamente por el ejército gringo y el británico en Iraq, y se presume que otros 15 países lo utilizan como componente de su munición. Entre ellos, los proveedores de armas al ejército colombiano.

Otros minerales, más peligrosos que el uranio

“El uranio fue ubicado hoy en la vereda Pasquila, de la comuna 20 de Bogotá, en la carretera que conduce hacia San Juan de Sumapaz”, señaló el comunicado del Ministerio de Defensa.

Este dato fue desmentido por la propia alcaldesa de Sumapaz. La vereda Pasquilla no está en su localidad. Hace parte de Ciudad Bolívar, localidad agobiada por los grupos paramilitares, según denuncian hace años las ONG y organismos oficiales que defienden los derechos humanos, e informó recientemente el semanario El Espectador.

Las autoridades policiales han sido incapaces de detectar el rampante paramilitarismo en la zona. Pero ya un tribunal internacional de opinión condenó en noviembre de 2006 al actual gobierno colombiano, a la Unión Europea, al gobierno de los Estados Unidos, a las multinacionales Cemex de México; Holcim de Suiza y Ladrillera Santa Fe, a las alcaldías de Bogotá y Soacha y a los organismos de seguridad del estado por cerca de 600 homicidios, múltiples atropellos de las autoridades y un sin fin de hechos sistemáticos, ocultados por los medios de comunicación de los monopolios.

¿A qué obedece este terrorismo de estado en la localidad 19? Al megaproyecto parque minero “El Mochuelo”, que se construirá inicialmente en las veredas Quiba Alta, Quiba Baja, Mochuelo Alto, Mochuelo Bajo, Pasquilla y Tierra Colorada, y en la zona urbana en los barrios Paraíso, Lucero Alto, Vista Hermosa y Alpes, precisamente el área donde campean los paracos a sus anchas y, sin embargo, el lugar supuestamente escogido por las FARC para esconder un material que, por inofensivo que sea según el dictamen de los expertos, les habría costado la fabulosa suma de 75 millones de dólares, casi siete veces los ingresos que el mismo gobierno calcula tuvo dicha organización insurgente por tráfico de drogas en el 2003 (11 millones de dólares) [1].

El jefe de las Fuerzas Militares de Colombia, el general Freddy Padilla de León, aclaró ante los medios internacionales que el uranio empobrecido hallado en Bogotá no pertenecía a las FARC. Pero ya el daño estaba hecho, la noticia dio la vuelta al mundo y no tardó en pronunciarse la voz del amo, para despejar cualquier duda:

“Estamos profundamente preocupados por los reportes de que miembros de la FARC estaban traficando con uranio”, dijo Heide Bronke, una portavoz del Departamento de Estado. “Eso subraya la amenaza terrorista que las FARC plantean para el pueblo de Colombia y para toda la región”.

[1] Las cuentas de las FARC, revista Semana, enero 30, 2005