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A propósito de la muerte de Diomedes Díaz
Diomedes Díaz, juglar popular, bufón de la mafia y el paramilitarismo, cultor del patriarcado y el arribismo
Frank Molano Camargo / Lunes 23 de diciembre de 2013
 

La herida que siempre llevo en el alma no cicatriza,
inevitable me marca la pena que es infinita,
quisiera volar muy lejos muy lejos sin rumbo fijo,
buscar un lugar del mundo sin odio vivir tranquilo.

Sin medir distancias

La canción que mejor identifica la paradójica vida de Diomedes Díaz es Sin medir distancia, su vida entre la pobreza y la riqueza, entre los humildes y los poderosos y su definición subjetiva por ellos y lo que ellos pudieron ofrecerle, incluso el tipo de muerte, o las condiciones que lo llevaron a ella. Diomedes Díaz nació el 26 de mayo de 1957 en el corregimiento de Las Juntas, municipio de San Juan del Cesar, en La Guajira, con raíces mestizas creció como pastor de cabras, chivos y ovejas. Y fue atacado por varias enfermedades asociadas a la desnutrición. Cuando cumplió 10 años, la familia se trasladó a Villanueva, Guajira, en donde estudio la primaria, la vida escolar lo marcó, como muchos niños colombianos tuvo una escolaridad de baja intensidad, escasamente aprendió a leer y escribir, alguna vez un niño lo agredió con una piedra y por poco se quedó ciego. Aunque los remedios caseros lo ayudaron, no fue suficiente y perdió totalmente el ojo derecho.

La familia fue a buscar mejor suerte a Valledupar, en dónde se relacionó con los juglares del vallenato Leandro Díaz, Rafael Escalona. Sus cualidades histriónicas lo dieron a conocer así como su fervor católico hacia la Virgen del Carmen, su tono de voz, la sencillez, ritmo y armonía musical lo llevaron a la fama, al dinero y a la cultura coptada por el narcotráfico y el estilo traqueto.

En 1976, Diomedes ya tenía una fama bien ganada, en especial por su primer disco titulado Herencia vallenata, con el acordeón de Náfer Durán, hermano de Alejo Durán. En 1977 empezó a sonar el LP titulado Tres canciones, en el que aparece con sus marcados rasgos mestizos y sin un diente, carencia heredada de sus problemas de infancia. Por eso empezaron a llover los contratos para ir de caseta en caseta, de parranda en parranda, de pueblo en pueblo, en parrandas de varios días que llevaba a los cantantes motivados por el deseo de fama, dinero y ascenso social a recurrir a estimulantes para mantenerse activo. Del aguardiante, a la marihuana y luego la cocaína. Por todo esto, la historia dice que Diomedes fue el primer artista colombiano en ganar varios millones de pesos por presentación. Fue el primer vallenatero en llenar el estadio El Campín, y el empresario que lo contrató para ese concierto se ganó un millón de dólares. Parte de su vida, de su ascenso social vía cultura para la mafia está en su disco Mi Biografía de 1997.

En la década de los 80 numerosos artistas se convirtieron en bufones de la mafia narcotraficante, que solía organizar sus reuniones sociales con el artista del momento. El dinero llovía y los capos, como hoy las editoriales capitalistas, dictaban las leyes de la estética. En ese contexto, como nuevo rico y para revertir las burlas recibidas por la carátula de su primer disco, Diomedes se mandó poner el diente que le faltaba y le agregó un costoso y llamativo diamante. El arribismo, mezclado con la cultura del vivo queda sin duda inmortalizado en su canción El Vivo vive del Bobo y el bobo de taita y mama…

En medio del lijo, el arribismo y la amistad con mafiosos, la noche del 14 de mayo de 1997 en una sórdida fiesta bogotana con mucha droga, se produce el feminicidio (violación, abuso y asesinato) de la joven Doris Adriana Niño, de 22 años. Su cadáver fue dejado llevado a un potrero en Cómbita, Boyacá. Un año y medio después de este crimen Diomedes fue capturado en el aeropuerto El Dorado cuando se disponía a continuar una gira pues había seguido su vida normal como si el asunto no hubiera tenido nada que ver con él. Estuvo preso en instalaciones del DAS en Cota, ya por entonces el DAS estaba controlado por los narcos y los paras. Le dieron libertad condicional y sus abogados trataron de hacer creer que la joven asesinada era una prostitituta, como si asesinar prostitutas no fuera igualmente reprochable. Durante el proceso judicial estuvo protegido en los campamentos paramilitares de su admirador, contratista y amigo David Enrique Hernández Rojas, alias ’39’, un ex mayor del Ejército que había desertado para aliarse con los paramilitares, uno de los hombres más sanguinarios de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), segundo al mando del Bloque Mártires del Cacique de Upar, después de Rodrigo Tovar Pupo, ’Jorge 40’. El paramilitar lo protegió en su campamento hasta que el cantante decidió entregarse a la justicia e ingresar a prisión el 26 de septiembre de 2002.

En prisión se creó un culto a su figura, el artista macho, parrandero, adinerado, amigo de la mafia. La justicia le aceptó que para disminuir el tiempo de condena grabara discos. La concepción machista y patriarcal de Diomedes que plasmada en su canción “La falla fue tuya”, que justifica que el hombre es el dueño de la mujer, tiene derecho a otras mujeres, pero no la mujer, que debe ser sumisa, obediente…

Después de salir de la cárcel, y del olvido del feminicidio, siguió su ascenso y su prestigio, aunque era cada vez más notable su deterioro físico, mental y social. No obstante en la medida en que se legitima la cultura paraca y mafiosa, a Diomedes todo se le perdona y quedará como ícono de esa cultura y de ese orden político y social que hizo de Diomedes lo que fue, un juglar popular, un bufón de la mafia y el paramilitarismo y un cultor del patriarcado y el arrisbismo.