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El paramilitarismo en Cúcuta: ¿Perpetuación de las estructuras del terror?
Freddy Ordóñez / Domingo 24 de agosto de 2008
 

En la edición del pasado miércoles 13 de agosto, el diario La Opinión, de Cúcuta, en un extenso artículo indicaba como los grupos paramilitares en la ciudad retomaban los “toques de queda”, mediante amenazas a la ciudadanía si se encontraban en sitios públicos después de las 10:00 PM, y por medio de panfletos dejados en diferentes barrios de la capital nortesantandereana [1].

La Opinión indica que “los comunicados aparecieron en los barrios Navarro Wolf, La Libertad, San José y Cundinamarca” [y] “en las noches, hombres armados frecuentemente recorren las calles diciendo que pertenecen a las Auc o a ‘Las Águilas Negras’” [2].

En la misma edición del diario, en la página 6A se podía leer parte del pasado del accionar paramilitar en Cúcuta: Orlando Bocanegra Arteaga, alias “Jorge”, ex paramilitar del Frente Fronteras, del Bloque Catatumbo, reconoció haber asesinado a más de 60 personas, hombres y mujeres a mansalva, desarmados, amarrados, en casos individuales o masacres que cometió en varios sectores de Cúcuta [3]. Esta noticia y la anteriormente citada se presentan como una dupla nefasta de lo que puede venir y lo que anteriormente vivió la ciudad.

Al comunicado de los paramilitares tuve acceso posteriormente, por medio de un líder juvenil con quien me encontré, y espera hacer una serie de denuncias ante diferentes instituciones estatales en Bogotá. El estudiante me indicó que ‘los paras’ están retomando el modus operandi con el que sembraron el terror en la ciudad fronteriza, como amenazar a los jóvenes que llevan el cabello largo, a quienes se agrupan en las esquinas y a diferentes líderes sociales en Villa del Rosario. Amenazas similares se presentan en el comunicado: “ni tampoco queremos ver grupos de más de una persona en las esquinas o sitios comerciales, residenciales […] Tenemos de nuevo todo controlado, ya empezamos a sacar y a formar algunas listas”. En el corregimiento de Juan Frío, en este municipio, Villa del Rosario (colindante con Cúcuta y con San Antonio, Estado Táchira, República Bolivariana de Venezuela), los paramilitares tuvieron su centro de operaciones. Allí llevaban a los comerciantes cucuteños para “indicarles” cual era la cuota a pagar por los servicios de “celaduría” (léase extorsión) que ejercían en la capital nortesantandereana. Diferentes denuncias señalan que Juan Frío continúa siendo base paramilitar, ya no de las AUC, sino de las Águilas Negras.

Los paramilitares en Cúcuta

Según el ex comandante de las AUC, Jorge Iván Laverde Zapata, alias “El Iguano”, los paramilitares llegaron a la ciudad de Cúcuta por orden del mismo Carlos Castaño, como parte del control que querían tomar las AUC en Norte de Santander, y que implicaba posicionarse principalmente del área metropolitana de la capital departamental y la región del Catatumbo, al respecto “El Iguano”, en entrevista al diario La Opinión, señala:

“Carlos Castaño nos citó a reunión en la finca La 35, en el Urabá antioqueño […] me manifestó que había una zona a la que tenia planeado ingresar y que, inclusive, tenia cuadrada hasta la entrada a El Catatumbo […] Un comerciante de Cúcuta, conocido como ‘Papo’, y amigo de él (Castaño), le había dicho que necesitaban unas autodefensas urbanas y rurales en las zonas aledañas a Cúcuta. Llegamos, el 9 de mayo de 1999, cinco comandantes […] ‘Papo’, dueño del negocio ‘Rumichaca’ y de un hotel en el corregimiento La Parada (Villa del Rosario), nos empezó a organizar” [4].

Los paramilitares lograron hacerse al control militar, económico y político de la ciudad, infiltrando entes gubernamentales y organismos del poder local y regional. La injerencia paramilitar en Norte de Santander incluyó –según declaró Mancuso– el pago de mil millones de pesos para los servidores públicos que hacían parte de una “nómina paralela”, nómina que envolvía a altos funcionarios de la Fiscalía de Cúcuta, del Ejército, la Policía y el DAS. Por su parte “El Iguano” al referirse a la relación Gobierno – AUC, indica: “Hay que reconocerlo, no hubiese sido por la complicidad del Estado, las AUC no hubiesen surgido en el país” [5].

En lo que califican como un “accionar contrainsurgente”, los comandantes paramilitares reconocen haber asesinado dos mil personas en Cúcuta y su área metropolitana, pero diferentes informes indican que las AUC pueden llegar a ser responsables de 5.200 homicidios en la capital nortesantandereana entre 1999 y el 2004. El estudio “Paz te han vestido de negro” señala a los paramilitares como responsables del 92.3% de las violaciones a los derechos humanos y las infracciones al derecho internacional humanitario identificadas en Cúcuta, entre los años 2001 y 2003 [6].

Entre 1999 y 2004 fueron víctimas de los paramilitares: celadores, vigilantes, zapateros, ayudantes de zapatería, vendedores ambulantes, vendedores de chance, comerciantes, albañiles, obreros, ornamentadores y sus ayudantes, conductores y ayudantes de busetas y taxis, chequeadores de rutas, prestamistas, joyeros, y cambistas, pimpineros, trabajadores de empresas, obreros de empresas formales, dependientes, ayudantes y coteros de zonas comerciales y plazas de mercado, trabajadores de establecimientos públicos como bares, restaurantes, billares, talleres y salas de belleza, obreros recolectores de hoja de coca, recicladores, trabajadoras sexuales, travestís, desempleados, expendedores y consumidores de drogas alucinógenas, ladrones, integrantes de bandas delincuenciales, funcionarios judiciales, autoridades civiles, líderes cívicos, dirigentes comunales, sindicalistas, miembros de asociaciones, integrantes de organizaciones sociales y no gubernamentales, profesionales, abogados, educadores, médicos, enfermeras, defensores de derechos humanos, estudiantes universitarios, dirigentes políticos de izquierda y de otros partidos, y desplazados forzados.

Tras la desmovilización de los grupos paramilitares, las muertes violentas y los crímenes no han tenido reducciones significativas en el departamento, lo que demuestra la falta de materialización real del “postconflicto” presidencial y la no desarticulación de todas las estructuras delictivas del paramilitarismo en Norte de Santander, especialmente las sicariales. Después de la desmovilización del Bloque Catatumbo durante los años 2005 y 2006 el área metropolitana de Cúcuta registró una tasa de homicidios de 52.60 y 54.02, respectivamente, por cada cien mil habitantes. Superior a la tasa nacional que para los mismos años se ubicó en 39.43 (2005) y 37.37 (2006). Lo que lo situó como el cuarto departamento con mayor número de muertes violentas, después de Valle, Antioquia y el Distrito Capital [7]. En el 2007 la situación no varió mucho y tendió al aumento: según un informe de la Fundación Seguridad y Democracia, Cúcuta presentó una tasa de homicidios de 54 por cada cien mil habitantes, hallándose entre las cinco ciudades mas violentas de Colombia [8], situación que se repitió en el primer trimestre de 2008 [9].

El mismo problema, la misma respuesta

Inmediatamente leí el tenebroso artículo, recordé que estas denuncias (posteriores al fin del paramilitarismo pregonado por el presidente Álvaro Uribe Vélez) no eran nuevas, y que ha sido una constante de organizaciones comunitarias, defensoras de derechos humanos, y de medios de comunicación denunciar la presencia activa y permanente de estructuras paramilitares en Cúcuta. Y también recordé la respuesta dada a la revista Cambio en abril del año pasado, por el entonces comandante de Policía de Norte de Santander, coronel José Humberto Henao, al preguntársele por unos panfletos de las “Águilas Negras” que circulaban en Cúcuta por esa fecha, el alto oficial dijo que: “los delincuentes se aprovechan del nombre [Águilas Negras] para sembrar el terror en la ciudad” [10].

Similar es la respuesta que para el diario local da el coronel Carlos Enrique Villadiego, comandante operativo del Área Metropolitana de la Policía, al ser cuestionado sobre los comunicados difundidos: “se trata de una campaña de terror impulsada por grupos de delincuencia común” [11].

El paramilitarismo de ayer es el mismo de hoy, no se percibe una real diferencia entre unos y otros. Ni siquiera el “modus operandi” ha variado. Solamente queda instar a las autoridades competentes, actuando de acuerdo a la Constitución y la Ley, para que garanticen material y efectivamente el fin de las actividades delincuenciales de los grupos y estructuras paramilitares y de sus redes logísticas, económicas y políticas, esto claro está, desligándose totalmente de éstas y en el marco del respeto a los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Entendiendo también que la política pública de protección a la población no debe centrarse exclusivamente en la seguridad (concebida como función de la fuerza pública), ya que los problemas por los que atraviesa la ciudad y el departamento son de carácter estructural, requieren visiones más profundas y a largo plazo por parte de las autoridades locales y nacionales, para lograr definitivamente superar la crisis humanitaria y de derechos humanos que se vive. No son concebibles los reiterados intentos por minimizar y no evidenciar la reparamilitarización de Norte de Santander y la perpetuación de estas estructuras del terror en la ciudad de Cúcuta. Como si se quisiera más que negar y esconder a los paramilitares, negar y esconder lo que hay detrás. Continuar así es ocultar (o desconocer) una realidad concreta, y sumir a Norte de Santander en la crisis humanitaria, es repetir una y otra vez las palabras del coronel José Humberto Henao: “Aquí no pasan las cosas que muchos dicen que ocurren” [12].

[1] “Reaparecen rondas ‘paras’ en los barrios de Cúcuta”, en La Opinión, Cúcuta, agosto 13 de 2008, p. 12C.

[2] Ídem.

[3] “La cancha “El Chulo” el matadero de ‘Bocanegra’”, en La Opinión, Cúcuta, agosto 13 de 2008, p. 6A.

[4] “El canto de ‘El Iguano’”, en La Opinión, Cúcuta, diciembre 30 de 2007, p. 4B.

[5] “El oficio de matar”, en Semana, No. 1336, diciembre 10 a 17 de 2007. p. 89.

[6] Villarraga, Sarmiento, Álvaro. Paz, te han vestido de negro. Estudio sobre los Derechos Humanos en Cúcuta, en el contexto de la violencia y el conflicto armado en Norte de Santander, Bogotá, Fucude y Progresar, 2005.

[7] Observatorio del Programa Presidencial de DH y DIH, Diagnóstico Departamental Norte de Santander

[8] “Cúcuta, entre las ciudades más violentas”, en La Opinión. En: http://www.laopinion.com.co//judici... Fecha de Consulta: 24 de marzo de 2008.

[9] “Cúcuta no sale del “club” de las más violentas”, en La Opinión. En: http://www.laopinion.com.co//judici... Fecha de Consulta: 29 de mayo de 2008.

[10] Coronel José Humberto Henao, comandante de la Policía de Norte de Santander. Citado en “Aves de Rapiña”, en Cambio, Nº 719, 9 al 15 de abril de 2007, p. 33.

[11] “Reaparecen rondas ‘paras’ en los barrios de Cúcuta”, en La Opinión, Cúcuta, agosto 13 de 2008, p. 12C.

[12] Coronel José Humberto Henao, comandante de la Policía de Norte de Santander. Citado en “Aves de Rapiña”, en Cambio, Nº 719, 9 al 15 de abril de 2007, p. 33.