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Timoleón Jiménez: "Muchas cosas tendrán que transformarse en Colombia para que podamos considerar la página cerrada"
En entrevista concedida a la web de la Delegación de Paz de las FARC, el comandante guerrillero asegura que vienen temas complejos en los diálogos, y que no es realista pensar en un acuerdo definitivo este año.
Timoleón Jimenez / Lunes 11 de agosto de 2014
 

Timoleón Jiménez, comandante de las FARC-EP, habla de la posición insurgente frente al tema de las víctimas del conflicto, la relación con el ELN y la lucha gringa "antiterrorista" y por supuesto, sobre el futuro del proceso de paz: "el tema de la dejación de armas y el cese bilateral del fuego no van a ser sencillos", dice.

—El presidente Santos dijo en su discurso de instalación del Congreso que este era el año de la paz. ¿Las condiciones de la mesa y los tiempos de negociación dan para terminar todos los puntos este año?

—Me temo que no. Desde luego que todos quisiéramos que las cosas se dieran lo más pronto posible, pero ello no excluye que las miremos con objetividad. La Comisión Histórica se encargará de elaborar la reconstrucción del conflicto en un plazo que está establecido en cuatro meses a partir del 21 de agosto. Lo que ella produzca será insumo para la discusión del punto sobre víctimas en la mesa. Así que si sólo tenemos en cuenta eso, es fácil concluir que los plazos para este año no dan. Debe tenerse en cuenta también que el tema de la dejación de armas y el cese bilateral del fuego no van a ser sencillos.

—Sectores de derecha y de extrema derecha plantean que en La Habana se está negociando la impunidad en el tema de las víctimas. ¿Cuál es la visión del comandante de las FARC-EP sobre el ideal de tratamiento a las víctimas del conflicto, independientemente de quien los haya victimizado?

—El tratamiento a las víctimas debe partir de su reconocimiento como tales, lo cual significa que el Estado reconozca como víctimas del conflicto a todos los afectados por el mismo desde su comienzo, que se remonta muchas décadas atrás. Existe una tendencia, incluso establecida legalmente, a dejar por fuera de la condición de víctimas a muchas de ellas, como si el solo paso del tiempo bastara para restarles esa condición. Después habrá que explicarles qué pasó, por qué razón fueron tratadas de ese modo, y entonces deberán salir a la luz los responsables de ello. Las víctimas deberán tener la satisfacción de que se les explique lo sucedido, sean cuales sean las causas, y eso ha de quedar claro no solamente para ellas, sino para todos los colombianos.

La responsabilidad quedará determinada entonces. Lo ideal sería que las mismas víctimas participaran también en la definición de lo que se considere justicia, aunque en esto de la participación de la sociedad nuestra contraparte en la mesa ha sido supremamente refractaria. En cuanto a la reparación y garantía de no repetición, confiamos en que el proceso sea capaz de producir los cambios institucionales necesarios para que tales componentes sean reales. Muchas cosas tendrán que transformarse en Colombia para que podamos considerar la página cerrada.

—En los últimos meses se ha visto un acercamiento entre el ELN y las FARC-EP. ¿Hasta dónde va ese trabajo conjunto en temas de paz y cómo visualiza el desarrollo de los procesos de paz de las dos guerrillas? ¿Terminarán en una mesa conjunta?

—Es difícil hablar en nombre de las dos organizaciones cuando sólo se es vocero legítimo de una. Sabemos que de parte del ELN existe también plena voluntad de iniciar conversaciones de paz que pongan fin al conflicto, lo cual hace que nos identifiquemos al respecto. Hay dificultad en el sentido de que el presidente Santos dejó pasar su primer período sin entablar diálogos con ellos, lo cual los enfrenta ahora a sumarse a nuestro proceso o entablar uno distinto con los tiempos que consideren adecuados.

Mal podemos nosotros considerar que deban vincularse así no más a la mesa de La Habana, cuando ya hay acuerdos parciales sobre tres puntos y se avizoran avances sobre los demás. Sin duda que ellos también tienen mucho que decir y aportar para la construcción de la paz. De nuestra parte la voluntad de colaborar es plena, pero creo que ellos merecen todo el respeto como organización revolucionaria. Confiamos en que adoptarán las decisiones más beneficiosas para el país.

—En las últimas semanas se ha intensificado la persecución contra los miembros del Secretariado y otros altos comandantes de las FARC-EP que están en territorio colombiano. ¿La muerte o captura de uno de ellos haría que las FARC-EP dejaran la mesa?

—A estas alturas el proceso de paz ha producido consecuencias que el Estado colombiano, el Gobierno Nacional, no puede considerar inexistentes pese a su continuo recordatorio de que nada está acordado hasta que todo esté acordado. Hemos insistido en la necesidad de establecer un cese el fuego bilateral, cosa que el gobierno Santos rechaza de plano. No tenemos la menor intención de asimilar la muerte de algún otro miembro del Secretariado, a menos que se trate de causas naturales.

Imaginarlo siquiera resulta horroroso y comprenderá usted que no podemos construir respuestas lúcidas sobre tan nefastos supuestos. Responderle en un sentido u otro sería aventurado. Nuestra intención es no pararnos de la mesa hasta conseguir un acuerdo definitivo. Pero no creemos que por eso nuestros adversarios deban jalar de la cuerda de tal modo.

—¿Cuál es el futuro de Rodrigo Londoño Echeverry en la Colombia en paz que todos los ciudadanos desean?

—Continuar trabajando por la construcción del sueño que nos condujo a las armas. Una Colombia en paz, democrática, soberana, en desarrollo pero con justicia social. Eso significa necesariamente hacer política, en la legalidad, al fin y al cabo ha sido eso la razón de nuestra vida.

—El 11 de septiembre se cumple un nuevo aniversario de la catástrofe de las Torres Gemelas. ¿Ese acontecimiento cambió en algo la dinámica de la lucha revolucionaria en América Latina y en especial en Colombia?

—Toda cosa tiene su contraria y no puede permanecer indiferente ante sus cambios y transformaciones. El 11 S representa sin duda un vuelco en el modo de combatir la lucha de los pueblos por parte del imperialismo. Es su resolución total por la violencia y la arbitrariedad. Usted sabe que a partir de entonces todo reclamo de los explotados pasó a llamarse terrorismo y en consecuencia a ser blanco de la guerra. Esa decisión necesariamente repercute de gran modo en la lucha por un mundo distinto.

Los revolucionarios quedamos advertidos de que el gran enemigo de los pueblos del mundo no tendrá las mínimas contemplaciones con nosotros. Gadafi es un ejemplo de ello. Lo más urgente ahora es la conciencia, la unidad de los pueblos, allí reside la verdadera fuerza en el planeta, no en las armas nucleares y los drones.

Latinoamérica sufre también las consecuencias de esa decisión imperial, aunque ya tenemos una larga experiencia en eso. Paradójicamente, en coincidencia con la institucionalización del fascismo en el norte del continente, América Latina da pasos importantes hacia la independencia, la soberanía y la democracia. El imperio, al menos en un buen número de países, ya no cuenta con los gorilas de antaño para hacer su voluntad.

En eso Colombia continúa siendo una vergonzosa excepción, su alineamiento con los Estados Unidos y la OTAN han llevado a la oligarquía colombiana en contravía del sentir de los pueblos latinoamericanos, lo cual hace sumamente peligroso el rol de su gobierno con relación a las luchas del entorno. Y a las del interior del país. Por fortuna el pueblo de Colombia también despierta y crece en la dirección de la dignidad.