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Paz y petardos
Antonio Madariaga Reales / Sábado 4 de julio de 2015
 

Los dos explosivos que estallaron anteayer en Bogotá pretendían reforzar en la ciudadanía la noción de que el proceso de negociación debe acabarse, es decir, más que dañar unas instalaciones del sector financiero, pretendían ponerle un petardo a la Mesa de Negociación de la Habana. Quienes lo hicieron saben que ante la actual sensibilidad que existe en la opinión por el escalamiento del conflicto, estos hechos servirían para favorecer la postura de quienes se oponen a la negociación política del conflicto y saben además que brindan un excepcional argumento para los oportunistas políticos que salen a pescar en rio revuelto.

Pero los agoreros, los oportunistas políticos y los opositores a la salida política negociada tienen hechos incontrovertibles que no pueden ocultar.

A pesar de las dificultades, de las tensiones, las partes siguen haciendo grandes esfuerzos por aumentar la eficacia y la eficiencia de la mesa de negociación, intensificar el ritmo de las reuniones, alargar los ciclos y procurar avances significativos en los temas que la mesa adelanta. Esto nos permite mantener la esperanza en un adecuado desenlace de las negociaciones. Se han logrado avances extraordinarios, como los acuerdos conocidos y actualmente inclusive en los temas de derechos de las víctimas y en las subcomisiones de género y de terminación del conflicto.

Estos avances en la mesa deben estar acompañados, seguimos insistiendo en ello, de medidas de desescalamiento del conflicto, siendo la primera de ellas la de sacar a la población civil de la escalada violenta, aliviar el sufrimiento de las comunidades y realizar en tal sentido un “pacto humanitario”, como camino hacia el cese del fuego.

Este será un paso fundamental para sintonizar a la ciudadanía con los enormes beneficios que para ella tendría la terminación del conflicto armado.

Otro asunto que aumentaría sensiblemente la confianza de la ciudadanía será encontrar en todo el gobierno del presidente Santos la expresión permanente de la convicción de que la salida negociada es una política de gobierno y que por lo tanto es el eje de las intervenciones de todos los funcionarios, como parte fundamental del alistamiento activo para el post acuerdo.

Asombra que por parte del gobierno, se escuchen las voces solitarias del presidente Santos, el ministro Cristo, el comisionado Sergio Jaramillo, el Consejero José Noé Ríos, el consejero Rivera, Humberto de la Calle y un pequeño puñado más, siempre defendiendo la negociación del conflicto y la construcción de paz.

Se requiere que todas las voces del gobierno, de los ministros y ministras, pero también de los y las Superintendentes, del director de la Dian, los codirectores del Banco de la República, pero también del director del Dane, y así las voces de todos los altos funcionarios que están expuestos a la opinión pública, para que en todos los espacios, en todas las intervenciones, sea cual fuere el tema de su especialidad o competencia, centren su discurso en las bondades y beneficios de la negociación del conflicto armado, en lógica de oportunidad.

De oportunidad para que se hagan ciertas las promesas de la Constitución de 1991, de oportunidad para que todos los recursos, los esfuerzos, las instituciones, las normas, las cabezas, los corazones y las voluntades estén dedicados a la construcción de la paz, a la profundización y extensión de la democracia, a la consolidación y desarrollo del Estado Social y Democrático de Derecho.

Si a ese crescendo de voces del gobierno, se suman otras del Estado y en una gran polifonía con las voces de la sociedad civil se alzan por encima del ruido de la guerra y de la intolerancia, tendrán que ser escuchadas por la Mesa de la Habana y los negociadores sentirse estimulados y obligados a dar respuesta a ese clamor nacional.

Esa polifonía les dirá a quienes ponen petardos, que sus acciones acrecientan nuestra convicción de que la terminación del conflicto armado por vía de la negociación es el camino para terminar con el desangre, para que no haya más petardos, ni bombardeos, ni emboscadas, para que la policía en vez de ser un riesgo, como en el Mango, sea garante de la seguridad de todos y todas, para que esa policía sustituya su dedicación a la guerra, por la acción contra la delincuencia que atraca, que hurta celulares y que es la preocupación y el riesgo permanente en que se encuentran los habitantes urbanos, que verán en la seguridad que brinda la adecuada provisión de bienes y servicios por parte del Estado, (incluidas la seguridad ciudadana y la justicia pronta, cumplida y oportuna), las condiciones para una vida con muchos menos sobresaltos.

Para volver al inicio, los petardos de anteayer no destruirán la mesa de negociación en la Habana, que tiene claro que el único camino posible es avanzar hacia los acuerdos entre pares, sin vencedores y vencidos, para una paz justa y digna.

Por el contrario esos actos de terror logran que la ciudadanía de campos y ciudades, redescubra la ilusión de una vida sin la zozobra de la bomba y el tatuco, el petardo y el ametrallamiento, el desplazamiento y el confinamiento, en fin de la victimización, y despojados de los temores de la guerra todos y todas abracen con más fuerza el respaldo y compromiso con la salida negociada al conflicto. ¡No es tan difícil!