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La efervescencia por la guerra
Freddy Ordóñez / Domingo 4 de enero de 2009
 

Hace cerca de un año, finalizando el 2007, escribí estas palabras para una publicación universitaria especializada en el estudio del conflicto interno, los derechos humanos y la paz: “El 2007 terminó y se llevó consigo las ilusiones y esperanzas de millones de colombianos y extranjeros que esperábamos ver realizado el intercambio humanitario… esto hace ver aún más lejana la posibilidad de la solución política del conflicto interno en Colombia”. Hoy, finalizando el 2008, puedo decir nuevamente, como en aquel texto: no hubo acuerdo humanitario y la guerra sigue, así como siguen la desigualdad social y los factores estructurales que la generaron y mantienen.

Para los medios masivos de comunicación la guerra fue el evento y el centro noticioso del 2008, y quienes hacen la guerra los personajes del año. No quienes buscan la finalización del conflicto por medio de la solución política sino por medio del exterminio al contrario, al contendor. Principalmente el reconocimiento de los medios estuvo relacionado con el alto desempeño estatal, en cabeza del Presidente, pero especialmente del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, este último referenciado por Semana (Edición 1390, diciembre 20 de 2008), como el personaje del 2008.

Para la publicación el carácter, la audacia y la buena suerte, son tres cualidades del actual ministro que lo acompañaron este 2008 y que lo hacen ser el mejor ministro de Defensa en la historia reciente del país. La revista señala que Santos estuvo ahí, detrás de los triunfos de las FFMM, en “la conducción política y militar” de cada operación, y las alabanzas al desempeño de las tropas estatales –y a Juan Manuel Santos- empiezan con la Operación Jaque: Se indica la brillantez, la perfección, la rigurosidad, el cálculo del operativo; resaltando que el ministro estuvo siempre allí, siendo “exhaustivo en las preguntas” y dando finalmente el visto bueno para realizar la acción. Pero olvida Semana que la guerra debe hacerse con la observancia del derecho internacional humanitario y que el usar distintivos de la CICR está prohibido. Aunque parezca una “pequeñez” que se puede perdonar, el no acatar las normas internacionales de la guerra es mal visto a nivel mundial y no deja bien ubicado al ejército colombiano. Es necesario recordar que las disposiciones del DIH integran el llamado bloque de constitucionalidad, son normas consuetudinarias de derecho internacional y forman parte del jus cogens.

Pero este hecho no fue el único que en la guerra este año violentó los convenios y tratados internacionales, constitutivos del derecho internacional, violaciones e infracciones que para Semana no importan si de ganar se trata. Esta es la conclusión a la que se llega después de que la publicación califica como “audacia” el bombardeo del campamento de Raúl Reyes en Ecuador.

En el artículo se loa la política de recompensas y deserciones en sus resultados favorables: Isaza y Karina; a la vez que se minimiza la vileza y mezquindad de la misma, con el famoso y ya común epíteto de “caso aparte” cuando se evidencian los aberrantes alcances que pueden llegar a tener estas propuestas: Rojas, asesino de Iván Ríos, olvidando la revista que Rojas tiempo atrás venía colaborando a las FFMM en el proceso de infiltración del entonces Bloque José María Córdoba, según señalaron algunos medios como la revista Cambio.

Igualmente la publicación no duda en meter las manos al fuego y declarar la falta de responsabilidad del Presidente y el ministro por las ejecuciones extrajudiciales (mal llamadas falsos positivos), reconociendo además al Gobierno su oportuna reacción al retirar a 27 altos mandos del servicio. Es ante estos hechos que a Semana se le olvidan sus propias palabras cuando indicaba como el ministro ha estado en “la conducción política y militar” de cada acción. Las ejecuciones extrajudiciales no son acciones que se presentaron este año y únicamente en la jurisdicción de las brigadas y batallones bajo la responsabilidad de los militares destituidos, son un modo de operar sistemático y generalizado entre las FFMM de años atrás, práctica que debe ser eliminada completamente, y que conlleva a la responsabilidad, no sólo de los comandantes destituidos, sino del ministro Santos y sus antecesores, así como de quienes direccionan la llamada política de “seguridad democrática”, política de guerra que, según el mismo Gobierno, es la que más golpes ha propinado a los grupos guerrilleros, afirmación que genera una gran duda, ante el destape de los “falsos positivos”.

La nominación hecha a Santos más allá de ser un descarado acto de favoritismo político a un presidenciable, representa una situación nefasta: el alabar y magnificar a quien hace la guerra, y al que la hace de manera torcida, no acorde con el DIH, orientada más por intereses particulares, revanchistas y por la obsesión personal del Presidente en ganarla, así sea desconociendo el DIH y en general el derecho internacional. Una loa a la violencia desmedida y desenfrenada, el enceguecedor triunfalismo ante la guerra, que nos está hundiendo más en ella. En este orden de ideas le sugiero a Semana que en futuras ocasiones, como un aporte a la solución al conflicto interno, busque como personaje del año no a quien hace la guerra, sino a quien construye la paz, y especialmente a quienes padecen la guerra, a las víctimas del conflicto, a aquellos olvidados de fin de año. Por ejemplo, los desplazados por la violencia, cuatro millones de colombianos que deberían ser una constante en las noticias por su permanente victimización, falta de goce efectivo de derechos y su aún más lejano acceso a verdad, justicia y reparación.

Ojala el final de este nuevo año no nos llegue escribiendo: El 2009 terminó y se llevó consigo las ilusiones y esperanzas de millones de colombianos y extranjeros que esperábamos...