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Memoria de Euskal Herria
Eran inocentes, porque ninguno fue juzgado
Hace 32 años la Policía española asesina a cuatro militantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas en la Bahía de Pasaia
Luisa Becerra Sanabria / Martes 22 de marzo de 2016
 

Después de cinco años de un gobierno de avanzada, la República española fue sucedida por tres años de guerra civil, y 35 de dictadura. La dictadura se levantó sobre un régimen autoritario, personal y patriotero en el nombre de Francisco Franco, en complicidad con el Ejército y la Iglesia católica.

La versión de la España de Franco consistía en la negación de los regionalismos y el pregón despótico de patria, religión y familia. La opresión, las torturas, la pobreza y el derecho al hombre de no vivir avasallado minaron al oficialismo y grupos revolucionarios de diferentes ideologías se levantaron en todo el territorio español.

Durante la década de los setenta el ambiente estaba caldeado, España tenía una política caduca, sin parangón y la dictadura se tambaleaba. Uno de los acontecimientos descollantes fue el asesinato del presidente del gobierno Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973 [1. Véase la película Operación Ogro, de Gillo Pontecorvo (1979)], y la estocada final ocurrió dos años después con la muerte del dictador español.

Muerto Franco se proclama la monarquía, Juan Carlos I llega al poder, un año después Adolfo Suárez pasa a la historia como el primer presidente de gobierno de la España democrática, y en 1977 tienen lugar las primeras elecciones democráticas después de 38 años. Entre 1975 y 1979, inicia un proceso llamado ‘La transición’.

Sin embargo, los vientos de cambio no fueron bien recibidos por algunos grupos que gozaron de privilegios durante el franquismo, motivo por el cual se organizaron bandas de justicieros, que iniciaron operaciones parapoliciales contra miembros de grupos al margen de la ley.

Emboscada criminal

En el periodo de transición de la dictadura a la monarquía constitucional surgieron grupúsculos de ultraderecha, que se especializaron en el asesinato de militantes de organizaciones subversivas o políticos de izquierda. Las acciones de estas bandas mercenarias no reconocidas por el Estado, pero adscritas al aparato policial, fueron llamadas por la prensa ‘la guerra sucia’.

Fue así como la noche del 22 de marzo de 1984, policías españoles fraguaron deliberadamente un plan contra el grupo miliciano de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA). Los CAA fueron citados, emboscados y asesinados en la Bahía de Pasaia.

Esta historia comenzó cuando Rosa Jimeno, miembro de los CCA, fue secuestrada y torturada durante días en una estación policial, Rosa guardó silencio durante unos días, hasta que fue quebrada por el dolor y obligada a llamar y concertar una cita con los otros miembros de su grupo.

El encuentro quedó para el jueves 22 de marzo, en la bahía de Pasaia, municipio costero de la provincia de Guipúzcoa.

Mientras Rosa salía la noche del 22 de una estación en medio de un operativo policial muy bien estructurado, cinco de sus compañeros de lucha anticapitalistas se embarcaron por el golfo de Vizcaya desde Ziburu (Francia) hacia el sur hasta Pasaia. Cuando se llega desde la costa, las embarcaciones tienen que entrar por un puerto que conecta al mar Cantábrico con el río Oyarzun, el recorrido tiene aproximadamente unos 40 kilómetros.

El santo y seña era la luz de una linterna. Cuando los comandos vieron la señal de Rosa se acercaron a la bahía, y mientras descendían, escucharon un: - ‘Alto, policía’, un disparo, seguido de ráfagas y ráfagas. Rosa estaba atada por las piernas, cuando se produjeron los disparos la hicieron caer, para que no recibiera los impactos de bala, pero ipso facto murieron Pedro María Isart alias Pelixo y José María Izura, alias Pelu. A los sobrevivientes los reunieron rápidamente. Cuando la policía tuvo el control de la situación les pidieron que se identificaran uno por uno a los tres que quedaban con vida.

Separaron a Joseba Merino, y asesinaron a quemarropa a Dionisio Aizpuru alias Kurro y Rafael Delas alias Txapas.

Estos hechos delictivos siguen en la impunidad, no hay responsabilidad sobre los asesinatos extrajudiciales, porque, aunque los cinco miembros de los CAA llevaban armas y eran integrantes de una organización subversiva, fueron coaccionados por la fuerza y murieron como inocentes porque los asesinaron sin darles la oportunidad de ser juzgados.

Ahora bien aunque las personas cometan delitos el Estado debe respetar a todos los ciudadanos sin distinción. De esta fecha infausta quedan sus siluetas en la bahía de Pasaia y una lápida pública cuyo epitafio consigna el nombre de los fusilados.