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Columna de opinión
Una reflexión necesaria sobre el caso de los pasaportes en Venezuela
Alexander Pérez / Miércoles 8 de marzo de 2017
 

Desde hace algún tiempo me he limitado a no hacer referencia alguna frente a lo que ocurre políticamente en Venezuela, pues he comprendido que lamentablemente en este país -por acción u omisión- los venezolanos no estamos a la altura que exigen los nuevos tiempos para un verdadero cambio social, político o económico. Recuerdo a un viejo militante del "23 de Enero" que alguna vez me dijo muy serio: "¿A dónde te va a llevar ese radicalismo? Creo que a ningún lado" y la verdad es que tenía razón: no me llevó a ningún lado. Pero tengo la alegría de que, pese a las dificultades, sigo con la cabeza en alto y sin vender mis ideales. Escribo esto más que a modo de denuncia, por desahogo de lo que vivo diariamente hace poco más de un año junto con mi compañera.

Después de un par de meses de vivir en otro país, regresé a Venezuela con el ánimo de graduarme y de aportar un poco más desde donde se me permitiera a los pocos procesos que sobreviven aquí; además para tener unas bases sólidas que me permitiesen también apoyar a los compañeros en Colombia desde el campo audiovisual, que es mi fuerte. Tenía pensado quedarme hasta octubre, solicitar mi visa familiar y emigrar con mi esposa para que ella también pudiera culminar su carrera de filosofía, pero poco después de haber entrado, mi pasaporte fue anulado sin que se me hubiera anunciado (se vencía este mes -marzo del 2017-) y no fue sino hasta mediados de septiembre que solicité mi cita para renovarlo con la esperanza de poder salir del país antes de finalizar el año. Pero la corrupción que vivimos a diario es tan grande que han pasado cinco meses y dos semanas y mi documento aún no ha sido impreso; a esto se le suma que debido a la situación económica actual del país no he conseguido trabajo y los pocos amigos que tenía, vinculados laboralmente a entidades públicas, me dieron la espalda cuando les pedí una mano para hacer las pasantías (salvo una sola persona, a quien tengo que agradecerle mucho por intentar ayudarme).

Buscando soluciones a este problema y en vista de que me estaban ofreciendo un buen trabajo en Colombia, me vi desesperado. A través de terceros "un gestor" me dijo que estaba cobrando 700.000Bs por el pasaporte. Pasados 15 días dicho gestor pedía 1.400.000Bs por un documento que no valía más de 3.000Bs, cosa que me pareció irrisoria pues ni siquiera un trabajador promedio contaría con esa cantidad de dinero, mucho menos un desempleado. Es impresionante el nivel de degradación al que hemos llegado y cómo juegan con los planes a futuro de las personas.

Luego surgió la propuesta de enviar una carta de trabajo y un texto explicando las razones por las cuales necesitaba urgentemente mi pasaporte, pero debido a que no pude agilizarlo rápidamente la propuesta de trabajo que tenía en pie fue cancelada. No me quedó más que esperar a que el SAIME (Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería) resolviera en algún momento la emisión de pasaportes.

Me alegré un poco cuando vi la noticia de que activarían el Pasaporte Express y creí que mi viacrucis con este trámite por fin había finalizado, pero me encontré con que pedían tarjeta de crédito, algo con lo que no cuento. Pude superar este obstáculo pidiéndole a alguien cercano su tarjeta de crédito, pero al momento de realizar el trámite en la página y de haber intentado cancelar el monto de 67.800Bs, me sacó y supuse que el servidor estaba colapsado. En las madrugadas de estos días intenté nuevamente realizar todo el procedimiento y resulta que ahora no lo puedo hacer. La razón: “Estimado ciudadano, usted no puede realizar este trámite por favor diríjase a la oficina en la cual tramitó su pasaporte para mayor información”. Me acerqué entonces a la oficina de Los Ruices y me enviaron a la sede principal del SAIME para resolver el caso, ya que allí no podían hacer nada. Fui con mi esposa y allí me dijeron: “Siga intentando” como si de un raspe y gane se tratara. Pedí las razones y volvieron a repetir: “Siga intentado”.

Que la página esté colapsada, lo entiendo; que no cargue porque aún la plataforma es inestable, lo entiendo; que al momento de pagar, la página se caiga, lo entiendo. Pero que ya yo no tenga el derecho de realizar este trámite y en la oficina principal del SAIME se nieguen a atender mi caso respondiendo con palabras negligentes, no es algo que yo deba pasar por alto o que deba “entender”.

Como joven revolucionario siempre he denunciado el carácter capitalista del Estado venezolano, el reformismo de los partidos y movimientos populares que por mera sobrevivencia se han cobijado siempre bajo la sombra del partido del gobierno, el oportunismo de los hipercríticos que al momento de perder sus cargos burocráticos quieren ahora abanderarse de las honestas luchas del pueblo venezolano... Y lejos de caer en derrotismo, lejos de renegar del proceso, creo que es el momento de que entendamos por fin que sólo mediante la organización y movilización realmente comunistas se puede destruir de raíz todos estos males que están hundiendo cada vez más al país y que por momentos nos tiran al piso moralmente.

Mi deseo más profundo es que este bravo pueblo se decida a adquirir conciencia de clase y por fin construyamos juntos una Patria realmente socialista.