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“Somos invencibles”, el grito de guerra de mi hijo desaparecido
La lucha de Aurora Sánchez Nadal por encontrar a su hijo Iván, desaparecido el 23 de enero de 1989 en Argentina junto a Francisco Provenzano, Carlos Sadmojedny y José Diaz.
Jenny Cristina Gutiérrez García / Martes 14 de marzo de 2017
 
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Foto: Chepe Ramos Mora

Una francesa hija de refugiados españoles de la guerra civil y nacionalidad nicaragüense vino a Colombia para hablarnos de su lucha, la de una madre por encontrar a su hijo desaparecido. La Aurora, como la llaman sus amigos, lleva en el cuello una cadena de la que penden un indalo, una chacana y una estrella que le han hecho los presos políticos en Argentina. Sus manos blancas y envejecidas han recogido café, algodón e higuerilla junto a las brigadas de trabajo en Nicaragua, cuando la mano de obra campesina había mermado en razón a la guerra de la década del 80. Sus manos además han dibujado revistas ilustradas para los niños nicaragüenses y también han escrito libros a través de los que ella sigue en búsqueda de Iván.

Comienza la búsqueda

La lucha de Aurora junto a los presos políticos y por encontrar a los desaparecidos empieza en el año de 1975 en Argentina, cuando bajo el gobierno de Isabel Perón le desaparecen por primera vez a un familiar, su único hermano. La búsqueda duró unos meses hasta ser encontrado, sin embargo luego fue recluido en varias cárceles donde soportó brutales torturas y de donde finalmente salió libre por presión del gobierno francés.

Roberto. como se llamaba su hermano. salió del país con destino a Nicaragua para luego integrarse al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Así es como Aurora se vincula con su “patria adoptiva”, para luego establecerse allí con su esposo y sus dos hijos: Mayra e Iván.

Iván era el mayor, se alista en la Juventud Sandinista desde temprana edad, e iba de un lado a otro apoyando la revolución. Cuando alguna emboscada era anunciada, el corazón de Aurora se estremecía y una pregunta acompañaba tan terrible sentimiento: ¿habré sido una buena madre? Pero siempre una llamada o un mensaje bajaba de la montaña dando un parte de tranquilidad: “el gato está bien”.

Desde los siete años de edad Iván comprendía que a su tío lo perseguían “porque él quería mucho a la gente”. Aurora recuerda que su hijo era muy inteligente, “tenía un juego de madera con letras y números, las memorizaba de inmediato y deletreaba con facilidad las placas de los coches”. Cierta vez durante el embarazo una mujer ya mayor le dijo a Aurora que tendría un varón y que él daría mucho de qué hablar; luego recordaría aquellas palabras para el momento del nacimiento y la muerte de Iván.

“Hijo: ¿he sido buena madre para ti?”, le preguntó Aurora, e Iván le respondió: “nunca pude haber tenido una madre más linda y loca como vos”. Él y su tío eran muy alegres, se comían la vida tal como los revolucionarios, nunca había tristeza en ellos. Siempre los acompañaba el entusiasmo.

El asalto: ahí desapareció

El mes de enero del 89 no fue de buenas noticias. Roberto ya no estaba en Nicaragua, se había regresado a Argentina e Iván se suponía estaba estudiando en Cuba. El asalto al cuartel militar La Tablada en Buenos Aires reveló dos sucesos lamentables para Aurora: su hermano había caído muerto e Iván estaba en Argentina junto a su tío. Un mes después un diario del Uruguay confirmaría la muerte de Iván, “ya está, lo habían asesinado”. Los cuerpos no aparecían.

En el 98 un militar confesó que en el cementerio de la Chacarita había una fosa común, quizás Iván estaba allí. Luego de pruebas de ADN a sus familiares y tres años de espera le anuncian a Aurora que su hijo ha sido reconocido. “El desaparecido seguía siendo mi hermano”. Un tiempo después se retractan: ha habido un error, el cuerpo era de Roberto. Iván aún no aparece, la lucha es seguir buscándolo.

“Este es un momento importante para compartir el documental que hemos logrado sobre la desaparición de mi hijo”, señala Aurora, hay tantos desaparecidos en Colombia y tienen tanto que ver. La muerte de un hijo es contra natura, lo natural es que los padres entierren a los hijos y no al contrario. “Si se te muere un padre eres huérfana, un esposo eres viuda pero si se muere un hijo, no hay palabras, no hay, dime: ¿qué soy yo?”.

“Creo que sí voy a encontrar a Iván, es tanta la fuerza con la que lo he buscado que tiene que aparecer. Yo lo parí y no quiero que nadie se quede con lo que sea de él”. Finalmente Aurora añade que vive orgullosa de su hijo pues él vivió intensamente, tal como lo hace un revolucionario. “Solo una pregunta tendría para hacerle. ¿por qué me dejaste?”.