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Desentrañando Memorias: Martín Batalla I
“Debo decir que allí en el Frente de Guerra pude conocer la otra Colombia. La Colombia olvidada, la Colombia profunda e invisible, la Colombia rural y campesina tan diferente a la que siempre había visto y vivido. De esa Colombia también me enamoré (...) conocí también la solidaridad, el amor puro, la valentía, el desprendimiento, el trabajo colectivo y todos esos inmensos valores que tienen los guerrilleros y guerrilleras de las FARC-EP”.
Juan Camilo Peña / Domingo 16 de abril de 2017
 

Juventud y resistencia desde las filas de las FARC-EP

En el Punto Transitorio de Normalización (PTN) Pondores, La Guajira, vive un personaje jovial, alegre, y solidario, además de ser uno de los tantos jóvenes que se alzó en armas en las filas de las FARC-EP como forma de resistencia a la persecución y la violencia estatal. También entona versos y canciones de resistencia que motivan al pueblo, a la juventud y a las comunidades urbanas y rurales a organizarse y pelear contra la violación de los derechos humanos, los crímenes de estado, la violencia, alzando como bandera la alegría, el arte y la paz con justicia social. Hace unos días en la crónica de Inty Maleywa nos encontramos con el joven que compuso la canción “desenterrando memorias”:http://prensarural.org/spip/spip.ph...

La historia de Martín Batalla

Yo nací en el año de 1985 en la ciudad de Manizales (Caldas), es decir tengo 32 años ya de estar dando brega. Proveniente de una familia de clase media y se puede decir conservadora, no en el sentido partidista sino en el sentido más amplio del término. Solo tengo una hermana y somos hijos de padre obrero y madre maestra. Una familia pequeña y muy unida. Podría afirmar que desde el punto de vista del afecto familiar nunca nos faltó nada. Estando aún muy pequeños nos trasladamos hacia la ciudad de Medellín buscando mejores oportunidades de vida y allí crecí, en las calles y barrios de la ciudad de la eterna primavera, una ciudad hermosa y con muchas potencialidades, pero en medio de un contexto muy difícil de violencia y de una desigualdad abrumadora.

Martin Batalla “un nombre dedicado a los estudiantes”.

El asesinato de Martin Hernández Gaviria.

Cuando me gradúo del bachillerato logro entrar a la Universidad de Antioquia donde estudié inicialmente Filosofía y luego Derecho. Allá en la universidad conozco las luchas estudiantiles a las cuales me vinculo por convicción casi desde que era como se dice un primíparo. Participé en muchos procesos reivindicativos, académicos y de defensa de los derechos humanos desde los espacios de la Universidad. Se va estructurando y fortaleciendo poco a poco allá en las aulas, pero mucho más por fuera de ellas en los espacios que se compartían con profesores y estudiantes, una conciencia social que de alguna manera ya poseía desde mucho antes de ingresar a la Universidad. Reitero, allá en esa gran ciudadela universitaria se cualifica, estructura y fortalece.

Fue allá precisamente que comienzo a conocer la violencia política ejercida desde el Estado contra la oposición; antes había conocido otra forma de represión y control, la social, que me había tocado vivir en carne propia en las calles, comunas y barrios de la ciudad de Medellín. Supe entonces la historia de los asesinatos de estudiantes como Gustavo Marulanda líder estudiantil de la UdeA y muchos otros. Pero no solo conocí la historia, sino que vi caer asesinados a otros tantos y presencié la persecución y estigmatización que cada vez se acercaba más a mi propia vida, ya no a través de relatos de épocas pasadas sino de vivencias.

Vi caer asesinado por los grupos paramilitares a nuestro amigo de luchas estudiantiles, defensor de derechos humanos y estudiante de la Universidad Nacional Sede Medellín, Martín Hernández Gaviria en el año 2007. Fue algo muy triste para todos los que pudimos compartir espacios de lucha con él. Martín era un ejemplo desde todos los puntos de vista. Creo que su asesinato marcó la vida no solo mía sino la de un puñado de estudiantes de nuestra generación. En el año 2008 sacamos con un grupo de hip hop en el que participaba una canción llamada Martín Batalla en honor a su memoria.

Luego, estando ya en las montañas de Colombia en las filas de las FARC-EP adopto el nombre artístico de Martín Batalla porque me doy cuenta que como Martín habían miles y miles, y además que también había otros Martín que también habían sido ejemplo de lucha y pelea por la libertad como Martín Caballero y Martín Villa. Quise adoptar este nombre porque significaba mucho para mí pero también para la lucha del pueblo colombiano. Batalla es la conjunción en tiempo presente del verbo batallar. Y está en tiempo presente porque quien batalla en este tiempo no ha muerto, sigue ahí aportando con su lucha. Es como quien dice: Martín Pelea, Martín Lucha, Martín Batalla, es decir, MARTÍN VIVE.

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Foto por: Yesid Aguilar. Fotógrafo de las FARC-EP.
Martín se dedica a componer canciones, escribir, leer, además de la difusión de notas, comunicación audiovisual como parte de las tareas y acciones para la paz.

El ingreso a las FARC-EP

Para contar mi acercamiento e ingreso a las FARC-EP debo relatar un hecho que quizás ha sido el que más ha marcado mi vida personal. Fue un hecho trágico, pero del cual se desprende un aprendizaje muy grande en mi vida y ante todo un fortalecimiento interno e individual de mis convicciones. Corría el año 2005 y había a nivel del movimiento social una lucha muy activa en torno a la oposición al TLC. Había movilizaciones, mítines, protestas y también actos académicos de concienciación alrededor de las consecuencias nefastas para Colombia de la firma de un TLC con los Estados Unidos. Uno de los focos fundamentales de esa lucha en contra del TLC fue precisamente el movimiento estudiantil y por supuesto la UdeA, una universidad históricamente rebelde y combativa no podía quedarse atrás. Ya se habían realizado en la Universidad jornadas de protesta y movilización y la Asamblea Estudiantil sesionaba permanentemente para tratar el candente contexto político. La efervescencia era también de carácter nacional.

El día 10 de febrero del año 2005 se convocó a una manifestación estudiantil en la Universidad de la cual por supuesto íbamos a participar todos los que confluíamos en espacios de lucha social dentro de la universidad. Yo aún no militaba en ninguna organización revolucionaria pero sí participaba activamente como muchos otros estudiantes de estas actividades. Como ya era de costumbre y suele suceder en muchas universidades, la manifestación se convirtió en protesta y la protesta en tropel, en pelea fiera con el ESMAD que además no paraba de provocar. De un momento a otro se escuchó una fuertísima explosión que dejó en mis oídos un zumbido perpetuo. Aún hoy son inciertas las causas que generaron tal explosión, lo cierto es que cuando pude reaccionar yacían en el suelo las compañeras que estaban al lado mío, una era Paula Andrea Ospina y la otra era Magally Betancur. Ambas tenían quemaduras de segundo y tercer grado en el 90% de su cuerpo. El escenario era dantesco. Ambas murieron posteriormente como resultado de sus quemaduras. Yo tenía quemaduras de segundo y tercer grado en el 73% de mi superficie corporal y los dos tímpanos reventados. El resultado de la brutal explosión fue: las dos compañeras muertas, 14 estudiantes heridos y además 18 meses de cárcel.

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Dibujo: “Flores de Primavera” por Inty Maleywa.
En la lucha estudiantil, las mujeres han demostrado su entrega y valor para luchar por los derechos de todos. Han sido muchas, quienes por esta causa justa han entregado sus vidas. En la imagen Paula Andrea Ospina Fernández y Magally Betancur Díaz representan las activistas que entregaron su vida entera a las justas causas, por ello les homenajeamos.

Terrorismo de Estado

Estuve dos meses en el hospital al borde de la muerte, soportando curaciones y cirugías, y cuando me dieron de alta fui trasladado a la cárcel de Bellavista no sin antes ser presentado ante los medios de comunicación como un peligroso terrorista. Relato toda esta historia porque hace parte de la memoria de la lucha estudiantil de la UdeA y retrata fielmente el Terrorismo ejercido por el Estado, pero fundamentalmente, para contar que yo conocí a las FARC-EP en la cárcel. Fue allá en la cárcel de Bellavista que pude apreciar el grado de organización de la militancia de las FARC, su digna resistencia, su alto compromiso revolucionario para lograr los cambios que requería nuestro país y su abnegación sin límites. Luego de haber sentido sobre mis propios hombros el peso de la violencia sin límite ejercida por ese Estado intolerante, no dudé ni un momento en ingresar a las filas de las FARC-EP y abrazar para siempre la lucha revolucionaria contra ese sistema tan que tanto daño le ha causado a todos los colombianos.

Finalmente el proceso en mi contra fue uno de tantos falsos positivos judiciales llevados a cabo por el gobierno de Uribe Vélez, pues salí a los 18 meses libre de todos los cargos que se me imputaban. Es paradójico y hasta gracioso: entré a la cárcel siendo sindicado de ser un peligroso terrorista (38 años de cárcel era lo que me imputaban) cuando no tenía militancia alguna ni conocía a las FARC-EP; y salí de la cárcel libre de todos los cargos que se me imputaban, pero siendo militante activo de las FARC-EP. Entonces para concluir ingresé a las FARC-EP en el año 2005 en la cárcel de Bellavista.

Cuando salí de la cárcel en el 2006 volví a la universidad e intenté llevar una vida normal pero ya mi vida y la de mi familia habían cambiado para siempre. Por causa de haber sido mostrado por los medios de comunicación como peligroso terrorista nos tocó desplazarnos varias veces internamente en la ciudad de Medellín por las presiones de los grupos paramilitares. Llegaron hasta ofrecer dinero para asesinarme. Nunca más pude andar tranquilamente en los barrios en los cuales solía hacer hip hop con mis amigos. A pesar de esta situación, duré casi tres años en los barrios moviéndome de un lado a otro, haciendo hip hop revolucionario, de la universidad a los barrios y viceversa, sabiéndome mover pero prácticamente jugando con la muerte porque ahora sí militaba activamente en el Partido Comunista Colombiano Clandestino de las FARC-EP.

Ya a comienzos del año 2009 la situación se volvió insostenible y además habían emitido otra orden de captura en mi contra, de la cual logré darme cuenta con anterioridad; ahí fue cuando decidí huir definitivamente hacia el monte. Cuando llegaron a allanar mi casa para hacer efectiva la orden de captura, yo ya me encontraba en las montañas de Antioquia, específicamente en el 36 Frente del Bloque Iván Ríos de las FARC-EP.

Debo decir que allí en el Frente de Guerra pude conocer la otra Colombia. La Colombia olvidada, la Colombia profunda e invisible, la Colombia rural y campesina tan diferente a la que siempre había visto y vivido. De esa Colombia también me enamoré. Pude conocer allí la guerra en su mayor expresión, la rudeza de la confrontación armada, los bombardeos, asaltos, hostigamientos y demás. Allí también vi caer muchos en el campo de batalla. Pero conocí también la solidaridad, el amor puro, la valentía, el desprendimiento, el trabajo colectivo y todos esos inmensos valores que tienen los guerrilleros y las guerrilleras de las FARC-EP. Debo decir que llegar a la montaña es como haber vuelto a nacer, es como si hubiera vivido dos vidas totalmente diferentes, una en la ciudad y otra en el monte.