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La Macarena, Meta
La Colombia Profunda abre senderos en La Cristalina
Propuestas campesinas de agroturismo sustentable
Agencia Prensa Rural, Verónica Luna / Martes 16 de mayo de 2017
 

La comunidad de La Cristalina, en el municipio La Macarena – Meta, realizó su primera caracterización sobre la iniciativa de turismo agroecológico que impulsa Asopeproc (Asociación de Pequeños Productores de La Cristalina), en articulación con Ecoamem, una propuesta de ecoturismo comunitario para El AMEM.

La jornada inició el pasado viernes 12 de mayo a las 6:30 de la mañana, hora en la que salimos del puerto de La Cristalina, sobre el río Losada, para recoger las cantinas con la leche que la comunidad campesina entrega al canoero. Este recorrido estuvo lleno de sorpresas, río arriba nos encontramos con loros, periquitos, mirlas, garzas, pavas y micos que a penas iniciaban su día.

La comunidad campesina de La Cristalina produce “leche limpia”, algo que Asopeproc ha impulsado desde hace varios años y que implica la generación de prácticas sustentables en las fincas donde se produce. Este producto es recogido por el canoero para ser entregado en el centro de acopio de la organización, donde posteriormente es recolectada por Nestlé, empresa que tiene cerca de cuatro años trabajando en la región.

Así, continuamos con la visita a varias fincas donde, además de poder observar la gran variedad de flora y fauna que caracterizan a la región del AMEM (Área de Manejo Especial de La Macarena), pudimos vivir la experiencia del ordeño, el rodeo y la alimentación de estos majestuosos animales que proveen leche para todo el país: las vacas y sus becerros. El ordeño inicia entre las 5:00 y 6:00 de la mañana todos los días. Las vacas son separadas de los becerros desde que tienen tres o cuatro semanas de nacidos; en ese momento el ganadero establece unos tiempos para amamantar: los más jóvenes están con sus madres al menos dos veces al día; mientras que los mayores, que pueden alcanzar hasta el año de vida amamantando, se encuentran con sus madres una vez al día, en el momento del ordeño.

Entonces amanece y la familia campesina inicia sus labores. Casi siempre los hombres ayudan en el establo maniatando, arriando y ordeñando las vacas, mientras las mujeres preparan el tinto y alistan el desayuno para los trabajadores (en algunas fincas el trabajo se invierte o se mezclan los roles). Al momento del ordeño, las vacas son juntadas con sus becerros; éstos amamantan un rato y luego son amarrados cerca de las vacas para que sigan dando leche. El ordeñador (u ordeñadora) nunca toca al animal, más que en sus tetas, las cuales son desinfectadas antes de cada ordeño. Los “maniateros” –en su mayoría hijos de los finqueros-, son quienes manejan el ganado: amarran las patas traseras y la cola de la vaca para que no molesten a los ordeñadores y arrean el ganado de un lado a otro. Este proceso dura aproximadamente dos horas, a vece más, a veces menos, según el número de vacas.

Para los becerros que ya están separados de sus madres, y para las vacas mismas, se preparan poderosas comidas que constan de pasto de corte, caña y una planta que se llama “Botón amarillo”. Este alimento provee los nutrientes necesarios para el buen desarrollo de los animales y además reduce el impacto del ganado en los prados, ya que su tiempo pastando es menor. A esta práctica se suma la técnica silvopastoril que implica rotar el ganado entre varios prados pequeños para que le permita al suelo mantener los nutrientes y dejar crecer lo suficiente el pasto. El rodeo se hace casi siempre a caballo y quienes visiten las fincas podrán vivir la experiencia de recoger las vacas y los becerros, al mismo tiempo que recorren las sabanas y senderos a caballo.

Las prácticas agroecológicas se ven en toda la caracterización y se evidencian en la mayoría de las fincas de la vereda. Los cultivos están cerca a los establos, lo que permite a la familia campesina tener un suelo abonado para generar mejor productividad en los cultivos y alimentos más nutritivos. Todas las fincas de la región del AMEM usan energía solar, alternativa que las comunidades adaptaron a sus necesidades por falta de interconexión eléctrica. Así mismo, las carreteras fueron abiertas por las comunidades, quienes a través de trabajo mancomunado, impulsan el mantenimiento constante para que permanezcan en buen estado.

Por decreto de la comunidad, a través de la Junta de Acción Comunal, cada finca debe destinar un porcentaje de su terreno para la protección de los ecosistemas y restauración de suelos; casi siempre, rodeando los ríos, quebradas o lagunas, vitales para el mantenimiento de la flora y fauna que también alimentan los suelos y son endémicas de la región. Así pues, nos encontramos con flores exóticas que adornan los campos como las heliconias o los tulipanes; árboles endémicos de Colombia: el “costillo”, ceibas, robles, yarumos, palma chonta, comino, árbol del pan y un sinnúmero de árboles frutales que alimentan a primates, aves, insectos y hasta reptiles.

En uno de los recorridos por los senderos de conservación nos encontramos de frente con los manaos, unos cerdos de monte que tiene el tamaño y la fuerza de un jabalí, pero latino, y andan en manadas de hasta 100 individuos. Ese fue un momento de mucha adrenalina porque encontrarse con ellos no es fácil, registrarlos menos; pero librarse de su emboscada, es casi un milagro. Ese mismo recorrido nos permitió registrar huellas de dantas y venados, escuchar un sinnúmero de aves y sentir la presencia de micos grandes y pequeños. ¡Es una experiencia inolvidable!

La invitación es a descubrir las iniciativas de ecoturismo comunitario que impulsa Ecoamem en la Colombia Profunda y, por supuesto, a visitar La Cristalina y vivir la prácticas de conservación a través de la producción agroecológica, de la mano con las comunidades campesinas que han permitido el desarrollo sostenible, con prácticas sustentables y en armonía con la naturaleza que los rodea.