Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

La trocha de la paz
Juntando el conocimiento, aprendido tanto en las clases como de mis compañeros y compañeras de Colombia y mi interés por los temas sociales, decidí hacer parte de IAP, este equipo que cree en los cambios desde las comunidades que ven más vulnerados sus derechos.
Ángel Bel / Miércoles 17 de mayo de 2017
 

Hace unos años, debido a las guerras de Siria y Ucrania, así como el aumento del racismo en toda Europa, me surgió la pregunta de cómo las personas podíamos llegar a justificar la violación de los Derechos Humanos. Esta pregunta me llevó a querer profundizar este tema y me motivó estudiar el Máster en Derechos Humanos, Paz y Desarrollo Sostenible en la Universitat de València. Tuveå∫ la oportunidad de profundizar mi conocimiento sobre el conflicto interno colombiano, de mano de compañeros y compañeras de este país, quienes estaban allí con el anhelo de aprender para así poder aportar un granito de arena en la construcción de los cambios sociales que tanto necesita Colombia.

Meses después, conocí a IAP y su trabajo de acompañamiento en terreno, tan desconocido pero tan necesario en un país con numerosas vulneraciones a los derechos humanos. Así que juntando el conocimiento, aprendido tanto en las clases como de mis compañeros y compañeras de Colombia y mi interés por los temas sociales, decidí hacer parte de este equipo que cree en los cambios desde las comunidades que ven más vulnerados sus derechos.

Ya hace tres meses que llegué aquí. Aún recuerdo que de camino al aeropuerto para tomar el vuelo que me traería a esta gran experiencia, veía los carteles de la autovía que alertaban del peligro de la nieve en la carretera. Es por esto que al llegar a Barrancabermeja, el golpe de calor fue muy fuerte, pero la paciencia de nuestros compañeros veteranos ayudándonos, la amabilidad de las personas de esta tierra y los jugos, me ayudaron a superarlo.

Después de unos días de formación salí a mi primer acompañamiento. Fui a la vereda Carrizal en el Magdalena Medio, se habían organizado unas charlas sobre medio ambiente, las Zonas de Reserva Campesina y minería. En las charlas participó un comandante de la guerrilla –hecho imposible unos meses antes–, puesto que a pocos kilómetros hay una Zona Veredal Transitoria de Normalización (ZVTN), uno de los campamentos donde los miembros de las FARC hacen su tránsito a la vida de civil.

Estaba animado y expectante por las cosas nuevas que vería y aprendería allí; a medida que avanzábamos por la vereda veía pasar a los militares encargados de la seguridad de las ZVTN, estos conversaban con el vecindario. Es ahí donde pude ver porque dicen que Colombia es un país de contrastes, unas semanas atrás, eso hubiese sido impensable. Al regresar del acompañamiento nos cruzamos con maquinaria del ejército arreglando la trocha (camino abierto en la maleza, generalmente de tierra y piedras) que une la zona rural con el municipio de Segovia. Estas zonas del país, que son las más olvidadas por el Estado, también es donde han vivido de forma directa la guerra. Ahora ven este proceso de paz como la oportunidad para el cambio a una vida mejor.

Pero cómo pensé, este camino no sería nada fácil y lo pude comprobar enseguida en el Catatumbo. Allí los campesinos estaban acompañando en caravana al último grupo de guerrilleros de las FARC-EP a la ZVTN de Caño Indio, cuando unas personas dieron el grito de alerta: había aparecido un grupo de paramilitares, con símbolos de las Águilas Negras, en zonas que habían sido territorio controlado por las FARC. La respuesta de un miembro del ejército a unos campesinos frente a estos hechos fue algo insólito, ya que les dijo que la única águila negra que había era la cerveza, por una conocida marca colombiana.

Tras frenar la caravana, las comunidades decidieron en asamblea establecer un refugio humanitario en una zona selvática con el fin de que se tratara la reaparición del paramilitarismo en esta zona. Las condiciones higiénicas –como los chontos, agujeros en el suelo para hacer las necesidades fisiológicas– y la mala calidad del agua para cocinar –provenía de un río–, pasaban factura a muchas de las personas en el refugio, incluidos mí compañera Lucía y yo, que aunque resistimos, sufrimos las picaduras de los zancudos y los coquitos. De estos días me vienen a la mente las terribles historias que nos contaba la gente de la arremetida paramilitar del año 1999.

También he tenido la oportunidad de ir al Meta, probar el asado llanero y ver las impresionantes vistas desde la parte alta de la ciudad de Villavicencio. Allí al igual que en otras zonas del país el camino de la Paz, no está siendo fácil. En tres semanas han asesinado a tres líderes sociales en un solo municipio, algo que se reproduce a lo largo y ancho del país, mientras el gobierno se limita a repetir que no hay sistematicidad en el homicidio de líderes sociales.

También he tenido la oportunidad de vivir de cerca el problema de los cultivos de uso ilícito, como cuando centenares de campesinos rodearon a 35 militares tras la detención de dos cocaleros. Para muchas familias, el cultivo de hoja de coca es la única fuente de subsistencia, ante la falta de alternativas productivas viables. Otro problema que he podido conocer de cerca y que no se trató en los Acuerdos de Paz, es el de la minería informal. Como cuando tras unos operativos del ejército contra esta actividad, los mineros iniciaron un bloqueo de las vías a la ZVTN de Carrizal.

Con estos primeros acompañamientos he podido vivir la situación del país y el proceso de implementación de los Acuerdos de Paz desde las realidades cotidianas de las comunidades rurales, que tienen grandes dificultades que van desde la falta de acceso a las vías, servicios básico como el agua potable y hasta su seguridad.

Cuando llegué a Colombia los guerrilleros y guerrilleras de las FARC estaban de camino a las ZVTN, las acciones militares se habían reducido, las comunidades rurales empezaban a confiar en el ejército, empezaban a crearse las instituciones que velarían por el cumplimiento de los Acuerdos y, el gobierno y la guerrilla del ELN iniciaban las conversaciones de paz en Quito.

La firma de los acuerdos de la terminación del conflicto no significaba que la paz se vaya a dar de un día para otro. Las organizaciones campesinas han entendido que hay que contruirla todos los días. Los habitantes de estas comunidades rurales, que han sido las más azotadas por la violencia, a través de la resiliencia han convertido su sufrimiento en compromiso, se han agrupado y trabajan para que se escuchen sus voces por la defensa de los derechos humanos, que se han visto vulnerados por el conflicto.

En menos de un mes desde el inicio de la implementación de los acuerdos y cómo si fueran champiñones, empezaron a aparecer problemas en todo el territorio; algunos provocados por sectores contrarios a la paz, otros por razones estructurales. Pero da igual el origen de los problemas, todos tendrán que ser superados por el pueblo colombiano. Del mismo modo que superan todos los obstáculos de las trochas, superarán los del camino de la Paz, que a pesar de ser difícil, es el mejor camino.