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¿La garantía de la ONU?
Tony López Rodríguez / Sábado 15 de julio de 2017
 

El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas ONU aprobó el pasado 10 de julio que una misión de este organismo multilateral se ocupe de vigilar con gran atención el cumplimiento de los Acuerdos Generales de La Habana, para la paz en Colombia firmados en Bogotá por el presidente Juan Manuel Santos Calderón y Rodrigo Londoño, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP), el pasado 25 de noviembre del 2016.

Esto se da luego de cumplir exitosamente la comisión de la ONU que garantizó ordenadamente la entrega de las armas de unos 7 mil guerrilleros, miembros de dicha organización insurgente, armas que serán fundidas, según el compromiso de las partes en conflicto, y con ese material levantar un monumento por la paz en Colombia.

Quedó en firme la segunda misión política de las Naciones Unidas que verificará la reincorporación de los excombatientes en lo económico, lo social y lo político. Además, que velará por la seguridad en los territorios.

El embajador británico ante la ONU, Matthe Rycroft, presentó ante el Consejo de Seguridad la resolución que fue aprobada por unanimidad y fija el inicio de esta segunda etapa para el mes de septiembre. El diplomático expresó que “la etapa más dura está por delante” y agregó que una paz duradera y sostenible depende de la exitosa reincorporación de los excombatientes a la vida civil”.

Tiene razón el embajador británico Ciertamente esta etapa de reincorporación de los insurgentes de las FARC-EP no solo es y será muy “dura”. Algunas de las razones que el lector debe conocer es que hay sectores y personas en el Estado colombiano que no contribuyen a cumplir lo acordado. Un ejemplo de ello es el incumplimiento de la ley de amnistía, por la que están en huelga de hambre más de 1600 presos y presas pertenecientes a las filas de la guerrilla, y que el Poder Judicial debe agilizar la libertad de los prisioneros pero no la ejecutan por supuestos trámites burocráticos .

Tampoco el Gobierno ha cumplido con eliminar el paramilitarismo. Muy por el contrario, niega la existencia de estas bandas, organizaciones que han estado al servicio de los grandes ganaderos, latifundistas y a la mafia narcotraficante. Podría decirse que ese fenómeno ha crecido y se ha fortalecido al ocupar militarmente los territorios donde operaba la guerrilla de las FARC-EP.

Por último, la oposición a la paz que lidera el ex presidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez, apoyados por ciertos e importantes medios de prensa, para nada contribuyen a lograr el escenario adecuado para garantizar que la paz pueda consolidarse y ser duradera, por el contrario, tratan de rociar combustible para que se incendie la pradera.

Solo un fuerte movimiento social y de masas, en unión con los sectores políticos comprometidos con la paz en Colombia, exigiendo que se cumplan los Acuerdos de La Habana, firmados entre el Gobierno y la insurgencia, podrán hacer viable y exitosa la segunda misión de las ONU.

Lo que nadie puede soslayar es que la aprobación de esta segunda misión de la ONU aprobada por el Consejo de Seguridad unánimemente, es un reto para el Gobierno, que no puede desentenderse de lo acordado e incumplir, porque no solo el gobierno sino el Estado podría pagar un alto costo político, no solo nacionalmente, también internacionalmente ya que podría considerarse un Estado fallido.