Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra
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Construyendo la memoria histórica de la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra
Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra - ACVC / Miércoles 13 de septiembre de 2017
 

La ACVC se encuentra desarrollando el proyecto de Memoria Campesina y Protección de Derechos para la Paz con el apoyo del Fondo Sueco-Noruego de Cooperación con la Sociedad Civil Colombiana. La iniciativa tiene como uno de sus objetivos reconstruir la memoria histórica de la ACVC y la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra, constituyéndose como un espacio de encuentro de las comunidades para hablar sobre los hechos de violencia vividos en el marco del conflicto armado colombiano.

Alineados con este objetivo y en atención a lo que las comunidades han manifestado en el desarrollo del proyecto: “hacer memoria sirve para aprender de los errores del pasado, para que no vuelvan a ocurrir, pero sobre todo para que las futuras generaciones no vivan la violencia que nosotros vivimos” (campesino ZRC – VRC); pretendemos, en esta perspectiva y pensando en los retos que trae el posconflicto, iniciar procesos de reconstrucción de memoria histórica que permitan darle un sentido a lo ocurrido. En este propósito es necesario entender ¿por qué ocurrió? ¿Quiénes fueron los responsables? ¿cuáles fueron sus intereses?, entre otros interrogantes que en muchas ocasiones es bastante difícil dilucidar, dado que las víctimas no cuentan con las garantías para esclarecer los sucesos o han perdido la autonomía sobre sus vidas quedando en manos de los perpetradores, causando que cuestionen profundamente su vida o hagan innarrable lo vivido. Frente a esto es necesario reconstruir los hechos desde diversas voces, identificando los daños que se generaron por las pérdidas de seres humanos, de bienes valiosos y significativos para establecer posibles formas de reparación.

Otros elementos de análisis que el trabajo de campo ha permitido identificar como afectaciones de gran incidencia en la población son los daños emocionales. En este aspecto hemos identificado que se mantiene el sentimiento de miedo en las comunidades, el cual ha conseguido inhibir las acciones de denuncia, búsqueda de justicia, organización social y participación política; evidenciándose la persistencia de la estrategia de control que se instauró por parte de los diversos actores armados, a pesar de las plataformas que se han consolidado para dar a conocer las violaciones de derechos humanos.

Los espacios de encuentro con la comunidad que se han llevado acabo le han dado lugar a las palabras de los sobrevivientes pero también a emociones como la tristeza, la angustia, el temor, la culpa, la nostalgia, la vergüenza, la desesperanza, la impotencia, la resignación, frente a hechos profundamente violentos que jamás debieron ocurrir, siendo escenarios para expresar los hechos y emociones vividas brindando la posibilidad de compartirlas con otros que han vivido experiencias similares, permitiendo encontrar nuevos sentidos que resignifiquen el pasado y los posicionen como sujetos activos frente al futuro, liberándose de la carga que implica el silencio, de cuya alusión varios expertos manifiestan que “solo se olvida cuando se recuerda”.

Así mismo se ha podido establecer que las comunidades han sido perseguidas y estigmatizadas a través de una falsa vinculación con los grupos insurgentes como lo dan conocer en varios de sus relatos: “Todo el que salía era guerrillero” (campesina ZRC – VRC). “Nosotros veíamos al Ejercito como unos monstruos, porque lo que ellos decían era que esta zona era de guerrilleros” (campesino ZRC –VRC). Ante estas situaciones, expresan que se sienten deshonrados y esperan que se recupere el buen nombre de sus comunidades.

De igual forma se determinaron daños a la identidad cultural, ya que los actores armados le impedían a la población civil llevar a cabo sus prácticas culturales, como se evidencia en la siguiente narración: “mandaba dos o tres soldados y usted no los veía, de pronto alguien decía, yo veo un soldado allá, y pasaba por ahí y era un soldado ahí escondido. Eso le preocupaba a la gente, porque empezamos hacer la novena de los difuntos, pero la gente no era capaz de ir a la casa, porque les daba miedo, porque encontraba un soldado solo ahí y uno solo más allá, y decían entonces ¿ellos que van hacer? Entonces ya la gente se llenó más de temor” (campesino ZRC- VRC). Esta condición afectaba el vínculo colectivo de los vivos con sus muertos, silenciando la memoria y privatizando el dolor y los recuerdos, ocasionando que el duelo se dificulte y que no se realicen las ceremonias públicas correspondientes, lo cual obstruye la elaboración colectiva de las pérdidas.

Igualmente se generaron daños a los liderazgos y a la participación a causa de los constantes asesinatos de líderes comunitarios como sucedió el 28 de marzo de 2012 cuando el grupo insurgente del ELN asesinó a Wilson Salas, presidente de la Junta de Acción Comunal de la Victoria, constituyéndose en crímenes que buscan sembrar el terror y promover el imaginario de que organizarse y reivindicar derechos implica un riesgo vital. Esto contribuye a que los ciudadanos del común no quieran asumir roles de liderazgo, evitando la participación y debilitando la capacidad organizativa de la sociedad civil.

Para terminar, a estas comunidades se les impidió el goce pleno de sus derechos durante el bloqueo económico en la primera década del 2000, como lo cuentan los campesinos: “La retención de la entrada de los alimentos, ya no decían que era para el campesino, sino que decían que era directamente para la guerrilla. Ya nos tocaba era con permiso, si usted tenían 10 panelas le preguntaban que cuántos era en la casa: que somos 6, ¿por qué va llevar 15 panelas? ¿Es que va llevar para la guerrilla? Eso es mucho, entonces nos racionaban la panela, nos dejaban la mitad y el resto se lo roban ellos. Entonces era un momento complejo, un tiempo que uno no podía vivir” (campesino ZRC-VRC). Esta circunstancia afectaba sus proyectos de vida colectivos sobre los cuales se sustenta su identidad colectiva, que en sí misma resultaba también afectada.

En consecuencia, por todo lo anterior y en busca de garantizar el derecho a la reparación de las víctimas, en el marco del proyecto se adelanta el proceso de reparación colectiva de la ACVC ante la UARIV. Sin embargo, este representa varios retos, en consideración a que estas comunidades ponen en evidencia una vez más que las condiciones de desigualdad y exclusión que hoy continúan y que fueron en muchas ocasiones las condiciones que facilitaron la comisión de los delitos atroces. Exigen que los procesos de reparación tengan un enfoque transformador que permita la superación de iniquidades y exclusiones, haciendo especial énfasis en la dimensión simbólica en donde se reconozca públicamente el sufrimiento ocasionado a las víctimas y se garanticen el goce pleno de sus derechos para que puedan permanecer en sus territorios.

En esa medida, el Proyecto de Memoria Campesina y Protección de Derechos para la Paz constituye una oportunidad para contar los hechos desde las voces acalladas, contribuir al esclarecimiento de la verdad e invitar a las comunidades a exigir sus derechos para la transformación social que requiere el país.