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Opinión
Tumaco: Una pequeña reflexión sobre la coca y la sangre
Sebastián Herrera / Sábado 7 de octubre de 2017
 

Estuve por esas tierras, entre la cabecera municipal de Tumaco y el corregimiento de Llorente, en mayo. Visitando la ZVTN Ariel Aldana ’La Variante’ para realizar el censo socioeconómico a las entonces, FARC-EP. Allí conocí a los insurgentes, en su mayoría afros e indígenas, concentrados en la Zona Veredal; también conocí personalmente a Romaña, quien se destacó por su hospitalidad.

Gracias a esa hospitalidad suya, fue que los anfitriones nos dieron un tour en lancha por el río Mira, que relaté en una crónica así:

"Ese sábado sólo podíamos censar hasta el mediodía, porque la comunidad estaría ocupada en distintas actividades, entre las que se encontraba la construcción del caserío que va a quedar ahí, una vez se acabe la Zona Veredal. Dada la situación, Romaña arregló que esa tarde nos dieran un tour en lancha por el río Mira, hasta El Playón, donde quedaba el Punto de Preagrupamiento Temporal, lugar en el que había permanecido su grupo antes de llegar a La Variante. Nos sumergimos en la selva, a lado y lado del caudal se veía una flora frondosa y se escuchaban ciertos sonidos silvestres. Llegamos al Punto, donde había un pequeño caserío, una granja integral y un polideportivo. Desde la orilla del río hasta allí, había sembradíos de coca, a ambos costados de la carretera. Una de las personas que iba con nosotros nos contó lo bueno que podía ser el salario para un "raspachin" hábil, pero también lo lesivo que era este negocio para el propósito de la paz en Colombia y el enorme esfuerzo que estaba haciendo la comunidad, con ayuda de las FARC, para sustituir de manera efectiva estos cultivos."

Por esos días se rumoraba en la zona que había ofertas económicas de bandas criminales a los insurgentes en proceso de reincorporación, para que se sumaran a sus filas. No cabe en la cabeza entonces, cómo es que se miente tan descaradamente y los portavoces de Ejército y Policía salen a decir, sin ningún sonrojo, que los que abrieron fuego contra los campesinos fue una disidencia fariana. Si desde hace un buen tiempo la comunidad excombatiente ha trabajado mancomunadamente con el campesinado para sustituir los cultivos e idear otras economías cooperativas y legales. Si hubiera llegado una disidencia a enfrentarse contra la fuerza pública, con cilindros bomba y armas de fuego, como dicen, el saldo habría sido de varios soldados y policías muertos también.

Fue una masacre, no cabe duda. Una masacre producto de la ambigüedad y titubeo del gobierno en torno al tema de la sustitución: pactó en La Habana un punto sobre drogas ilícitas, que contiene un enfoque integral y renovado sobre el problema, pero al tiempo sigue empecinado en la erradicación forzada, la fumigación y criminalización de los sembradores y los sembradíos, presionado desde Washington y otros centros de poder que se empeñan en la visión más macartista y fascista de la lucha contra las drogas, sin querer atacar el fenómeno en su raíz, pues no les favorece.

La visión de que la coca es la ’mata de todos los males’ y quienes la siembran son unos criminales, lleva en su interior una concepción colonial, moralista y reduccionista de lo que es el complejo y colosal fenómeno del narcotráfico: léase bien, narcotráfico, pues el meollo está en el procesamiento y la distribución, donde está también la ganancia más jugosa. No es quien la siembra quien se enriquece: él y ella, campesinos, son el eslabón esclavo de la cadena.

Sin embargo, es tan transformador y avanzado el contenido del Acuerdo Final en contraste con un Estado tan fallido, negligente e inoperante para con su población, que los de siempre se oponen a implementarlo. La única garantía real de su implementación y el goce de sus beneficios por parte de la sociedad, es la materialización de un gobierno democrático-popular que la ejecute con transparencia y celeridad, de mano de las comunidades, que son las únicas conocedoras de sus propios problemas.

¿Sí ven por qué es tan importante jugar de forma inteligente este ajedrez político del 2018? ¿Sí ven por qué, la visión romántica de huir del sistema y obviar el Estado, se cae por su propio peso? Los campesinos de Llorente les pueden decir lo lejos que está una escuela o un puesto de salud, pero lo pronto que llega el Ejército y la Policía, porque así llega el Estado a los rincones del país, pero que llega, ¡llega! ¿Sí ven por qué, ahora más que nunca, es tan determinante cada acción que realicemos desde la izquierda, el movimiento social y el campo popular y cada palabra que digamos o callemos? ¿Sí ven por qué es tan relevante ser gobierno y ser poder y dejar los vicios y dogmas que nos mantienen en la marginalidad política?

Dentro de los recintos y las pantallas nos declaran una guerra "legal", prometen derrotarnos "en democracia", en las urnas. Pero a campo abierto, en la profundidad de la selva y el monte, donde hay pocas cámaras y micrófonos, la guerra sigue siendo la misma: de la oligarquía recalcitrante y rancia contra el pueblo humilde y menesteroso.

Esa guerra existe y no la podemos rehuir, hay que ganarla construyendo un país con mentes y manos indígenas, femeninas, jóvenes, afrodescendientes, trabajadoras y campesinas.

Esta mañana leí el conmovedor comunicado de Romaña, recordé cuando vi con mis propios ojos su fábrica de chanclas. También se me vino a la mente la editorial que le hizo Natalia Arenas para La Silla Vacía y que escribió Yezid Arteta para Semana. Me convenzo entonces de la idea de que hay que ganar esa guerra de la que hablo en cada paso, en cada metro, en cada baldosa, en cada hectárea de este país, que sigue siendo aunque no nos guste, un campo de batalla.