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La guerra y la paz
Iraq: cuatro años más tarde
César Jerez / Jueves 22 de marzo de 2007
 

Hace cuatro años se reunían en las Islas Azores Aznar, Blair y Bush. Mientras se tomaban una foto, estos sonrientes, ahora afortunadamente muertos políticos, le decían al mundo que invadían Iraq en nombre de la democracia y la libertad.

Se trataba de una guerra que según ellos duraría seis meses, el libreto público decía que una vez destruidas las armas de destrucción masiva (que por supuesto nunca aparecieron), depuesto el tirano y restaurada la democracia, comenzaría una nueva etapa de paz y prosperidad bajo el control del imperio, el denominado "nuevo oriente medio".

Los documentos oficiales de Washington no hablaban de petróleo, eso estaba en el libreto secreto, donde además estaba consignada la necesidad de hacer frente a Irán, Siria y a organizaciones islámicas del Líbano y Palestina como Hezbollah y Hamás desde un país recolonizado como Iraq, en todo el centro del histórico mundo árabe.

El problema del pantano en que se ha convertido Iraq para los Estados Unidos (EU) es que muchos de los actores locales se salieron del libreto previsto en la Casa Blanca y el Pentágono. Nada funcionó como se había planificado. No se contó con la feroz resistencia de los patriotas iraquíes que con su guerra de guerrillas han desgastado profundamente al ejército imperial, a tal punto que en febrero el General David Petraeus, responsable militar de los EU en Iraq, soltó en una sola frase toda la impotencia resumida en cuatro años de derrotas militares: "No hay solución militar para un problema como la insurgencia en Iraq".

Las cifras son contundentes: al día de hoy 3.190 muertos en las filas del ejército gringo, este año van 877, víctimas de emboscadas, atentados con kamikazes, helicópteros derribados, campos minados, bombas que se colocan debajo de los tanques mientras se detienen, y francotiradores. La suma de heridos por su parte es de 23.924, este año van 6.800.

Aquí faltan los datos de las bajas en muertos y heridos de la legión de mercenarios que han introducido allí los empresarios de los EU, algunas fuentes hablan de 45.000 paramilitares, en su mayoría peruanos, ecuatorianos y filipinos, algunos colombianos engañados también, que por un salario de unos 800 dólares sirven de carne de cañón. Este contingente de matones a sueldo conforma el segundo más grande después del ejército de Estados Unidos en Iraq.

El coste económico de la invasión asciende ya a 532 mil millones de dólares, muy lejos de las modestas previsiones iniciales, solo este año se han invertido en la guerra 113 mil millones.

Por su parte, las víctimas iraquíes son, según datos de los EU, unos 6.260 militares muertos y unos 150.000 civiles asesinados. Cifras de fuentes independientes hablan de 650.000 civiles asesinados en los cuatro años.

En cuanto a las cifras de desplazados: los EU hablan de tres millones y medio, mientras que organizaciones no gubernamentales cuantifican ocho millones, en su mayoría refugiados en el exterior.

Hay un dato poco citado que justifica en algo la renuencia de Bush a salir de Iraq: en los cuatro años los EU han logrado mantener un promedio de explotación de 2 millones de barriles diarios de petróleo. No es una gran cantidad teniendo en cuenta la producción de antes de la guerra y las enormes reservas del país, pero es una cifra importante, si tenemos en cuenta que el consumo de los EU es de 20 millones de barriles al día.

Tendiendo un cortina de humo sobre la lucha antiimperialista de los iraquíes, los EU han empezado a propagandizar la guerra civil y la violencia sectárea entre chiíes y suníes. La violencia entre las sectas islámicas fue promovida por los EU como una forma de aniquilar la resistencia, al establecer un gobierno títere dominado por los chiíes que reprimiese a los suníes. La estrategia de divide y reinarás tampoco ha funcionado pues la resistencia ha centrado sus acciones contra las fuerzas de ocupación y el gobierno lacayo.

De otro lado, la presencia de mercenarios islamistas, supuestamente de Al Qaeda, es marginal. Unos dos mil combatientes, que han sido advertidos desde ya que tan pronto los invasores sean expulsados, el turno será para ellos.

Los EU saben que si continúan exacerbando el sectarismo, corren el peligro de un Iraq desmembrado bajo la influencia de países como Siria e Irán, un escenario no deseado para el imperio, ni en lo político ni en lo económico.

Los teóricos de esta guerra citan cinco escenarios para este conflicto:

1. Endurecer la guerra: Bush ha solicitado 21.500 efectivos de combate adicionales y parece que logrará su cometido, cosa que hace lejana la posibilidad de la retirada en corto plazo.

2. Retirada a lo Vietnam: depende de quién gane las elecciones presidenciales en EU y del momento de la guerra en Iraq.

3. Salida a plazos: es lo que recomienda el plan Baker-Hamilton, la fecha tope sería el 1 de septiembre de 2008.

4. Salida parcial de los EU: es una propuesta que comparten algunos demócratas y republicanos y que implica bases permanentes y semipermanentes en el país con un régimen lacayo.

5. Guerra regional: los EU ampliarían la guerra a Irán y Siria, de acuerdo a la retórica de los últimos meses de Bush, aunque propuesta debilitada por el mismo fracaso militar en Iraq, la difícil situación en Afganistán y el revés del ejercito israelí en el Líbano. Además no contarían con el respaldo europeo, ni de la opinión, ni de la comunidad internacional.

Los teóricos, que afortunadamente son eso, teóricos, dejan por fuera el escenario más importante: la derrota militar de los EU como inicio de la reconstrucción del país producto de la autodeterminación y del equilibrio de intereses políticos y culturales de la sociedad iraquí.