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Desarmar la palabra
David Rabelo Crespo / Miércoles 11 de agosto de 2010
 

El pasado 5 de agosto del presente año, asistí a una reunión en la sede del ministerio del interior en Bogotá, donde las diversas plataformas de derechos humanos participan en la mesa nacional de garantías. A esta reunión asistió el alto gobierno, encabezado por el ministro de interior y justicia, también participó el nuevo Vicepresidente de la república Angelino Garzón. Sin crearme falsas expectativas sobre este escenario y menos con en el nuevo gobierno, que en el fondo es la continuación del matrero Uribe, me llamó la atención la intervención del nuevo vicepresidente quien insistió en la necesidad de "desarmar la palabra".

Tal vez esta afirmación de desarmar la palabra, está relacionada con el lenguaje virulento utilizado por el anterior gobernante, como: “te romperé la cara marica” “terroristas vestidos de civil” “voceros de los terroristas”, “yo les pido a algunos magistrados, que no sigan acabando la justicia”, tantos calificativos contra la oposición política, los periodistas, sindicalistas, los magistrados de las altas cortes, las ONG, los defensores de derechos humanos, abogados y contra quienes se atrevieran a cuestionar su gobierno y sus actos de corrupción.

Este lenguaje de canibalismo también fue llevado a la diplomacia internacional, durante la reciente perorata presentada por el embajador de apellido Hoyos en la OEA, quien está suspendido de por vida para ejercer cargos de elección popular por ser un corrupto comprobado; lo que demostró fue una pobre intervención parecida a un espectáculo circense propio de estos 8 años de manejo no de un país, si no de un establo.

Quienes usamos la palabra, como instrumento y argumento para el sano debate de la cosa pública, creemos que es indispensable garantizar la protección y el respeto por la libertad de opinión y de expresión, porque en estos ocho años lo que hemos vivido es la estigmatización y persecución por pensar y opinar diferente. El tema del espionaje telefónico, los seguimientos, los falsos positivos, las ejecuciones extrajudiciales, el desplazamiento y desaparición forzada, las amenazas de muerte, los montajes judiciales, son la expresión de cómo el gobierno de Uribe no solamente armó y envenenó la palabra, sino también que sus funcionarios como el ex director nacional del DAS, Jorge Noguera, utilizó presuntamente este organismo estatal para eliminar físicamente a quienes ellos consideraban enemigos del régimen Uribista.

Uribe no ocultó la molestia durante la posesión del presidente Santos, cuando el presidente del congreso, Armando Benedetti, entre otras cosas Uribista, planteó la triste realidad en que se encuentra Colombia, más desempleo, más desigualdad, más violencia, más pobreza, más exclusión, más hambre. Uribe al escuchar esta triste realidad en la que deja a los Colombianos, solamente se retorcía en su silla como un alacrán sin aguijón en ese momento, quien sabe cuántos otros aguijones utilizará para seguir armando camorra y quien sabe que otra cosa, contra quienes nos atrevemos a cuestionar el mar de irregularidades cometidas en su gobierno.

Estar vivos y libres después de este embrujo troglodita, representa una ganancia. Esperemos que la agresión, la persecución y los montajes sean cosas del pasado, claro sin hacernos falsas expectativas.

Los periodistas en este país han sido maltratados por el régimen Uribista, como los casos de Daniel Coronel y Holman Morris, quienes han soportado con dignidad todo el veneno desplegado contra ellos, pero se han mantenidos incólumes en sus denuncias y posiciones éticas, que son ejemplo de resistencia preservadora de una verdadera libertad de expresión. Por el día del periodista felicitaciones a todos y a todas, y a armarse de valor para seguir opinando.