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Monseñor Jaime Prieto Amaya: constructor de vida y paz
David Rabelo Crespo / Jueves 9 de septiembre de 2010
 

La vida se construye día a día, con responsabilidad, compromiso, enseñanzas, dedicación y buenas acciones; se va formando y exponiendo. Es necesario a veces entregar la vida misma. La paz es la interrelación con la vida, se teje y edifica constantemente, se llena de contenido y en el centro está el ser humano como razón de ser. Ese legado nos lo enseño Monseñor Jaime Prieto Amaya, quien en su obra pastoral, se convirtió en un constructor de vida digna y en un tejedor de paz con justicia social.

Monseñor Jaime entendió que el mensaje pastoral se enseña perseverando e insistiendo, por eso recorrió los caminos, veredas, corregimientos y municipios de la región del Magdalena Medio. Entrego sus energías y su vida misma a la noble causa de su obra pastoral, por eso luchó por los derechos humanos, por la justicia, la equidad, la solidaridad, las víctimas, por los pobres e insistió en la necesidad de respetar la integralidad de los derechos de los ciudadanos, solo así llegará la convivencia y la paz, así lo consideraba.

Su vida sacerdotal y en especial los 15 años que le dedicó a la Diócesis de Barrancabermeja y a la región del Magdalena Medio, plasmó paso a paso ese compromiso espiritual y sembró la semilla para la construcción de ese ser humano integral. Su trasegar por la vida se convirtió en un canto a la libertad, fue la luz en momentos aciagos, fue la conciencia ante los intemperantes, fue la esperanza ante la incertidumbre, fue accesible ante lo inaccesible, fue la voz de los que no tienen voz.

Monseñor Jaime Prieto Amaya no se ha ido, aunque su cuerpo se encuentre inerte, su pensamiento y convicción siguen presentes, guiándonos en la construcción de una nueva sociedad, al servicio de ese ser que represente dignidad.

Gloria eterna a la memoria de Monseñor Jaime Prieto Amaya!