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"Este tipo de historias fantasiosas no solo distorsionan la realidad, sino atropellan la dignidad de miles de víctimas que aún lloran a sus seres queridos"
El Auschwitz de Plinio
"... lo insinuó José Obdulio Gaviria en su última columna en El Tiempo, en la que sindica alegremente a la Asociación de Campesinos del Valle del Río Cimitarra, ganadora del Premio Nacional de Paz, de ser de las Farc. Qué importa que una sindicación hecha así, al desgaire, convierta automáticamente a esos campesinos en blanco de amenazas que puedan terminar en su muerte"
María Jimena Duzán / Miércoles 9 de febrero de 2011
 

Plinio Apuleyo Mendoza, un veterano periodista al que admiro y estimo así no comparta la mayoría de sus escritos, acaba de hacer una denuncia que parece más una charada de mal gusto que una lección periodística: en un extenso reportaje publicado en El Tiempo hace unos días, comparó el pabellón de los parapolíticos encarcelados en La Picota, epicentro de rumbas y bacanales como la que montó el exsenador del Valle Juan Carlos Martínez, con el campo de concentración de Auschwitz.

Semejante despropósito pone de presente una de dos cosas: o que el ojo avizor y escrutador de Plinio ha perdido lustre o que Plinio se dedicó a la novela y abandonó el periodismo. Lo cierto es que Plinio nunca supo de ninguna de esas francachelas en el pabellón de los parapolíticos de La Picota. Su crónica no habla de ellas, como tampoco se ocupa de los privilegios que ellos tenían ni del hecho de que se trata de encarcelados VIP.

Su conmovedora crónica muestra otro escenario: a lo mejor del uribismo, impolutos exgobernadores, honestos exfuncionarios y políticos sin tacha consumiéndose en el olvido y en el fétido olor de las cañerías que rodean la cárcel La Picota. Plinio no recabó en los celulares que todos ellos tienen en sus celdas, ni en cómo sus habitaciones han sido acondicionadas con toda suerte de comodidades y ni se enteró tampoco de las comidas onerosas que suelen mandar a preparar en las tres cocinas que tiene el pabellón, cuando no piden las viandas a los restaurantes gourmet, como lo han hecho varias veces algunos exsenadores.

Poner en el mismo rasero a un parapolítico como Álvaro García, condenado por haber participado en las masacres de los paramilitares, con los judíos que sobrevivieron a los campos de concentración nazis, como fue el caso de Primo Levi, debe tener a este último trinando desde su tumba.

Pero eso no es lo más insólito de la crónica de Plinio. En ella también se afirma que la parapolítica es un invento y que la verdadera razón por la que estos pobres uribistas están encarcelados es porque todos ellos han sido víctimas de una venganza orquestada por la Corte Suprema de Justicia, que decidió, desde 2006, iniciar una infame persecución contra el uribismo con el propósito de exterminarlo. Para Plinio, todas las investigaciones y condenas están viciadas porque provienen de testimonios de tipos tan poco confiables como Mancuso y Pitirri.

Cuando uno termina de leer la crónica, queda con la impresión de que para Plinio ni siquiera el narcoparamilitarismo existe. Y que lo que hay es un poco de criminales que están incriminando a unos uribistas sin tacha instigados por una Corte Suprema de Justicia fachista.

Mi querido Plinio, decir que la parapolítica se la inventó la Corte en 2006 es tan absurdo como decir que ese pabellón VIP es como Auschwitz. La parapolítica nació hace treinta años, cuando los políticos tradicionales se aliaron con los narcoparamilitares y fundaron un proyecto político que si bien empezó con un talante contrainsurgente, pronto derivó en una toma del poder local y regional, que se hizo recurriendo al expolio y al asesinato de miles de campesinos inocentes. Y no sobra recordarte que los parapolíticos están en la cárcel, no por cuenta de una venganza contra Uribe, como tú dices, sino porque la Corte y la Fiscalía empezaron a investigar esas relaciones non sanctas luego de que la Ley de Justicia y Paz demostró su incapacidad para conseguir que los desmovilizados de las AUC cumplieran con su parte en materia de verdad y de reparación.

Este tipo de historias fantasiosas no solo buscan distorsionar la realidad, sino que son un atropello a la dignidad de las miles de víctimas que aún lloran a sus seres queridos asesinados por las motosierras. Y en el fondo están diseñados para quitarle piso a la Ley de Víctimas y a la decisión del gobierno de Santos de restituirles las tierras a los campesinos que fueron sacados a fuerza de sus predios. Si no hay parapolítica y si no hay narcoparamilitarismo, tampoco hay víctimas que reparar ni tierras que restituir. Y todos aquellos que se atrevan a protestar corren el riesgo de ser estigmatizados y señalados de pertenecer a las Farc.

Esto último no lo dijo Plinio en su fantasiosa crónica, es cierto, pero sí lo insinuó José Obdulio Gaviria en su última columna en El Tiempo, en la que sindica alegremente a la Asociación de Campesinos del Valle del Río Cimitarra, ganadora del Premio Nacional de Paz, de ser de las Farc. Qué importa que una sindicación hecha así, al desgaire, convierta automáticamente a esos campesinos en blanco de amenazas que puedan terminar en su muerte. A los dos, esos temas menores los tienen sin cuidado. Estos dos cerebros del Tea Party colombiano no están para ocuparse de nimiedades.