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Homenaje a las víctimas de la masacre del 28 de Febrero de 1999 en Barrancabermeja. Transmisión en directo por www.prensarural.org desde el barrio Provivienda
“Son 12 años en los que no he dejado de esperarlo”
En su casa, en donde creció su hijo Édgar Alfonso Sierra Sidray, y en donde habló con él por última vez, Manuela revive los recuerdos que le quedaron tras la desaparición forzada del joven en la incursión paramilitar ocurrida el 28 de febrero de 1999.
Vanguardia Liberal / Lunes 28 de febrero de 2011
 

En su mecedora, a veces con lágrimas en su rostro, Manuela ha permanecido los últimos 12 años recordando a su hijo Édgar Alfonso Sierra Sidray, desde que fue desaparecido por paramilitares.

Esta mujer, oriunda de Río Viejo, Bolívar, tuvo cuatro hijos, entre ellos tres mujeres y un hombre: Édgar, el joven de sólo 17 años de edad que fue desaparecido por paramilitares en uno de los episodios más sangrientos de la lucha territorial entre autodefensas y guerrilla, ocurridos en pleno casco urbano de la capital petrolera del país.

A ‘Edgarito’, como todos en casa le decían de cariño, lo recuerdan como un joven estudioso, dedicado al colegio y a su familia. El día que fue raptado, otra persona más fue desaparecida y ocho más fueron masacradas en diferentes puntos del Nororiente ante la mirada de familiares y amigos. Mañana, cuando se cumplan 12 años después de la masacre del 28 de febrero, las 10 familias se reunirán para construir en el parque principal del barrio Provivienda una placa conmemorativa en homenaje a las víctimas. Familias enteras, como la de Manuela Sidray, se mantienen firmes en su dolor a la espera de que el crimen no quede en la impunidad. Aún con la esperanza viva de que los responsables reconozcan que las víctimas no eran “auxiliadores de la guerrilla”, como lo sostuvieron desde el inicio del proceso judicial.

La tragedia

Manuela recuerda con desconcertantes detalles el último día que compartió con su hijo. Era domingo. Édgar salió de su casa a las 11 de la mañana a ensayar una coreografía que presentaría en el colegio. Mientras regresaba, la mujer salió con sus hijas al Paseo del Río, en donde almorzaron pescado. Édgar llegó minutos después del mediodía, almorzó el bagre frito que le habían traído y permaneció toda la tarde junto a su familia descansando en la casa.

Desde la entrada de su vivienda, Manuela recuerda que “por última vez, aquí sentada, vi a Edgarito irse por este callejón. Eran las cuatro de la tarde. Y me dijo: voy a donde ‘Sabas’, un compañero del colegio”. Édgar se dirigió a la casa de su amigo, ubicada en la cuadra de atrás de donde vivía. “Me quedé sentada en la mecedora cuando lo vi irse… Como a las 5:30 de la tarde, uno de sus compañeros se lanzó por el techo y salió a esta cuadra. Llegó a la casa asustado. Me dijo: doña Manuela, corra que los ‘paracos’ se llevaron a Édgar”.

Agitada en su relato, recuerda que salió corriendo hasta llegar a la esquina de la cuadra. “Cuando llegué ahí, habían unos hombres armados y empezaron a sonar muchos disparos. A todos los carros que iban pasando los iban parando y bajando a la gente. Había muchas personas tiradas en el piso. Pero a mí eso no me importó, me decían que me detuviera o si no, me disparaban. Pero yo seguí”.

Angustiada corrió junto a su esposo hasta la siguiente esquina, en donde estaría su hijo. Minutos atrás, hombres armados entraron a la casa en donde estaban los jóvenes y se llevaron a Édgar. La incursión paramilitar ya había dejado a seis personas muertas en Provivienda.

“Llegué y cuando lo vi en una camioneta verde. Ahí estaba mi hijo, en el platón… Lo tuve como a un metro. Estaba acurrucadito junto a tres señores con pasamontañas. Ellos me decían que me detuviera, pero les rogué y les supliqué que me lo entregaran porque mi hijo no debía nada. Pero se fueron”.

Macabras confesiones

Después de la desmovilización y de que se acogiera a la Ley 975 de 2005, Mario Jaimes Mejía, alias ‘El Panadero’ asumió su responsabilidad en el aterrador crimen. En la mayoría de versiones, ‘El Panadero’ justificó los homicidios al relacionar a las víctimas con un presunto grupo guerrillero. Durante el proceso de esclarecimiento del crimen, Manuela ha asistido en la mayoría de versiones. Ha ido sola. “Mi familia no soportaba escuchar eso. Esos detalles, ese dolor… Por eso decidí seguir sola a escuchar la verdad. Esa fue mi forma de llevar el dolor. Ir durante todos estos años”, dice.

En algunas oportunidades esta mujer le replicó al versionado sobre lo que decía de su hijo. Hace tres años, una noticia retumbó en su cabeza para no dejarla nunca más tranquila.

‘El Panadero’ relató que el cuerpo de Édgar, junto al de Luis Miguel Cifuentes, quien también fue raptado, fueron arrojados a las aguas del río Lebrija.

Destrozadas sus esperanzas de encontrar algún día el cuerpo, Manuela llegó a su casa y con valor le dijo a su familia lo que había escuchado en la audiencia. Meses después, el postulado dio una nueva revelación. “El plan consistía desde un principio en raptar a dos personas con vida y escogidas al azar”, señaló el versionado.

En la diligencia, el ex comandante paramilitar reconoció que Édgar no era un guerrillero como mantuvo en sus versiones anteriores. “Él dijo que sabía que Edgarito era inocente, pero que tenía que llevárselo. Es muy triste eso. Estuvo en la hora equivocada en el lugar equivocado”, comentó la mujer. Investigaciones de organizaciones sociales de la región señalan que, desde el 28 de febrero hasta varios meses después del hecho violento, no se encontraron cadáveres que fuesen arrastrados por las aguas del río Lebrija o que coincidieran con la identidad del joven o del taxista. Hasta la fecha, los dos cuerpos no han sido encontrados.

La angustiosa espera

Durante los últimos 12 años, las tres hermanas de Édgar se casaron. Dos de ellas se graduaron de la universidad, mientras que la tercera decidió dedicarse a su hogar. Manuela ahora tiene 51 años de edad y tiene cuatro nietos. La mayor tiene 11 años y nació justo el día en que Édgar cumpliría 18 años de vida.

“Es muy curioso que cuando celebro el cumpleaños de mi primera nieta, también celebro el cumpleaños de él. El primer cumpleaños de ella, fue el primero sin él. Cuando estaba pequeña le decíamos que su tío estaba de paseo, pero ya hace poco le dijimos que a él se lo llevaron y que ya no tenemos esperanzas de verlo”.

Durante los 12 años, Manuela afirma que cada día que pasa, es aún más difícil superar el dolor de la desaparición forzada. Con la mirada perdida, esta madre le dice a quien pregunta por su hijo que Édgar hoy en día tendría 29 años de edad, tal vez estaría casado como sus hermanas y que, quizá, habría cumplido su sueño de aspirar al grado de almirante de la Armada Nacional, como se lo había dicho, entre sus sueños a cumplir después de terminar su bachillerato.

“Esta es una marca que no se nos va a quitar nunca. Ya sería todo un hombrecito… Con el tiempo es que se extraña más, porque cada día que pasa se siente que fue uno menos para él”.

Hoy en día, los miembros de la familia Sierra Sidray continúan con sus vidas entre la resignación y la batalla contra el olvido. Como esta madre, 10 familias más lloran hoy al recordar la fatídica tarde en el que sus seres queridos fueron asesinados en una guerra de la que aún no entienden por qué los tocó.

Con el paso de los días, Manuela continúa viendo a sus tres hijas crecer, mientras se sienta a veces en la cama de su hijo que aún permanece intacta o se sienta en la entrada de su casa durante varias horas con la mirada perdida recordando la tarde en la que vio a Edgarito por última vez y nunca más supo de él.

“Así ha pasado el tiempo. Acá, sentada, esperando a que algún día toque la ventana o me llame. Son 10 años en los que no he dejado de esperarlo”, expresó la mujer.

Víctimas

• Ismael Ariza Ochoa • José Darío Sánchez Aguirre • Jesús Daniel Gil • Leonardo Gómez Martínez • William Rojas Zuleta • César Manuel Barroso • Helio Mejía Castellanos • Dos personas heridas

Desaparecidos

• Luis Miguel Fuentes Díaz • Édgar Alfonso Sierra Sidray

La ceremonia

Mañana a las 2:30 p.m. se realizará en la cancha del polideportivo el barrio Provivienda un acto en homenaje a las ocho personas asesinadas y a las dos desaparecidas el 28 de febrero de 1999. Las actividades serán: *Eucarístía en memoria de las víctimas. *Instalación placa conmemorativa. *Marcha desde el barrio Provivienda hasta el Seminario. *Exposición fotográfica de galería ‘Río Arriba’.

Los responsables

Además de Mario Jaimes, alias ‘El Panadero’, quien ya fue condenado a 40 años de prisión por este crimen, tres ex paramilitares aceptaron a principios de febrero la autoría de la masacre. Javier Pumarejo, Henry Ricardo y John Alexánder Vásquez aceptaron los delitos de homicidio agravado y concierto ara delinquir, en calidad de coautores. Pumarejo fue capturado por su participación en la masacre del 16 de mayo de 1998.

Así ocurrió

Vanguardia Liberal reportó en la época que “un saldo de muerte y dolor dejó en Barrancabermeja la incursión de un grupo de civiles fuertemente armado, que ingresó al Nororiente de la ciudad y prosiguió hacia la vía que conduce a Puerto Wilches, dejando en el camino a ocho personas muertas y a dos más heridas. Los asesinos interrumpieron un concurrido bazar que se realizaba en la Avenida 53, del barrio Villarelys, en donde asesinaron a dos personas y otra resultó herida. Un motociclista, un taxista y tres comerciantes, también fueron víctimas de este hecho”.

También se reportó que en la vía a Puerto Wilches estaba un retén militar, y que los hombres armados habrían pasado por este corredor vial. El caso aún sigue siendo investigado.

Revelaciones de los procesados señalan que habrían salido los hombre armados desde el corregimiento de San Rafael de Lebrija y minutos después de las cuatro de la tarde habría iniciado el ‘paseo de la muerte’ por varios barrios del Nororiente de la ciudad.

“Ha sido muy tormentoso saber lo que le pasó a mi hijo. Eso no lo deseo a nadie… No entiendo por qué no dejaron el cuerpo en donde pudiera recuperarlo. No entiendo por qué me lo tuvieron que tirar al río”: