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¿La llave de la guerra o de la paz?
La guerra no es una herramienta para construir la paz
 

No ha pasado más de una semana y el gobierno nacional ha desarrollado nuevamente una acción militar contra la insurgencia en el Meta, dejando como saldo 32 guerrilleras y guerrilleros asesinados más 4 capturas. Esta operación junto con la llevada a cabo la semana pasada, deja como saldo 65 personas sin vida y 8 capturados según fuentes oficiales.

Paralelo a los aparentes triunfos militares, se desarrollan en el país un sinnúmero de protestas que van desde la respuesta a los abusos por parte las EPS’s como Saludcoop, hasta la indignación por las altas tazas en los servicios públicos y el transporte, como lo evidenciaron las gigantescas movilizaciones en la ciudad de Bogotá el pasado 9 de marzo. Si se hiciera un ejercicio juicioso de seguimiento a las noticias que presentan los medios oficiales, podría hacerse un promedio semanal de 7 protestas, es decir, una por día. Las noticias de las 12:30 p.m del canal caracol, presentaron el cubrimiento de dos protestas el día de hoy, 26 de Marzo; una desarrollada por los usuarios de Saludcoop motivada por el anuncio de la entidad de no prestar mas su servicio a pacientes terminales, a partir del 30 de marzo, lo que llevó a los mismos a bloquear la Autopista Norte; la otra noticia es la referente al paro de los trabajadores del Hospital de Malambo Atlántico, por retraso del pago de 6 meses de salario.

Al parecer los triunfos militares significan un avance en la consolidación de la paz en nuestro país, sin embargo las siguientes noticias que le siguen a los partes de guerra, no son otras que las de un país inmerso no solo en un conflicto armado, sino también en un conflicto social que llevaría a preguntarse ¿Qué es realmente la paz para el gobierno nacional? Los últimos acontecimientos en materia de conflicto reflejan donde está el acento por parte del gobierno en su esfuerzo por construir la paz.

A pesar del anuncio por parte de las FARC de liberar a los retenidos políticos como gesto de voluntad para un posible diálogo, la respuesta del gobierno ha sido la de la guerra. Por un lado su énfasis militar se expresa en los casi 23 billones de pesos propuestos en el Plan Nacional de Desarrollo para sostener los desproporcionales gastos de las operaciones militares y la propaganda militarista a pesar de la inviabilidad fiscal y social que representa la guerra. Así como los recientes debates en torno al fuero militar y la creación del soldado universal por encima de la objeción de conciencia. Todas estas medidas que desde la óptica oficialista se constituyen como estrategias para la paz, contrastan con la realidad que vive el país reflejada en las crecientes protestas de la población.

Según las cifras del DANE, la tasa de desempleo para enero de este año fué del 13.3% subsidiada por la tasa de ocupación más no de empleo del 59.7%. Según el espectador los índices de pobreza son del 12,3% y de pobreza extrema del 9.5% lo cual en cifras generales significa que el 37% de la población colombiana está en situación de pobreza, es decir un tercio de las y los colombianos son pobres.

Con respecto a salud un estudio que realizó la ACEMI dice que "se podría concluir que faltarían entre: 14.424 a 25.780 médicos generales, de 1.194 a 2.315 médicos especialistas; de 206 a 480 médicos internistas, de 217 a 422 cirujanos generales, de 209 a 497 pediatras, de 485 a 732 anestesiólogos y de 77 a 184 ortopedistas y traumatólogos.’’ Déficit que se sanaría con un aumento de presupuesto para la educación superior universitaria. No hace falta recordar las protestas estudiantiles y la creación de la MANE para entender cuál es la posición del Gobierno Nacional frente a la financiación de la educación universitaria y básica pues hasta el mismo General Navas afirmó que la creación de esta figura de soldado universal, se debía al deficit en el reclutamiento producto de altos índices de analfabetismo en el país.

Esta breve cartografía lleva a reflexionar sobre la dimensión del conflicto colombiano, es decir a no considerar la paz únicamente como una cuestión de armas, sino de características más profundas que atraviesan de forma estructural la vida de la población colombiana. La muerte de 65 rebeldes no significa el aumento del empleo formal, tampoco la reducción de la pobreza, del analfabetismo o de la anomia social.

En otras palabras la guerra no es una herramienta para construir la paz, en ese sentido se debe exigir al Gobierno, como representante del sentir popular, hacer efectiva la llave de la paz y abrirle puertas al diálogo. La sociedad civil debe sentir indignación porque se sigue prefiriendo el camino de la muerte y no de la vida, camino que afecta únicamente a los sectores populares y empobrecidos, que son quienes integran las filas tanto del ejército como de las FARC.

Cabe recordar los 11 soldados muertos y la posible demanda al Estado por poner en puestos de combate a soldados inexpertos, que como bien decían sus familiares eran jóvenes con sueños y esperanzas que por culpa de la guerra que el Estado se empecina en sostener hoy no están. De igual forma son 65 guerrilleros con sueños y esperanzas que por no tener un espacio de diálogo hoy tampoco están.

La paz no se consigue a las malas, sino a las buenas, con mayor inversión social, con políticas públicas sociales, con medidas económicas que beneficien la redistribución del ingreso y no únicamente el crecimiento económico, la paz no es solamente desmovilización, la paz es también un asunto de voluntad política.