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Independentistas vascos y catalanes convierten la final de la copa del rey en una protesta contra el Borbón y el estado español en crisis
César Jerez / Lunes 28 de mayo de 2012
 

Fundador y redactor de la Agencia Prensa Rural. Geólogo de la Academia Estatal Azerbaijana de Petróleos (exURSS). En Bakú obtuvo una maestría en geología industrial de petróleo y gas. Es profesor y traductor de idioma ruso. Realizó estudios de gestión y planificacion del desarrollo urbano y regional en la Escuela Superior de Administración Pública -ESAP de Bogotá. Desde 1998 es miembro de la ACVC. Actualmente coordina el equipo nacional dinamizador de Anzorc. Investiga y escribe para diversos medios de comunicación alternativa.

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Es una pena que a Vásquez Montalbán se le haya dado por morirse antes de tiempo en Bangkok, esperando un avión que lo llevara de regreso al Mediterraneo. No alcanzó a ver la peculiar final del la copa española del rey 2012.

El gran escritor catalán, marxista convicto y confeso, Manuel Vázquez Montalbán, demostró que la afición por el fútbol no estaba alejada de la militancia antifranquista ni de las inquietudes intelectuales ni mucho menos de las pasiones políticas.

También demostró en su libro póstumo, Futbol: ‘Una religión en busca de un dios’, que el futbol es "una nueva religión laica organizada para beneficio de las multinacionales y las televisiones".

Efectivamente, este opio deportivo del pueblo, es la droga de los domingos por la tarde para decenas de millones de trabajadores desunidos, enajenados e individualizados en el mundo.

Pero el futbol político sigue teniendo sus expresiones. La última y contundente tuvo lugar en el estadio Vicente Calderón de la ciudad de Madrid el viernes pasado. Se enfrentaron el Athletic de Bilbao y el Barcelona, para disputar la final de la copa del rey de este año.

Dos aficiones de dos pequeños paises dentro de España, hinchadas independentistas, de trabajadores y desempleados, vascos y catalanes, de nuevo unidos por el destino para protestar contra un estado que muchos no consideran el suyo y contra un rey decadente, aficionado del Real Madrid y apasinado por la matanza de elefantes y los últimos polvos furtivos.

Una silbatina que responde al recortado himno de España y una canción de cuna fueron durante muchos minutos la alegre muestra de indignación y hastío que caracteriza a millones de ibéricos y europeos por estos días. Una España y una Europa que se balancean sobre la tela de una araña, todo un modelo de especulación y corrupción que fracasó, que pende de un hilo, que tiene a unos tirándosele a los trenes, pero también a muchos otros reviviendo el ¿Qué hacer? y juntándose para reaccionar.

El sábado, bajando en la bicicleta por la Vía Augusta y las Ramblas de Catalunya, desde Padua, en las laderas del Tibidabo hacia el centro de Barcelona, Irati, mi pequeña hija, con la que me he reencontrado hace muy poco, espero que no muy tarde, empezó a cantar desde la parrilla "un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña...Como veía que no se caía fue a buscar otro elefante... dos elefantes..." y cantamos los dos, a voz en cuello, hasta la Plaza de Catalunya, fui feliz en ese momento por Irati, que lleva por dentro sangre colombiana, catalana y vasca, por la memoria del camarada Montalbán y por esos dos pequeños paises que saben protestar dentro de un estadio de futbol y que nos recuerdan, para fortuna de todos, que más frecuentemente de lo que pensamos "todo lo solido se desvanece en el aire".

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