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Habla Iván Márquez
“La política neoliberal es guerra contra el pueblo”
Entrevista del Semanario Voz al comandante de las Farc Iván Márquez
 
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-Es evidente la discrepancia del Gobierno Nacional y las FARC-EP sobre la elasticidad o no de la agenda, como lo señalan ustedes en la Reflexión I. ¿Hasta dónde es elástica la agenda a juicio de las FARC-EP en la temática que ella plantea?

- El problema no está en si la agenda es elástica o no; ella contiene lo esencial para desencadenar un proceso de diálogo que aborde los problemas fundamentales del país. No obstante, desde nuestro punto de vista, habrá que dejar espacios para que sea la participación popular la que establezca los rumbos definitivos de esta. Pensamos que la estrechez no está en el Acuerdo General de la Habana, sino en la visión que el gobierno tiene sobre las causas y consecuencias de la confrontación. Es un absurdo que, por ejemplo, la institucionalidad insista en negar la posibilidad de discutir las políticas neoliberales que hoy profundizan el conflicto social en Colombia.

-Hay contradicciones en el tiempo. El gobierno considera hasta siete meses y amenaza con levantarse de la mesa porque dice no ser rehén del proceso. ¿Cuál es el tiempo necesario para las FARC-EP?

- El documento convenido por las partes en la Habana dice textualmente: “Hemos acordado iniciar conversaciones directas e ininterrumpidas sobre los puntos de la agenda aquí establecida”; y en otro de sus apartes se indica que hay un compromiso de “concluir el trabajo sobre los puntos de la agenda de manera expedita y en el menor tiempo posible”. En ninguna parte se habla de tiempos específicos. Bien pueden ser menos o más de siete meses; eso dependerá de la dinámica que la participación popular, que es lo principal, le imprima al proceso. Ojalá resulte algo ágil, pero de no ser así, nadie debe sentirse rehén de un asunto tan trascendental como es el de la paz de Colombia. Es mucho mejor empeñarse, sin condiciones, en un esfuerzo de paz, que hacerlo en función de la guerra, como parece ser el camino que ha decidido tomar el gobierno. Si a este le es imposible cesar en su visión militarista, que incluso le niega a la población un lapso de sosiego en sus padecimientos, debiera al menos convenir con las FARC unas normas mínimas de regularización de la guerra por razones de humanidad. Es más, francamente lo ideal sería que ninguna de las partes se levante ni coloque amenazas sobre el funcionamiento de la mesa, que es un espacio en el que el pueblo colombiano ha puesto toda su fe. Ese sólo hecho merece el máximo empeño.

El punto de llegada

-Paz con democracia y justicia social, ¿Qué significa este punto de llegada en el fin del conflicto?

- Ese es el genuino sentido del fin del conflicto, y no la capitulación como pretenden algunos. Es obvio que si se superan las causas de la miseria, la desigualdad y la exclusión política que padecen las mayorías nacionales, el uso de las armas no tendría razón de ser. Sería iluso pretender que la resistencia al terrorismo de Estado pueda ser desarmada a punta de promesas.

-¿Cómo hacer para que la mesa de diálogo genere confianza entre los trabajadores y el pueblo, porque el Gobierno a la vez que dice tener voluntad de paz continúa promoviendo “paquetazos” antipopulares como la reforma tributaria y la nueva reforma pensional, entre otros, así como continúa la violación a los derechos humanos, en el marco del modelo de acumulación capitalista vigente el que considera inamovible o intocable?

- Efectivamente el gobierno, al tiempo que de manera mezquina habla de paz y pone obstáculos y restricciones al necesario protagonismo del movimiento popular en la mesa, eleva el presupuesto militar, acelera su maquinaria bélica, le da rienda suelta a un paquete legislativo que aplasta cualquier posibilidad de mejorar las condiciones de existencia de los colombianos. Las medidas económicas que apuntan a la consolidación de la política neoliberal son un verdadero decreto de guerra contra el país nacional. Hay mucha inconformidad en la población como bien se pudo ver con las enormes protestas estudiantiles contra el proyecto de reforma a la Ley 30 que pretende privatizar aún más la educación. Y este es sólo un ejemplo, que de todos los servicios públicos se quiere hacer un negocio para las trasnacionales y los sectores apátridas de las elites colombianas. Acabamos de asistir a mediados de octubre a una gran jornada de protesta nacional contra la dinámica de privatizaciones y abusos del poder, que complementan la entrega a pedazos que se está haciendo del territorio nacional para que las trasnacionales desarrollen sus proyectos extractivos.

- Se especula mucho de divisiones y rupturas internas en las FARC, ¿Hasta dónde la cohesión es total en torno a la decisión de adelantar este proceso de solución política dialogada del conflicto?

- Esas especulaciones son una constante en el diseño de las tácticas y de la estrategia contrainsurgente de la inteligencia militar, así que no sorprenden. Lo concreto es que el conjunto de los combatientes y mandos de las FARC-EP, como todo el espectro de la militancia clandestina en el seno del PC3, de las milicias y del Movimiento Bolivariano, están en total acuerdo con iniciar y sostener un proceso de diálogo en función de la justicia social y la reconciliación de los colombianos.

Llegan optimistas

-Cómo se define usted antes del 15 de noviembre: ¿Optimista? ¿Pesimista? ¿Expectante? ¿Qué espera de éste diálogo difícil y complejo?

-El conjunto de la organización tiene profundo optimismo en el buen curso que debe tener este nuevo emprendimiento de paz para Colombia. Esperamos con mucha firmeza que esta vez el gobierno no busque excusas para levantarse de la mesa, pues lo cierto es que en medio de la confrontación, por delicadas que sean las situaciones que se presenten, el objetivo de establecer la justicia social, como clave de la terminación del conflicto, debe tomarse como un imperativo que está por encima de cualquier interés particular o de las partes. Lo que debe primar es el inmenso anhelo que existe en el pueblo colombiano por llegar a la paz estable y duradera.

-Una de las Reflexiones hace un cuestionamiento de los grandes medios de comunicación en el cubrimiento del diálogo. ¿Qué esperan ustedes de la prensa, sobre todo de la “gran prensa” que cuenta con recursos para hacer el cubrimiento en vivo y en directo, mientras que la prensa alternativa hace enormes esfuerzos en desventaja por las dificultades económicas y la falta de apoyo estatal?

-De todos los medios esperamos equilibrio, veracidad, imparcialidad, sensatez, que informen y no que desinformen, que orienten y no que manipulen, que miren hacia los intereses del conjunto de la sociedad y no al beneficio de los dueños de medios. Desafortunadamente es muy difícil, que los grandes medios dejen de responder a los intereses de quienes los financian. Miremos el ejemplo sencillo de lo que le ocurrió al periodista Daniel Pardo; él fue sacado de la nómina de Kien&ke por haber sentado una posición crítica contra la publicidad que a manera de reportajes se hacía en favor de la trasnacional petrolera Pacific Rubiales. En solidaridad, la directora de ese medio, María Elvira Bonilla, renunció al cargo. Alguien ha dicho por ahí que los comunicadores empresarios son empresarios comunicadores; y eso significa que se dedican a lavar con publicidad la cara sucia de esas trasnacionales que saquean las riquezas naturales del país. Entre las empresas minero energéticas y los grandes medios existe un cordón umbilical que los compromete indisolublemente. Muy diciente es observar cómo Francisco Solé, que era vicepresidente de la casa editorial El Tiempo, ahora es miembro de la junta directiva de Pacific Rubiales, y que en esa misma junta está incluido el ex ministro de Minas, Hernán Martínez. También, entre muchos otros, está el caso de María Consuelo Araújo, quien después de ser Canciller del gobierno de Uribe pasó a la presidencia de la trasnacional Gran Colombia Gold. Hoy en el país hay un debate sobre esta mezcolanza indecente de intereses que se traducen en hechos de traición a la patria. Por ello, sin duda, medios como VOZ y todo el espectro de los medios alternativos en Colombia están llamados a ser los voceros de la conciencia nacional, ojalá unificados, para que como una sola fuerza puedan hacer el contrapeso patriótico que se requiere contra esos jueces inicuos convertidos en verdugos que se congregan en la gran prensa colombiana. En este proceso de paz especialmente, los medios alternativos deben jugar un papel fundamental, abriendo el espacio, ante todo, a la participación popular.