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Diario de campo de la tercera escuela de líderes del Catatumbo
El Catatumbo, lecho de bravía dignidad
 

Son las cuatro de la mañana, un fuerte aplauso acompañado con un “vamos compañeros” apresura a los desprevenidos y despierta a los amantes del sueño que lidian con sus recuerdos y esperanzas, viene el tinto y como si fuera la sensación original de la mañana se transforma todo en pocos segundos. Desaparecen las carpas, las hamacas y toldillos que impedían el paso por la noche. El concierto de ronquidos es reemplazado por el sonido de un radio de 12 bandas sintonizando con esfuerzo radio habana.

Afuera no se escucha mucho, desde el 99 La Gabarra, dejo de ser un pueblo prospero y ruidoso, las huellas del paramilitarismo no han sido borradas de las pocas familias que habitan tan desolado pueblo. Despertar ahí más que un acto político, era una muestra de dignidad, de memoria, de amor. Si supieran cuantas líneas faltan para comprender tan cruento pasado. Pero ahí estábamos, más de treinta personas dispuestas a no dejar morir al Catatumbo, a continuar alimentando la dignidad que lo distingue.

Estábamos ansiosos, el día anterior se había dañado el motor de la lancha y tuvimos que dormir en la gabarra esperando a que lo repararan, debido a esto teníamos un retraso de 12 horas, pero teníamos un plan, la idea era “sencilla”, pasábamos el control fluvial de la infantería a las 5:00 AM, a las 5:30 el control de la guardia fronteriza venezolana y luego de escasas cuatro horas llegaríamos a nuestro destino. Después del almuerzo ya tendríamos el cronograma modificado y con una hora menos de sueño lograríamos realizar la escuela de líderes en el tiempo estipulado.

Nos demoramos mas en subir a la lancha que en sentir el peso de Murphy en la espalda “cuando piensas que todo está mal, puede pasar algo peor” , la infantería nos había cañado, solo dejaría transitar lanchas desde las seis de la mañana, y no a las cinco como le habían informado al Boga el día anterior. Los amantes del sueño sintieron un poco de rabia, pero ya los viejos líderes campesinos presentían algo. Media hora más media hora menos después de un viaje por tierra de 18 horas no es mucho. “listo ya son las seis dijo el primero”, “faltan cinco dijo otro” mientras cuadraban la hora entre los campesinos se veían algunos rostros con cara de sala de espera.

Nos presentamos al control y de inmediato sentimos la particular hospitalidad de la infantería colombiana “Buenas tardes, necesitamos que se bajen y nos entreguen las cedulas”, como ya sabíamos que eso iba a pasar, veníamos acompañados por dos voluntarios catalanes, que trabajan para una agencia internacional de derechos humanos, al momento de bajar, los catalanes se presentaron al mando de turno y con rapidez comenzaron a ejecutar el protocolo que habían aprendido en su instrucción, en Barcelona. La cosa era seria no solo querían revisar las lanchas en las que íbamos, sino que querían registrar en un libro, los nombres y números de identidad de todos los que estábamos en las dos lanchas.

A esta práctica se le denomina empadronamiento, es una treta sucia en donde los militares excusándose en mentiras recolectan los datos de las personas que consideran contrarias y luego son utilizados en montajes judiciales, falsos testimonios y hasta mensajes radiales, para señalarlos como terroristas y amedrentar la organización campesina.

Cabe anotar que cada vez que un campesino conoce y quiere defender sus derechos fundamentales o alguien lo hace por él, todos!!! Absolutamente todos los militares se convierten en expertos magistrados de DIH, curtidos legisladores constitucionales o en el caso más patético en tristes tinterillos repitiendo una y otra vez con riesgosa exactitud lo dicho por un superior. En fin llevábamos más de una hora en el reten, ya estaba comenzando a calentar el sol y habíamos visto pasar unos tres mandos argumentando de manera distinta un porqué del registro de cada uno de los campesinos, solo pudimos salir de este embrollo cuando un mando superior vía telefónica ordenaba darnos paso sin registrarnos, sin más ni más, los fervorosos magistrados de toga pixelada desaparecieron.

“nos fuimos pito” exclamo un campesino, de inmediato arrancamos a toda velocidad, rumbo a caño azul, un lugar que curiosamente es hermoso por las diversas tonalidades de verdes que se encuentran, llegamos al control fluvial de los venezolanos, luego de 10 minutos de sermón con acento venezolano, nos dejaron pasar libremente, si bien los soldados de frontera no son como los colombianos tampoco son de fiar, ya que tienen el signo pesos en cada mirada y cualquier falla te la cobran, literalmente.

Déjenme decirles que una de las oportunidades más bonitas para ver el rio de Oro es en verano, la angustia de encallar en una montaña de arena contrasta con la oportunidad única de ver los peces en hordas nadando bajo el agua, contemplar la vida que representa el rio en su totalidad y hacer parte de un paisaje que cualquier expedicioncita de la National Geographic envidiaría. Poco a poco el paisaje hace que uno valla sintiendo el porqué de tan decidida lucha y lo que implica no perder este tesoro. Luego de cuatro horas de viaje, llegamos a caño azul, en seguida entendimos que una sencilla y pequeña escuelita, sería nuestra ágora Catatumbera por los próximos tres días.

Llegada la tarde dimos comienzo a la escuela, debido a los problemas de tiempo el que se suponía era el ultimo ponente se convirtió en el primero, era un profesor de la universidad nacional aunque cansado por el viaje, no le vio problema a comenzar con la sesión, de manera fluida y clara comenzó a explicarles a los campesinos la importancia del materialismo, poco a poco el aula se colmo de preguntas, es bien sabido que la vida de un campesino está llena de mitos, ritos, guacas, embrujos y demás. Evidentemente, no se pudo explicar, como el agua bendita permanece “fresca” después de varios años en una botella de Postobon o cual era el químico que utilizaba el brujo para “bendecir” el ganado y evitar que las garrapatas lo invadieran. Al final y sin arrebatar la fe de muchos campesinos, muchos de ellos quedaron fascinados con la explicación.

Al segundo día, fue desarrollado un ejercicio de análisis de coyuntura, las problemáticas a tratar eran claras, el primer punto de los diálogos en la habana, los efectos de la práctica de mono cultivo de palma aceitera en los territorios despojados por la violencia y la visión extractiva que proyecta el gobierno para la región. Dentro de tantas intervenciones, no dejaba de impresionarme que en una región con alto nivel de analfabetismo, se realicen análisis políticos tan bien estructurados, dignos de un aula universitaria.
Llegada la tarde y después de varias horas de charlas y dinámicas que se realizaron en el taller de oratoria, llego la hora del baño, la hora más esperada para todos, después de una larga jornada de trabajo la sensación de peces diminutos en las piernas y la corriente fría en la espalda fue un relajante bastante agradable para todos. Culminamos nuestro segundo día de formación, viendo la película Cóndores no entierran todos los días, mientras descansábamos en hamacas guindadas de las ventanas de la escuela.

4:00 am, ya es sábado, algunas mujeres de la vereda se ofrecieron para ayudarnos con la cocina y se escuchan sus charlas en el fondo, no es molesto, es ameno, pocas veces se siente alegría al despertarse a esa hora de la mañana. Debido al número de participantes nos solicitaron el día anterior, ayuda en la “rancha”, aunque cansado y un poco sentido porque no iba a estar presente en la sesión de problemáticas agrarias, me levante de inmediato y acompañado de un amigo con el sueño todavía en la espalda, nos pusimos en la labor de ranchar.

Mientras hacíamos el desayuno aparecían lentamente, los compañeros de estudio, no faltaron los chistes acerca de que los bogotanos íbamos a estropear la comida, pero el ambiente se puso muy ameno, la rancha a diferencia de una cocina en la ciudad, es un lugar de encuentro y de tradición oral, mientras fritábamos arepas escuchamos como habían llegado la gente desplazada a la vereda y que experiencias habían tenido con la comunidad Bari. De vez en cuando, se escuchaban de lejos las intervenciones de los compañeros, nos acercábamos a escucharlas, algunos nos preguntaban qué habría de almuerzo y de inmediato volvíamos a nuestras labores.
Ese día después del baño, proyectaron Retratos de un mar de mentiras, con todas las reflexiones agrarias hechas por la mañana, las conferencias de organización en la tarde y los recuerdos a flor de piel, brotaron las más sentidas intervenciones, la mayoría de los asistentes eran desplazados, a algunos se les quebraba la voz al hablar, pero en todas las ocasiones reivindicaron el papel que jugaban frente a la impunidad y la importancia de la asociación para ellos.

El domingo todos los campesinos tenían que estar en el aula, ellos tenían que realizar un balance minucioso del año y de la escuela, esto significaba, que la rancha estaba en la responsabilidad de los talleristas, no sé si algunos compañeros alcanzaron a dudar de las cualidades culinarias de los bogotanos, pero de la comida que se hizo ese día no quedo ni la pega por la noche, a todos les encanto y casi todos repitieron. Ese día los campesinos que colaboraban en la logística de la escuela nos tenían una actividad a cada uno, nos enseñaron a bajar racimos de plátano, a tener equilibrio para transportarlos cuando se pasa por las quebradas, a manejar lancha, moto sierra, a cortar bien la leña con un hacha y hacer los populares chontos. Fue tanto el entusiasmo que se le dio a las labores, que sobro leña, sobraron racimos y se hicieron chontos muy profundos.

Al otro día, cuando estábamos culminado el balance, comenzaron ha asomarse rostros con notable curiosidad en el salón de clase, poco a poco se fue colmando de gente la escuela, gente a la cual se le notaba el trabajo, lo digo porque al recostarse en las varillas de los ventanares, se podían ver a mediana distancia cayos y cicatrices en todas las palmas de las manos. Sin notarlo varias mulas estaban amarradas en la parte posterior de la escuela y cuando me estaba preguntando quienes eran sus dueños aparecieron de la selva, no dos, sino una decena de campesinos con enormes palos afilados en sus puntas, de repente se reunieron y recibiendo instrucción del mas baquiano, comenzaron a sacar de unos baldes de plástico, inmensos pedazos de carne, ¡gigantescos! , aceleradamente comenzaron a ensartar los trozos gigantescos, en los palos gigantescos, mientras con el fuego de nuestra rancha, hicieron una hoguera gigantesca.

Los sonidos de los motores de las lanchas comenzaron a rodear el espacio donde estábamos, brotaban de la pequeña entrada del terreno de la escuela decenas de campesinos, ante tal afluencia de gente, nos reunimos toda la comitiva, cerramos el balance y nos preparamos rápidamente para recibir a más de 200 personas pertenecientes a las veredas de Caño Mariela, caño tomas, bella vista, caño Ramón de Teorama, Caño Azul, Cooperativa, Palmitas, Caño Escondido de Convención, el Comité de mujeres de Rio de Oro y el Concejo Comunal Simón Bolívar.

Los pobladores estaban allí para escuchar varios temas, primero las reflexiones acerca del plan Consolidación territorial promovido por el ejército, escuchar en que va la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo y analizar la labor de Derechos Humanos desarrollada por ASCAMCAT. Después daríamos paso a una jornada de integración entre ellos y los que estaban recibiendo la escuela política. Despues de esto, de manera solidaria, serían los anfitriones de un gran asado llanero, para amenizar la jornada. Para no quedar con las manos cruzadas, algunos compañeros se postularon para hablar, otros para cantar y hasta para jugar futbol con los equipos que habían llegado a la integración.

Antes de empezar la jornada rendiríamos un minuto de aplausos al compañero Orlando Sánchez, el cual había fallecido hace poco y se destacaba por su admirable e infatigable esfuerzo en la lucha campesina del Catatumbo y la defensa en derechos humanos de los campesinos. Un gran líder que sin preverlo se ausentara materialmente del trabajo organizativo, pero vivirá como ejemplo pujante en la región.

Acto seguido las palabras de la junta directiva y del equipo técnico de la asociación, este espacio es vital para el proceso organizativo, los datos y el discurso académico colaboran bastante, pero la legitimidad del discurso la hacen los líderes campesinos que en sus palabras, con sus ejemplos y lo más importante con su imagen campesina, son los que generan el vínculo entre la organización y la comunidad.

Después de varios aplausos vimos a uno de nuestros compañeros explotar su lado artístico, el hombre que en todo el viaje parecía muy callado, sorprendió de inmediato cuando comenzó a cantar, empezó con una de Ali Primera y termino con una de Garzón y Collazos, realmente fue un momento muy emotivo. Pero la parte artística no termino ahí, apenas se bajó uno se subió el otro, mejor dicho los otros, de la escuela había nacido una agrupación de sorpresa, acompañados con una armónica, una guacharaca de pvc y una sencilla guitarra, Don Pablo quien había dado un bello discurso hacia unos minutos, comenzó a cantar, es impresionante la cantidad de compositores que se encuentran en la región, pero mucho más lo que logran componer y en eso Don Pablo se destaca.

El sentir campesino se respiraba en pleno, olor a ternera a la llanera, hojas de plátano como vajilla, campesinos tocando coplas originales y la fastuosa naturaleza enmarcando todo el panorama. Todo esto reunido por una sola razón, la protección del Catatumbo, de su naturaleza, de sus recursos, de sus gentes y de su historia de lucha. Ese en realidad era el mejor escenario para sentir lo que representa el Catatumbo, un lecho de bravía dignidad.
Así culmino la tercera escuela de líderes de ASCAMCAT, en medio de una gran celebración, coplas y vivas, diciéndole al mundo y a sus gobernantes, que están allí, prestos a transformar lo que quisieron arrancar con la violencia, que están dispuestos a materializar el sueño de Bolívar y que no dejaran que la figura del campesino colombiano desaparezca, porque son conscientes que sin ellos, desaparece el campo como lo conocemos y no habrá mucha Colombia porque luchar.

Notas:

1. La Ley de Murphy es una forma cómica y mayoritariamente ficticia de explicar los infortunios en todo tipo de ámbitos.

2. Conductor de lancha de rio.