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Un presidente comunista para Chipre
César Jerez / Martes 26 de febrero de 2008
 

Eran las diez de la noche del domingo 24 de febrero, las calles del centro de Nicosia, la capital chipriota, se llenaban de banderas rojas del Partido Comunista AKEL y con banderas nacionales con el lema "una sociedad justa". El recuento de los votos de la segunda vuelta electoral indicaba que Demetris Christofias sería el nuevo presidente de Chipre, con más del 53% de los votos, derrotando al líder conservador Ioannis Kassaulides.

Demetris Christofias la noche del triunfo electoral.

Christofias (de 62 años), que será el único presidente comunista de la Unión Europea (UE) de los 27 paises que la integran, llegó al poder con la promesa de superar mediante el dialogo el conflicto con la parte turco-chipriota de la isla invadida por Turquía desde 1974, después de una intentona de golpe de estado promovida por Grecia."Desde mañana unimos nuestras fuerzas, debemos trabajar colectivamente y en unísono para conseguir la reunificación de nuestra tierra natal", anunciaba Demetris en un discurso de victoria ante miles de sus seguidores.

Refiriéndose a sus promesas electorales, Christofias las ha calificado de "contrato de honor que hemos firmado con el pueblo". "Las aplicaremos en su momento. Como presidente de la República de Chipre tengo la responsabilidad de unir y representar a todos los ciudadanos", manifestó. "Tenemos una visión clara, una visión de reunir nuestro Chipre, poner fin a la ocupación turca y a sus consecuencias, convertirlo en una patria feliz para todos sus hijos, grecochipriotas y turcochipriotas", vaticinaba el líder comunista que se desempeñaba como presidente del parlamento y como secretario general del Partido Comunista AKEL.

"Buscamos un acuerdo justo, una solución basada en las resoluciones y decisiones de la ONU, los acuerdos de alto nivel de 1977 y con el derecho internacional y europeo", ha agregado. "Lucharemos por un acuerdo justo".

La llegada al poder de Christofias y la posibilidad de resolver el diferendo con Turquía concuerda con una importante y contradictoria coyuntura al interior de la Unión Europea. De un lado, un importante grupo de paises liderado por España ve como necesaria la entrada de Turquía a la Unión, lo que garantizaría un importante mercado, mano de obra barata, control de flujos migratorios y un territorio estratégico para la entrada de recursos naturales centroasiáticos al continente. Para estos países, la inclusión de Turquía a la UE también sería una forma de cerrarle el paso al fundamentalismo islámico que va en ascenso en Turquía.

De otro lado, para otro grupo de países liderado por Francia, la entrada de Turquía representaría un peligroso referente islámico al interior de la UE. Estos países se muestran opuestos a la llegada de Turquía a Europa mientras no se solucione el problema de la invasión a Chipre de 1974 y se sigan violando los derechos humanos de los opositores polìticos y de la minoría kurda por parte del régimen de Estambul. La actual invasión turca a las posiciones del Kurdistan iraquí, donde se prolongan los combates con la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, en nada favorecen la intencionalidad turca de entrar a la UE. No obstante, cuando nadie se lo esperaba, un comunista dialogante puede empezar a cambiar el panorama conflictivo a los dos extremos de Turquía.