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La verdad, un maniquí que se maquilla según la ocasión
Jorge Montenegro / Martes 1ro de abril de 2008
 

Puede parecer atrevido el título de este escrito, pero creo que expresa la idea que voy a tratar de dilucidar en las rayas que siguen. Claro que la verdad es mucho más que un maniquí y no es estática ni inocente.

Desde tiempos antiguos la búsqueda de la verdad ha sido una tarea que ha cautivado a no pocos hombres y mujeres. Por eso tenemos una gama variopinta de definiciones y conceptos, que si bien son divergentes, apuntan a lograr hallar un punto en el cual haya una confluencia relativamente estable.

Pero no vamos a entrar en un discurso de teoría del conocimiento o de gnoseología, simplemente vamos a mirar cómo la búsqueda de la verdad ha sido encauzada por unos pocos que creen tener la suficiente certeza para hallarla. Es más, promueven un criterio de verdad que, según ellos, es el único. Por tanto, la masa, el pueblo, no tiene más remedio que aceptarla y vivirla. He aquí el maniquí que se maquilla según la ocasión.

Por ejemplo: por un lado los medios de comunicación, portavoces de los que dicen la verdad que hay que creer y defender, manifiestan hasta el cansancio que el crecimiento económico de un país es un síntoma de que hay mejoría en los demás aspectos de la sociedad nacional, pero no dicen las cifras del creciente subempleo y de la pérdida del valor adquisitivo de las personas.

La verdad en este caso es que el crecimiento económico es la salvación mágica que todos están esperando. Entonces, si hay guerra, si han pobreza, si hay desnutrición, si hay analfabetismo, si hay injusticia, no es más que aspectos poco relevantes, casos aislados, que siempre han existido. En tanto que si hay corrupción y malversación de fondos, sólo constituyen males necesarios que conlleva el auge económico.

Basta dar un paseo por el dial para darse cuenta que las antenas de los grupos económicos son las únicas que transmiten “toda la verdad” y mantienen “informada” a la gran mayoría de “compatriotas”. Los que se arriesgan a criticar e incluso a hacer sugerencias son tildados como terroristas y auxiliadores del mal, por tanto, mentirosos y faltos de credibilidad. Quien difiere de la “verdad” que se endilga por doquier es un apátrida que se opone a la salvación que “regala” el sistema imperante.

La verdad se reduce a “la verdad de los que gobiernan y tienen el capital y los medios de producción”. Como en tiempos antiguos, la conocida norma de “pan y circo” funciona a las mil maravillas, pues una vez limitada la capacidad cognitiva y argumentativa se tiene la vía libre para imponer la “verdad” que enriquece a unos pocos y subyuga de por vida al resto. Esta es una verdad que nos duele porque “mata en nosotros la mentira en que vivimos”.