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Boletín del campamento humanitario en Barrancabermeja
Nos cansamos de no ser oídos
 

El pasado 16 de febrero nos declaramos en Campamento Humanitario, refugio de protección de nuestras vidas y escenario de exigencia de lo que por tantos años hemos pedido, el respeto a la vida, el respeto a nuestro derecho a la tierra, al trabajo, a la salud, a la educación, a nuestro proyecto de vida y sobre todo el cumplimiento de los acuerdos pactados en años anteriores con los gobernantes de este, nuestro país.

Primero fuimos los campesinos de las veredas Dosquebradas, Ojos Claros y Puerto Nuevo Ité, en el nordeste antioqueño, los que nos refugiamos en el caserío de Puerto Nuevo Ité (La Cooperativa) ante todo para proteger nuestra vida e integridad física y así emprender, nuevamente, nuestros reclamos al gobierno nacional.

¡Y sí!, nos cansamos, allí el Batallón Calibío del Ejército Nacional hizo presencia, no respetó nuestro Campamento Humanitario, lo trató de sabotear, acusó a las organizaciones campesinas, amenazó a los campesinos, fue entonces cuando decidimos trasladar nuestro refugio a Barrancabermeja, nos instalamos en la sede nacional de la Unión Sindical Obrera, participamos en la marcha contra los crímenes de Estado el 6 de marzo, pero a nuestro Campamento llegaron otros campesinos del Sur de Bolívar, allá viven la misma situación, quizá peor. Hoy nos encontramos 150 campesinos de la Zona de Reserva Campesina del Valle del rio Cimitarra.

Esperábamos ser oídos, ¡pero no!... optamos por hacernos oir, actuamos, hoy 1ro. de abril tomamos como refugio, como Campamento Humanitario la sede central de la Universidad de la Paz en Barrancabermeja.

Estamos cansados de la muerte -en los dos últimos años hemos sido objeto de 17 ejecuciones a muerte o falsos positivos- por parte de las fuerzas armadas, hemos sido amedrentados, amenazados, perseguidos, detenidos, judicializados, robados, estigmatizados y señalados como enemigos del estado, nuestras organizaciones campesinas han sido duramente perseguidas para provocar su desaparición. Nuestros cultivos de pancoger han sido fumigados con el perjudicial glifosato: pretendiendo erradicar la coca están erradicando la yuca, el platano, el maíz, las gallinas, los pastos... Están erradicando la cultura campesina, están desocupando los campos para que el presidente Uribe se los entregue, con todos sus recursos, a los capitales extranjeros de las empresas transnacionales, a las empresas del narcotráfico que invierten en los proyectos estatales, a los latifundistas y a los grandes ganaderos -son, todos ellos, los socios de Uribe, los financiadores del paramilitarismo-. Es clara la estrategia de aniquilamiento del movimiento campesino y desplazamiento de sus territorios.

No somos desplazados, ni lo seremos nunca, es nuestra voluntad volver a nuestro territorio de vida y trabajo cuando nos escuchen y cumplan con lo pactado, que se garanticen, pero de verdad y dignamente, nuestros derechos a la vida e integridad física, a la salud, a la educación, a la tierra y al trabajo.

Por eso queremos que se nos oiga, no somos violentos, no estamos armados, sólo queremos vivir en paz y dignamente, por eso nuestra lucha es la defensa de nuestro territorio, es una iniciativa agraria de paz, es una propuesta de producción de alimentos, de explotación de nuestros recursos de manera racional, de protección de la naturaleza, es la defensa de la Zona de Reserva Campesina del Valle del río Cimitarra.

Por eso nos encontramos en Campamento Humanitario, estamos en la sede de Unipaz-Barrancabermeja, para ser oídos.