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Movilización de desplazados en Barranquilla
Juan Carlos Sandoval / Viernes 16 de agosto de 2013
 
Los desplazados mostraron la inconformidad, protestando en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, de la ciudad de Barranquilla.

En Barranquilla, mientras para los más comprometidos es motivo de indignación, para otros es de escándalo y para muchos es inadvertido el que familias humildes campesinas y víctimas de los crímenes de Estado, poseedoras del predio El Tamarindo, municipio de Galapa, área metropolitana del Distrito, hayan decido, desde el domingo 14 de julio y por término indefinido, tomarse la puerta principal de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá para denunciar públicamente el accionar de bandas paramilitares al servicio de familias encopetadas de la ciudad, para rechazar los abusos de autoridad y en justo reclamo por el derecho de “la tierra para el que la trabaja”.

Frente a múltiples conflictos que se viven a diario en la capital del Atlántico, hoy los campesinos y campesinas han logrado vencer el cerco mediático y sacar a la luz pública la desidia del Establecimiento a la grave problemática del campo. Lo han hecho evidenciando la combinación de acciones legales e ilegales en su contra, de presión y armadas, de uniformados y paramilitares al servicio de familias de supuesta ostentación económica y familiar, que han arrasado con cultivos, casas y crías, amenazando incluso con atentar contra sus vidas e integridad física, generando terror y desesperación.

Estos acontecimientos han despertado la más amplia y comprometida solidaridad de sectores sociales y políticos, que el viernes 19 de julio del expresaron su apoyo a esta justa lucha por medio de la marcha por la paz con justicia social que partió de la Plaza de la Paz y terminó en el lugar de la toma, demostrando que sólo en la unidad es posible prender la mecha de la lucha del movimiento social político y popular.

El detonante de esta problemática han sido los reiterados abusos de autoridad, en más de 40 veces en intentar por la fuerza destruir cualquier prueba de la tenencia, posesión y derechos de los campesinos y víctimas sobre la tierra.

La audacia y decisión de los campesinos derivó en una valiente acción pacífica de toma de la iglesia de Chiquinquirá, que con la solidaridad de todos los sectores al segundo día alcanzó los logros que hasta hoy se tienen: el más importante, el compromiso de las autoridades en parar los despojos en el territorio. Este y los demás logros deben usarse en pro de fortalecer el proceso de lucha por la tierra. Luego de ese día, de parte de las autoridades, sólo ha habido indiferencia, autoritarismo, falta de voluntad política y negligencia.

Aunque los operativos de desalojo fueron parados, las autoridades siguen incumpliendo con sus funciones constitucionales, legales y compromisos adquiridos con los campesinos, tal como quedó al descubierto cuando el 31 de julio no se realizó la audiencia de seguimiento de las mesas de tierras dentro del proceso nacional de garantías, en la cual debe evaluarse el estado de desarrollo de las obligaciones del Estado para resolver de fondo la justa reclamación de los campesinos.

Frente a la valoración de los alcances se han dado caminos distintos en la misma lucha. Los habitantes del Tamarindo decidieron retornar, otros dando argumentos respetables siguen indefinidamente en la toma, todos por diversos modos avanzan en una misma lucha: la tierra y sus derechos.

En opinión de las organizaciones de derechos humanos acompañantes, no ha sido fácil, pero si titánica la acción de los campesinos. Señalan, en lo que respecta al papel que corresponde a las organizaciones sociales y políticas y a las personas en general que aportan en la lucha por justicia social, que es indispensable difundir esta problemática, concientizando y ganando la solidaridad de la opinión pública hacia la justa lucha de los campesinos y víctimas por sus derechos.

Pero lo más importante es brindar las condiciones para que se siga desarrollando y fortaleciendo el liderazgo y el protagonismo del movimiento campesino, que luego de esta jornada se prepara con acciones diversas, innovadoras y de mayor calado en su justa lucha, entre las que se encuentra como central la participación en el paro nacional agrario del próximo 19 de agosto.