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Brasil: los Sin Tierra y las elecciones
Estimular las luchas sociales y construir un nuevo proyecto para el país
 
web: MST

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (portugués: Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra), abreviado MST, es un movimiento político-social brasileño que busca la reforma agraria.

Se originó en la oposición al modelo de reforma agraria impuesto por el régimen militar, principalmente en los años 1970, que priorizaba la colonización de tierras en regiones remotas, con los objetivos de exportar los excedentes poblacionales y de la integración estratégica. Contrariamente a este modelo, el MST busca fundamentalmente la redistribución de las tierras improductivas.

El grupo se encuentra entre los movimientos sociales más grandes de Latinoamérica contando entre sus miembros a un millón y medio de campesinos sin tierra organizados a lo largo de 23 de los 27 estados de Brasil.

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Queridos amigos y amigas del MST,

Pasado el proceso electoral, escrutados los votos y conocidos los vencedores y los perdedores en las urnas, llega el momento de hacer un balance y mirar para el futuro. Más importante que contabilizar el número de parlamentarios y de gobiernos progresistas electos se hace necesario realizar un esfuerzo para analizar la situación, conquistas y desafíos para el periodo próximo.

Hace tiempo señalábamos que la izquierda iba a participar de forma dividida y frágil a estas elecciones. Las causas son innumerables, y deben ser profundizadas y mejor debatidas en los próximos meses. Mientras tanto merecen destacarse dos elementos: la decepción con el gobierno de Lula, incapaz de romper con una política neoliberal desarrollada por los gobiernos anteriores, y la forma con que algunos sectores de la izquierda copiaron la forma burguesa de hacer política, lo que resultó en una serie de denuncias de casos de corrupción y de prácticas electoreras.

Ante este cuadro, la gran cuestión era cómo nos posicionaríamos y cómo saldríamos de este proceso electoral.

Para nosotras y nosotras, para el MST, se consolidó la decisión de que deberiamos garantizar, al final de esta travesía, nuestra unidad política y nuestra autonomía frente a los partidos políticos y a los gobiernos.

La primera vuelta

La campaña electoral fue completamente despolitizada, no hubo disputas por proyectos políticos y los partidos de izquierda demostraron que no poseen estrategias organizativas, ideológicas ni politicas. El gobierno de Lula, convencido de que ganaría en primera vuelta, priorizó la divulgación de sus políticas asistencialistas y estableció un amplio arco de alianzas de izquierda a derecha. Como resultado la militancia social no fue convocada y los movimientos populares se sintieron de lado en la disputa electoral.

Diversos sectores de la izquierda y de los movimientos sociales hace tiempo que analizamos que hay un agotamiento de la democracia del estado burgués, que restringe la participación popular únicamente para los períodos electorales.

Para esas fuerzas políticas, que no desconsideran el proceso electoral, la prioridad es aumentar los niveles de organización y conciencia de la población y promover la lucha social. Elementos que son esenciales para alterar la correlación de fuerzas con la burguesía, promover los cambios y crear mecanismos concretos de participación popular directa en las decisiones legislativas y en el ejecutivo. Por eso señalamos que la reforma politica no puede quedarse en cambios puntuales, sino al contrario tener por objetivo principal garantizar al pueblo el ejercicio del poder.

La estrategia de reelección del gobierno de Lula, demostrada por la coordinación de su campaña, excluyó los debates sobre proyectos estratégicos para el país y la defensa de los intereses de clase. Este hecho, sumado al caso de la tentativa de compra de votos, ayudó a la apatía de la militancia y de las fuerzas populares que querían politizar la campaña. Por otro lado, la derecha usó sin ningún escrúpulo toda su fuerza en los medios de comunicación para aglutinarse en torno a la candidatura de Geraldo Alckmin (PSDB) y con eso consiguieron llevar las elecciones a segunda vuelta y dar energía a diversas candidaturas de derecha en los estados.

La segunda vuelta

En la segunda vuelta consideramos, junto con otros movimientos sociales, reunidos en la Coordenação dos Movimentos Sociais (CMS) y en la Via Campesina Brasil, que era posible en ese momento promover un verdadero debate de ideas, proyectos políticos y de lucha de clases. Que era preciso impedir que las fuerzas políticas reunidas en torno a la candidatura de Alckmin salieron victoriosas de esas elecciones. No compartiamos la idea de que las dos candidaturas eran iguales e indiferentes.

Había intereses de clase divergentes detrás de cada candidatura. Como mínimo la victoria de Lula representaría, simbólicamente, la victoria de la clase trabajadora, el mantenimiento de alianzas en América Latina con gobiernos progresistas y el respeto a los movimientos sociales . Este nuevo posicionamiento en el proceso electoral hizo que nos implicaramos en la campaña por la reelección de Lula. Lo que no significaba desconsiderar los errores y las fragilidades cometidas en el primer mandato. Entre ellos, la ausencia de un proyecto claro que enfrente los problemas estructurales del pueblo, como la realización de la reforma agraria.

Además de buscar la politización de la elección presidencial y de evidenciar que, independiente del gobierno Lula, estábamos en una disputa de clases, consideramos que el segundo turno de las elecciones podría servir para potenciar la participación de los movimientos populares, buscando mayor unidad en torno a la idea de la construcción de un proyecto popular para el país. Es innegable que hubo aciertos y victorias en esa decisión. La mayoría de los movimientos sociales se implicaron en las discusiones de la campaña en segunda vuelta. Pero todo eso sin ilusiones, y con la convicción cada vez mayor de que las transformaciones vendrán dadas por las acciones de la propia sociedad.

De ahí la necesidad de los movimientos populares de mantener su autonomia, elaboración teórica y capacidad de mobilización.

El nuevo mandato

Asegurado un nuevo mandato del gobierno Lula, es hora de cobrar y exigir los cambios políticos que atiendan los intereses del pueblo. El presidente, en sus primeros pronunciamientos tras la reelección, destacó la necesidad de promover el desarrollo económico asociado con medidas de distribución de la riqueza y la renta.

Esa afirmación no puede restringirse al entusiasmo de quien derrotó electoralmente a la burguesia. Es preciso que eso se transforme en acciones concretas. Eso exige una ruptura con la política económica neoliberal y. por encima de todo, un enfrentamiento con los poderosos intereses de quienes monopolizan las tierras (rurales y urbanas), las comunicaciones y el sistema financiero.

Se hace necesario también un compromiso para que se fortalezca la integración solidaria de los países latinoamericanos, de forma que se contraponga con la mentalidad colonizada de la elite brasileña y hacer frente al imperialismo estadunidense. Así debemos cobrar todavía más al gobierno reelecto, con la retirada inmediata de las tropas militares brasileñas de Haiti y la implementación de una política de ayuda solidaria al pueblo de Haití.

La reforma política es necesaria, pero para atender los intereses de la población y no de los políticos. Crear nuevos mecanismos de participación, implementar asambleas y concejos, ordenamiento participativo, plebiscitos y referendos populares.

Estos son desafíos que le corresponden al gobierno reelecto. Pero también son desafíos de las fuerzas sociales que quieren construir un país con base en la democracia, en la justicia social, en la soberania y la defensa del medio ambiente.

Desde el MST y otros movimientos sociales seguimos con nuestro papel de contribuir para elevar el nivel de conciencia y organización del pueblo brasileño. Estimular las luchas sociales para construir fuerzas unitarias alrededor de un nuevo proyecto de país: ¡este es el trabajo que tenemos en frente!

Un fuerte abrazo.