Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra
:: Magdalena Medio, Colombia ::
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Proyecto Cimitarra: apoyo solidario al campesinado del Magdalena Medio
Celia Sánchez / Lunes 28 de abril de 2008
 

“La vida no vale nada sino es para perecer,
porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama…
La vida no vale nada cuando otros se están matando,
y yo sigo aquí cantando cual sino pasara nada…”

Pablo Milanes.

Conocer a fondo la región del Magdalena Medio colombiano es aprender y aprehender del ejemplo de la resistencia pacifica de sus hombres, mujeres y niños por décadas. Lucha en la que ellos son ejemplos para Colombia y el mundo por su valentía al enfrentar a un estado que, respondiendo a los intereses de la clase burguesa, pretende desplazarlos violentamente utilizando vilmente las amenazas, el olvido y hasta la muerte.

Puerto Matilde, la aldea comunitaria que ha sido forjada por valientes campesinos y que a la vez, los ha forjado como luchadores y defensores de un sueño que el estado colombiano no ha podido matar, es un ejemplo de esta resistencia. En esta vereda, que cuenta también una historia manchada de sangre y muerte, pero además de vida y esperanzas, se desarrolló la primera parte del "Proyecto Cimitarra".

El "Proyecto Cimitarra" emerge como muestra solidaria de un grupo de amigos que conocieron del valor y la dignidad de este pueblo. Desde su formulación, fue pensado en responder a las necesidades del campesinado del Magdalena Medio para dotarlo de herramientas que aportaran a esta resistencia. Así, entre hombres y mujeres de la Sierra Norte en España y la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra en la histórica ciudad de Barrancabermeja, se comenzó a construir un sueño que nos desveló por muchas noches.

Sus objetivos fueron capacitar a los campesinos, muchos de los cuales apenas saben leer y escribir, como agentes comunitarios de salud para que prestaran una atención inicial a sus comunidades y dotar un puesto de salud con los medicamentos y materiales así como algunos equipos para que pudieran desarrollar su quehacer.

Para esto, desde la Sierra Norte un grupo de hombres y mujeres trabajaron en la consecución de recursos. Fiestas, conciertos y charlas fueron actividades que ocuparon varios meses para ellos. La planeación, desde una postura simétrica y de respeto, se adelantó desde la lejana España y la caliente Barrancabermeja.

Vista del valle del río Cimitarra.

Su formulación partió desde los postulados de la educación popular pensada como generadora de herramientas de construcción de poder y emancipación como es el conocimiento, y la educación en salud como "…Un proceso que promueve cambios de conceptos, comportamientos y actitudes frente a la salud, a la enfermedad y sus riegos; y que implica un trabajo compartido que facilita al personal de salud y a la comunidad la identificación y el análisis de problemas y la búsqueda de soluciones de acuerdo con su contexto socio-cultural, económico y político". (Rojas V. y colaboradores. "Metodología educativa propuesta con participación de la comunidad para solucionar problemas de salud". Revista de la facultad de medicina Universidad de los Andes. Bogotá, 1995).

Así, educar se convirtió en dialogar para permitir el crecimiento para proporcionar la oportunidad de ser personas capaces, dignas y libres de vivir una vida como la han decido vivir. Educar desde el respeto a los saberes culturales y partiendo de ellos, pensando el empoderamiento "desde" y no "para" los campesinos. Desde esta perspectiva, fueron quince días de intenso trabajo, intercambios y aprendizaje mutuo: desde el saber profesional y la inmensa riqueza del conocimiento campesino.

¿Cual es el resultado de todo esto? Los resultados se pudieran medir en cifras y me permito citarlas:

- Un puesto de salud dotado con medicamentos y materiales sanitarios.

- Ocho veredas que cuentan con un botiquín para la atención inicial.

- Veintidós hombres y mujeres con conocimientos para brindar una atención inicial, la clasificación y el seguimiento de los problemas de salud más comunes en la región.

Y quizás, pudiera cuantificar muchas cosas más, pero desde el lenguaje y la sabiduría del campesino de la región, posiblemente, además de lo anterior, creo que los resultados apuntan más hacia el aporte a la consolidación de un proceso real de empoderamiento en el campesinado y proporcionar acompañamiento solidario de una resistencia de mucho tiempo.

Y sí, de pronto esto último no significaría nada importante para alguien que no conozca la historia del Magdalena Medio. Pero para los campesinos, que viven hoy con mayor fuerza la represión de la política de terrorismo de estado, que son acusados de "subversivos" por el hecho solo de reclamar y defender sus derechos a una vida digna y a la tierra que trabajan, sí tiene un valor imposible de cuantificar.

¿Cuál es el futuro del "Proyecto Cimitarra"?

Creo, sin temor a equivocarme, que el sueño que inició en el 2007, sigue muy vivo. Por esto, nos permitimos continuar soñando.

Uno de los retos es convertir el proyecto inicial en un programa integral, con una continuidad en el tiempo. La sostenibilidad solo dependerá del trabajo mancomunado y las capacidades de autogestión de todos. Extender esta experiencia con otros pueblos amigos de Colombia y de América Latina, concretará el anhelo de construir una "Red latinoamericana de agentes comunitarios de salud".

Dinamizar el grupo de agentes de salud capacitados en las difíciles condiciones del Magdalena Medio, interlocutar con las juntas acción comunal veredales y con entidades para lograr el apoyo para la continuidad del programa, darlo a conocer e implementarlo este año en la región y en otra zona rural de Colombia, son otras de las metas fijadas.

Si pudiera expresar en una frase lo que para mí ha significado y he aprendido del campesinado del Magdalena Medio es que "Resistir es una manera digan de existir". Sin dudas el "Proyecto Cimitarra", es una propuesta de dignidad.