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Lecciones de un paro nacional agropecuario y popular que no termina
Nelson Lombana Silva / Miércoles 18 de septiembre de 2013
 

El Paro Nacional Agropecuario y Popular, que todavía no ha terminado en Colombia, trae un sinnúmero de lecciones de carácter social, política e ideológica que debemos analizar detenidamente con el fin de determinar su impacto y su grado de desarrollo en la lucha de clases y en el histórico proceso revolucionario hacia el acumulado que nos permita establecer objetivamente la correlación de fuerzas para destruir el alicaído régimen capitalista y la construcción promisoria de la democracia y del socialismo.

Desde un principio los comunistas dijimos en el Tolima que este era un paro reivindicativo pero también político. No era una lucha meramente economicista, era también una lucha política, por cuanto se estaba enfrentando la criminal máquina del Estado Capitalista.

Si bien es cierto que algunos sectores se sostuvieron en la tesis meramente reivindicativa, es decir, economicista, es cierto también que fuerzas democráticas y de izquierda acompañaron la tesis de los comunistas de que el paro tenía, igualmente, una sensible connotación política. Sobre todo cuando se dieron cuenta que campesinos molidos literalmente por la criminalidad del cuerpo represivo antidisturbios, Esmad, señalaban que era pertinente reelegir al más criminal de los presidentes que ha tenido Colombia en los últimos años. Solo ahí dimensionaron la importancia de la politización de las masas campesinas y populares.

Se trataba de convencer a miles de labriegos que la tragedia del campo y del campesino bajo el capitalismo es producto de decisiones políticas; luego, era improcedente establecer divorcio entre la lucha económica y la lucha política.

Ese matrimonio, sobre todo en el sur del Tolima, permitió la resistencia heroica de miles y miles de campesinos y campesinas, a pesar del horror de la represión del Estado, la inclemencia de las altas temperaturas e incluso, por momentos, débiles orientaciones colectivas.

Varias cosas para destacar:

1. La vigencia de la lucha de clases, descubierta y desarrollada creativamente inicialmente por el marxismo – leninismo;

2. La criminalidad del sistema capitalista. Una vez más quedó claro que el Estado Capitalista es un aparato o máquina al servicio de la burguesía. Que las fuerzas armadas, (Policía, Ejército Nacional, Esmad, Sijín, Paramilitares, Sapos e Informantes) no están para defender los intereses del pueblo, están para proteger los intereses económicos de la oligarquía, las multinacionales y transnacionales. Bajo la doctrina de la seguridad nacional le dieron a la justa protesta social tratamiento militarista de principio a fin;

3. Se demostró en la práctica que solo la unidad, en sus distintas expresiones, especialmente la unidad con base en la acción, es el camino para romper el muro de la infamia en que esta casta oligárquica nos ha tenido sometido durante largos y azarosos siglos. Ninguna fuerza de izquierda por sí sola puede en las actuales circunstancias erigirse en única, es decir, en alfa y omega. En cambio, en unidad sin sectarismos y sin estúpidas exclusiones, sí es capaz la izquierda colombiana de ser opción de poder y disputarle la eterna hegemonía a la derecha;

4. Se demostró también que la táctica de unir rebeldías es el camino; fragmentar la lucha sindical, social, económica y política es un error catastrófico, porque entre sí hay una relación estrecha, profundamente dialéctica que hay que comprender con claridad y precisión. Solo así, es posible hacer una lectura amplia y global de esta histórica manifestación campesina y popular;

5. Se avanzó bastante en la comprensión de que el enemigo de clase es la clase capitalista, el régimen y que las contradicciones del pueblo se resuelven en la práctica, en la acción; bien lo dijo Carlos Marx: “Todo problema teórico se resuelve en la práctica”;

6. Se aprendió que el enemigo de clase no da nada voluntariamente, es decir, por las buenas; todo es fruto de la lucha campesina y popular, de la unidad, la organización, la politización y la decisión de construir un sistema distinto al criminal que tenemos, es decir, levantar la construcción del sistema socialista. Es indudable: El pueblo es invencible, lo demostró y el galope de la unidad avanza por campos y ciudades, llanuras y montañas;

7. Aprendimos también a dimensionar mucho más la importancia de los diálogos de paz que se vienen desarrollando en la Habana con la FARC – EP y el gobierno Santos. Quedó claro que la violencia de Estado es producto, precisamente, de su incapacidad de resolver las necesidades sociales y económicas y ante su incapacidad cada vez más evidente, su única herramienta mostrada es la profundización de su criminalidad. Pero, el campesino ha ido acumulando fuerzas para enfrentar este ogro. Más temprano que tarde la torta se invertirá. Soy leyes objetivas relacionadas con el desarrollo de la humanidad;

8. Se viene ganando una gran batalla e igualmente, creando las condiciones objetivas y subjetivas para ganar la guerra total y construir la paz con justicia social. Los pueblos cuando se deciden a romper sus cadenas de la opresión, son invencibles. Por eso, el deber de los comunistas es sintetizar creativa y dialécticamente este rico acumulado y profundizar la lucha unitaria.

9. ¡Qué bellas lecciones nos ha dado este paro nacional agropecuario y popular que todavía no ha culminado en la república de Colombia!