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El editorial de Serpa Uribe sobre la paz
Agencia de Noticias Nueva Colombia / Miércoles 18 de septiembre de 2013
 

El político liberal Serpa Uribe, ahora cabeza de la campaña liberal para senado de la república, escribe en su portal “La Ola Política” el editorial titulado “¿Quién apaga la licuadora?” en donde, después de hacer una acomodaticia, falaz y “muy liberal” interpretación de lo sucedido en Venezuela, la experiencia del ascenso electoral de Hugo Chávez, y del socialismo del siglo XXI, pasa a analizar la histórica y profunda crisis política y social de Colombia, puesta en evidencia por el paro agrario y popular iniciado el 19 de agosto y la terrible incapacidad de la clase dirigente colombiana para resolverla; para luego, arropándose con el manto de la paz, solicitar al movimiento social y popular en general y, en particular, al movimiento político y social Marcha Patriótica y a las mismas FARC, que para salvar el proceso de paz en La Habana deben, también, salvar la popularidad del presidente J.M. Santos y su embolatada reelección.

¡Tamaña responsabilidad les ha asignado!

Olvida el editorialista, primero que todo que, la movilización social y popular, muy a pesar de las provocaciones del ministro Pinzón y del propio presidente Santos,; es independiente de las FARC. Que tiene sus propios dirigentes, sus propios objetivos específicos, y su propia agenda.

Precisamente la estrategia del estratega de pacotilla Pinzón y de su jefe el presidente; fue inicialmente acusar falsamente, o con pruebas falsas a los dirigentes campesinos de ser miembros de las FARC (caso Cesar Jerez y caso Húber Ballesteros, hoy prisionero político), para luego pasar a infiltrar la movilización social con tiras, reinsertados y sapos, policías y soldados profesionales, para que disfrazados de encapuchados la sabotearan y, entonces, las Fuerzas Armadas que dirige pudieran, amparados con el fuero militar recientemente aprobado, actuar militarmente sobre blancos legítimos y terroristas.

Segundo: que todo el diseño del proceso de paz de La Habana, como rodearlo de agua por todas partes, negociar en medio de la guerra, nada está acordado hasta que todo esté acordado, etc., fueron prácticamente “apuestas” o imposiciones a la contraparte del gobernante eufórico y en alza porque había ordenado dar muerte a Alfonso Cano.

Tercero, que el gobernante, hoy en la licuadora descrita por el editorialista, continua con sus “apuestas de tahúr resteado” adelantando unilateralmente dentro del parlamento colombiano dos leyes que tienen repercusión directa sobre el proceso de La Habana, como son la ley llamada Marco para la Paz y la ley del referendo coincidente con su reelección presidencial. ¿A cuento de qué, o mejor, por qué deberían las FARC apoyar algo que no ha sido discutido con ellas previamente o no se ha acordado nada sobre estos dos temas, cuando precisamente una asamblea constituyente puede ser la salida política a esta crisis?

Por último, también olvida el editorialista que la movilización social y popular es un proceso histórico y social gestado por la incompetencia y mal gobierno de la clase gobernante durante muchos años, y es una respuesta legítima y legal de los ciudadanos del común reclamar un mejor gobierno y un mejor futuro para sus hijos y descendientes.

Y si la actual clase gobernante colombiana no ha sido capaz y hoy tampoco es capaz de darles soluciones efectivas, debe según las reglas de la democracia burguesa vigente, que tanto invoca, dejar el lugar a los relevos y a los verdaderos representantes alternativos de los intereses ciudadanos. Sin chanchullos electorales como hasta ahora se ha hecho y con plenas garantías que nunca se han dado.

No es responsabilidad de los ciudadanos del común el desgobierno, ni la sangrienta represión militar, y mucho menos prolongar en contra suya un modelo de desarrollo basado en la ruina y la miseria para los de abajo, como lo impone el neoliberalismo de los TLC gobernante. Tampoco es responsabilidad de los ciudadanos del común si el “tahúr resteado” no es capaz de sacar adelante el proceso de paz de La Habana. Colombia no es el Japón donde se le impone a las personas suicidarse con un harakiri.

En cambio sí será responsabilidad de los ciudadanos del común seguir impulsando la movilización social y popular con sus consignas unitarias y amplias de paz con justicia social, democracia y soberanía, hasta imponerlas. Sin dejarse amedrentar por el coco mediático de Uribe Vélez. Si el Ublime gamonal del Ubérrimo no logró derrotar al pueblo colombiano en ocho años, cuando tenía todos los gringos a su favor, mucho menos lo hará ahora que tiene un pie en una celda carcelaria, hay un movimiento social y popular en marcha, y los gringos en retroceso.