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Los apremios del capital
Rodrigo López Oviedo / Martes 24 de septiembre de 2013
 

El régimen burgués está hecho para defender los intereses de la burguesía, así deba acudir a mentiras para dar a entender lo contrario.

Cuando se privatizó el Seguro Social, el presidente de entonces -ese de ingrata recordación, el mismo del poncho y el perrero- y alguno de sus ministros estrella, ahora estrellado en los tribunales, defendían la conveniencia de tal medida con el argumento de ponerle coto a la ineficiencia de ese organismo. Años después, las fórmulas de solución, cargadas de EPS, IPS y demás engendros, en lugar de solucionar, agravaron el problema.

Igual ocurrió con la privatización de Telecom, a la cual se le endilgaba incapacidad para hacerle frente a los retos de la telefonía móvil, por estar anclada en un modelo de telefonía fija llamado a desaparecer. Por el contrario, ni ha desaparecido la telefonía fija, ni los usuarios se encuentran satisfechos con los prestadores privados de hoy, como bien lo demuestra el número creciente de ciudadanos que tienen que reclamar por sus pésimos servicios.

Estos son solo dos ejemplos, aunque tal vez los más lamentados y lamentables entre los muchos por los que ha tenido que transitar la vida institucional del país en estas dos décadas de ensañamiento con los bienes públicos, pues son muchos más los casos lamentables de privatización que se han dado.

Por lo que respecta a Ibagué, bien es sabido que prácticamente se quedó sin entidades prestadoras de servicios públicos, ya que, salvo el IBAL, todas fueron entregadas a empresas privadas, en cuya composición accionaria es prácticamente inexistente la participación del capital local.

Esto no quiere decir que el IBAL esté salvado. Por el contrario, cada vez es más frecuente el comentario acerca de la privatización de algunas de sus áreas, como el de la comercialización de servicios, lo cual colocaría la joya de la corona en manos oligárquicas, dado que por su alto costo, son las únicas que podrían posarse en ella.

Pero los apremios del gran capital no cesan. Ahora resulta que hasta ese rinconcito amable de Ibagué al que acuden las juventudes ansiosas de triunfos a preparar sus cuerpos para la competencia en las más variadas disciplinas, y del cual han salido muchos campeones para gloria de la región, ese rinconcito amable que conocemos como la Unidad Deportiva, y en el que hay piscina olímpica, coliseo cubierto, canchas varias y varias sedes de ligas, pretende ser privatizado también, para abrirles paso a nuevos centros de consumo y vivienda de élite. Pero todos sabemos lo que se perdería con esta privatización y entre todos impediremos que se consume. No permitiremos que la juventud sea sacada de allí.