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Carlos A. Lozano Guillén, candidato al senado por el Partido Comunista
“El momento es propicio para la unidad”
Carlos Lozano, director de VOZ, habla de la agitación social y popular, de la Unión Patriótica, la unidad de la izquierda, las elecciones y del “anticomunismo de todos los pelambres”
Semanario Voz / Jueves 26 de septiembre de 2013
 

–¿Cómo ve el proceso político tan agitado en las pasadas semanas?

–El país vive un momento político especial. Hacía tiempo que no se vivía una situación de tanta agitación social y con profunda repercusión política. El paro agrario y popular fue la expresión de la inconformidad social acumulada en tantos años y retroalimentada en la incapacidad del gobierno de Santos de resolver con métodos democráticos la crisis del país.

Como es lo acostumbrado en el régimen antidemocrático y violento en Colombia, la enfrentó con la represión. Después de 12 manifestantes muertos por la furia criminal del Esmad, de centenares de heridos y de detenidos, el Gobierno tuvo que dialogar para buscar una salida pacífica y democrática como lo planteaban los promotores de la protesta popular.

–El Gobierno y los militares acusaron a Marcha Patriótica tanto de la protesta como de los desmanes. ¿Por qué?

–Es el viejo expediente macartista para descalificar y penalizar la lucha social. El sistema dominante es el mismo, continúa siendo una caricatura de democracia. Esta y la justicia social son la clave para la paz estable y duradera. Para el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y los mandos militares y de policía, Marcha Patriótica es una obsesión, quizás porque arrancó con tanta fuerza y arraigo social y popular, es la alerta temprana de cambios en el país ante la presión de las masas y eso quieren detenerlo de cualquier forma.

Recordemos los antecedentes del genocidio de la Unión Patriótica: fue el mismo, iguales señalamientos, idéntico tratamiento. Eran otros los personajes y voceros del militarismo. Húber Ballesteros está en la cárcel y tratan de montar procesos judiciales contra otros dirigentes populares. El mismo procedimiento, ni siquiera tienen imaginación.

El “pacto agrario”

–¿La lucha continúa?

–Claro que sí. Se impuso el diálogo. Santos quería excluir a la MIA con el cuento de que es la Marcha Patriótica, pero al final tuvo que aceptar su interlocución. En ese momento se levantaron los bloqueos y se respiró otro aire. Pero el estado de alerta se mantiene. Si el Gobierno no resuelve el pliego de seis puntos vuelve la anormalidad, es lo que advirtieron los campesinos. Estamos ante un movimiento agrario acostumbrado a la lucha y a la resistencia.

En eso no se puede equivocar el Gobierno y mucho menos cantar victoria. La lucha es larga y ahora el diálogo estará acompañado de la presión de masas. En octubre se realizará la Cumbre Agraria y Popular y serán miles de delegados en Bogotá, en representación de millones de trabajadores del campo y la ciudad. El torrente de la lucha popular no lo frenan ni con engaños, ni con represión.

–¿Fracasó el “pacto agrario”?

–Fue flor de un día. Un “pacto agrario” sin campesinos no funciona. Solo se le ocurre a Lucho Garzón, siempre tan chistoso. El pacto gubernamental fue con ganaderos y latifundistas que nunca creen tener llenos los bolsillos en su ambición voraz, como lo demostró el botín del AIS uribista.

La Unión Patriótica

–A propósito: ¿Cómo ve el futuro de la Unión Patriótica?

–Muy bien. Con renovados esfuerzos en la arena política después del reconocimiento de la personería jurídica. El V Congreso, en noviembre próximo, con los legítimos representantes, seguramente trazará la línea de acción en dirección a las tareas de la paz, la unidad de la izquierda y la reparación integral. La UP tiene razón de ser en estas tareas prioritarias y en involucrarse en los proyectos de unidad que están en marcha.

–¿Por qué “legítimos representantes”?

–Porque ahora resultaron muchos avivatos tras la personería jurídica de la UP. Quieren aprovechar la feria de avales como un negocio. Bien conocemos a los personajes que promovieron el congreso fracasado: unos son oportunistas y otros están engañados. No todos actúan de mala fe.

La legitimidad la tienen Ómer Calderón, Felipe Santos, Jahel Quiroga, Aída Abella, Hernán Motta, Beatriz Gómez, Nolasco Présiga, entre otras personas, que jamás desfallecieron en la batalla por la reparación integral y la demanda por el genocidio. ¿Dónde estaban los que desconocen la legitimidad cuando Jahel Quiroga, directora de Reiniciar, con el poder de la Unión Patriótica y del Partido Comunista Colombiano, instauró la demanda de genocidio en la Comisión Interamericana de DD HH?

–¿Cuál es la posición del Partido Comunista Colombiano?

–Respalda a la dirección legítima. El Partido Comunista Colombiano fue –y es- el pilar fundamental de la Unión Patriótica. El 90% de los asesinados eran dirigentes y militantes del partido. El genocidio de la Unión Patriótica fue el genocidio del Partido Comunista Colombiano. No puede haber UP sin PCC, así de sencillo, y eso lo deben entender los anticomunistas de viejo y nuevo cuño. Hay quienes creen que al Partido Comunista lo pueden excluir de la Unión Patriótica. Es un imposible histórico y moral.

El caso de César Pérez

–A usted no le gusta hablar del tema pero lo acusan de haber declarado a favor de César Pérez García. ¿Qué dice al respecto?

–Es una mentira, una vil calumnia. Fui citado por la defensa de Pérez García para dar fe de la autenticidad del ejemplar de VOZ en que Manuel Cepeda hizo la crónica sobre la masacre de Segovia. Mi declaración era casi notarial. Lo que pasa es que la defensa quiso utilizarme para que dijera que César Pérez era inocente y la abogada de las víctimas para que asegurara lo contrario. Esta última, con aseveraciones acomodadas e infundadas contra el Partido Comunista, Manuel Cepeda y parlamentarios de la UP de la época como Iván Márquez y Braulio Herrera.

No me correspondía absolver o condenar a César Pérez, pero dejé en claro que la masacre fue perpetrada por el paramilitarismo con la complicidad de militares, policías y dirigentes políticos regionales. Más claro no canta un gallo.

–¿Por qué entonces la versión?

–Porque algunos integrantes de ONG, anticomunistas de todos los pelambres, regaron la calumnia por las redes sociales. Cuando fui elegido candidato al senado arreció de nuevo la campaña. A la cual se unieron los oportunistas que se quieren apoderar de la UP. Un tal Sebastián y hasta un individuo que se autoproclama teórico y hace ostentación de tener una web más leída que VOZ me calumnia con un lenguaje bajo, impropio de las calidades académicas que dice tener. También hay gente descompuesta conocida de autos. No conocen o tergiversan la declaración que rendí.

–¿Cuáles son sus nombres?

–No vale la pena mencionarlos. Como El Quijote: de sus nombres no quiero acordarme. Debo aclarar que esto fue tratado con la Comisión de Garantías del PCC e hice una autocrítica porque acepté que lo mejor hubiera sido no declarar y asumir el desacato. Soy un revolucionario y jamás le he tenido miedo a la cárcel.

La campaña electoral

–¿Cómo va la campaña electoral?

–Bueno, estamos en la etapa de construir la unidad de la izquierda y sectores democráticos. No es fácil, lo paradójico es que debería serlo por el clima de agitación social y popular. El momento es propicio para la unidad. Pero seguimos trabajando en la perspectiva de construir un movimiento alternativo, unitario y con opción de poder en las dos elecciones del próximo año. Esperamos que prospere, es posible y es necesario. Es el desafío de la izquierda.

–Y de la paz ¿qué?

–El proyecto unitario debe estar en el camino del frente amplio por la paz. Es lo fundamental en el proceso político colombiano. Ante las vacilaciones y debilidades del Gobierno, que quiere imponer el marco jurídico y el referendo con afanes reeleccionistas, de este lado debemos promover la más amplia movilización por la paz con democracia y con justicia social en el camino de la asamblea nacional constituyente. Pero la paz es posible, depende de los cambios que permitan fortalecer la democracia y una mayor justicia social. He ahí la importancia de la unidad de la izquierda y de la necesidad de un nuevo poder democrático y popular.