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La extradición de los sicarios: Del ventilador a la caja negra
César Jerez / Martes 13 de mayo de 2008
 

Extraditados Mancuso, Don Berna, Jorge 40, Gordo Lindo, Cuco Vanoy y otros nueve jefes de escuadrones de la muerte.

Con la matutina extradición de hoy de catorce capos del narcotráfico y de los escuadrones de la muerte se confirma que la “justicia negociada” de los Estados Unidos es el eslabón que cierra la larga cadena de mecanismos de impunidad que garantizan la perdurabilidad de las prácticas de terrorismo de estado y del estado mafioso en Colombia.

La extradición de los servidores del paramilitarismo de Estado impide que se establezca la verdad y se haga justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos. Están matando o se están llevando a todos los testigos. Finalmente los asesinos solo enfrentarán cargos por narcotráfico y negociarán sus penas a cambio de información. La intencionalidad de la extradición es obvia: impedir que los sicarios terminen de vincular a los autores intelectuales de la guerra sucia en Colombia: políticos, militares y empresarios nacionales y multinacionales.

La extradición se complementa con un sofisma de distracción. De un lado, se trata de apagar el “ventilador” de las versiones libres de los paramilitares que tienen en la cárcel a decenas de congresistas uribistas y que habían empezado parcialmente a revelar el escabroso concubinato sicarial-estatal que permitió que decenas de miles de colombianos fueran asesinados durante los últimos 28 años. De otro lado, se busca construir una cortina de humo continental que vinculen con las FARC a los gobiernos de Nicaragua, Ecuador, Venezuela y eventualmente Paraguay, para hacer ver a las administraciones progresistas de Latinoamérica como regímenes al servicio del terrorismo y el narcotráfico.

Los computadores portátiles que resisten bombardeos en acciones ilegales por fuera del país y otros supuestamente incautados a los guerrilleros sin ninguna cadena de custodia configuran una enorme “caja negra” de donde salen acusaciones contra todo aquel que no sea uribista o no comparta los intereses de los Estados Unidos: liberales de piel negra, ex –guerrilleros, parlamentarios, conversos, miembros de la corte, facilitadores de acuerdos humanitarios, mediadores de paz, dirigentes sociales, defensores de derechos humanos, víctimas y los presidentes de los países mencionados.

La “caja negra” tiene en los grandes medios de comunicación colombianos, gringos y españoles (El País, The Washington Post, El Tiempo, Caracol, etc.) una caja de resonancia mucho más grande y negra que prepara a la “opinión” para la radicalización de las agresiones contra el gobierno de Chávez y la instalación de una base militar de los Estados Unidos en Colombia, que se trasladaría de Manta, Ecuador, a La Guajira, en la frontera con Venezuela.

Tan pronto se supo de la extradición de los sicarios, el corifeo locutor Darío Arizmendi, de Caracol Radio, una empresa del grupo español Prisa, se apresuraba a manifestar que el hecho “da a entender que ninguna banda delincuencial puede más que la justicia”. Después de catalogar de ingeniosa la decisión, anunciaba para mañana una subida en la popularidad del capo de otros 5 puntos. Todo parece indicar, al paso que vamos, que Uribe entrará al fascinante mundo de los records Guiness como el único presidente en alcanzar el 100 por ciento de popularidad en toda la historia de la humanidad.