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Las dificultades de la mesa de conversaciones en La Habana y los ruidos que hacen distintos actores externos
Alejo Vargas Velásquez / Domingo 6 de octubre de 2013
 

Las últimas semanas han estado plagadas de noticias alarmistas alrededor de las conversaciones de La Habana entre el Gobierno del presidente Santos y las FARC-EP, para buscar la terminación del conflicto interno armado. Y me parece necesario, para hacerse una mejor idea de lo que allí estaría sucediendo, diferenciar las dificultades y tensiones propias de la negociación, de las actitudes, a veces incoherentes, de distintos actores sociales y políticos.

Me parece que efectivamente hay dificultades en la Mesa de Conversaciones, pero las hay porque justamente han avanzado las conversaciones y tienen ante sí problemas complejos y difíciles a resolver las dos delegaciones. Si estuvieran solamente haciendo retórica no habría dificultades porque no estarían cerca de la construcción de acuerdos. Y desde mi perspectiva hay dos problemas difíciles acerca de los cuales las dos delegaciones deben construir acuerdos: el tema del tratamiento jurídico y el de la refrendación de los acuerdos.

El tema jurídico tiene que ver con la siguiente tensión en la cual se sitúa el conflicto armado colombiano: este es un conflicto que viene desde el período de la guerra fría -época en la cual estos conflictos se resolvían acudiendo a la figura del delito político y su correlato, la amnistía y el indulto como figuras de olvido y perdón-, pero terminada la guerra fría empezó a debilitarse la figura del delito político hasta su virtual perdida de entidad con el supuesto que contra una democracia no se podía aceptar ningún alzamiento en armas y estas tesis empezaron a tomar fuerza y se comenzó a situar a los alzados en armas -especialmente después del 11/9 de 2001- como incursos en la categoría ambigua del terrorismo. El elemento positivo de estos nuevos tiempos es que se sitúa a las víctimas como centrales de los procesos de reconocimiento, verdad, justicia y reparación. Todo este cambio normativo internacional, claramente dificulta la construcción de acuerdos de salidas políticas a los conflictos armados y por lo tanto encontrar una figura jurídica que haga un balance entre paz y justicia, no es sencillo y por lo consiguiente son entendibles los esfuerzos del Gobierno por construirla alrededor del llamado Marco Jurídico para la Paz, pero igualmente es comprensible la tensión en el lado de las FARC porque no se esté buscando una salida conjunta al problema.

Algo similar sucede con el tema de la refrendación de los acuerdos y las FARC han considerado que la mejor garantía de seriedad en ese sentido sería una Asamblea Nacional Constituyente, siempre ubicados dentro de los mecanismos de nuestra Constitución Política, -lo cual es algo a resaltar partiendo de que se trata de grupos alzados en armas justo contra nuestro ordenamiento jurídico-; el Gobierno parece inclinarse por la figura del referendo constitucional y busca, con razón, poderlo realizar en coincidencia con las elecciones de Congreso o Presidente -entre otras justificaciones por la fuerte tendencia abstencionista de los colombianos y buscar así garantizar un mayor nivel de participación-. Por supuesto la solución seguramente será una mezcla de diferentes mecanismos de participación ciudadana de los que establece nuestra Constitución y eso es algo que las delegaciones en la Mesa de Conversaciones deberán construir. Esto, igualmente, es parte de la preocupación que refleja la misiva del jefe de las FARC, Timoleón Jiménez de la semana anterior.

Y está el problema del tiempo y efectivamente hay unos tiempos políticos que preocupan al Gobierno porque la realidad, y hay que invitar a los colombianos a repasar la experiencia del país en este campo, las políticas de búsqueda de terminación del conflicto armado en Colombia han sido de Gobierno y nadie ni nada garantiza que al iniciarse otro Gobierno se vayan a continuar. En marzo próximo tendremos otro Congreso y en mayo otro Presidente o el actual si los colombianos lo re-eligen. Eso explica la preocupación del Gobierno para que el ritmo de las conversaciones avance y además el desgaste que tiende a llevar en la opinión de la sociedad un proceso de conversaciones prolongado. Por su parte las FARC, consideran que la terminación del conflicto armado, un conflicto de medio siglo de duración, no puede ser presionada por el tiempo y hay que tomarse el necesario para analizar con cuidado las alternativas de solución. Ahí existe una objetiva tensión que las delegaciones deben manejar, pero que por momentos sale a los medios de comunicación.

Frente a las anteriores dificultades y tensiones aparecen las posiciones de los medios de comunicación –a veces incoherentes- y de sectores sociales y políticos. Varios medios de comunicación que andan en la búsqueda de construir tensiones artificiales, porque informar que las cosas andan bien, según ellos, no es noticia o no lo suficientemente atractiva, igualmente tienden a exagerar y en ocasiones a distorsionar los pronunciamientos de las partes y a tratar de crear tensiones o enfrentamientos donde no existen. Pero, ellos están en lo suyo y es entendible. En ese sentido, las dos delegaciones lo que deberían hacer es mejores comunicados de sus posiciones y puntos de vista.

De otra parte, los sectores que se oponen claramente a la solución política negociada -aunque no lo digan de manera abierta, porque lo consideran políticamente incorrecto-, aprovechan estas dificultades para predicar a los cuatro vientos que ese proceso hay que acabarlo, que los terroristas no tienen voluntad como según ellos lo advirtieron, que el proceso está mal diseñado; todo lo que ayude a crear confusión en la opinión, bienvenido para ellos y realmente lo que sueñan estos sectores es con una victoria que se parezca a un exterminio militar y una capitulación de los vencidos. Estos sectores de manera calculada se asumen como voceros de las víctimas, pero con dos desviaciones sólo se preocupan por las víctimas de un sector de la confrontación armada y en segundo lugar, no parece interesarles las víctimas que se seguirían produciendo a futuro si el conflicto armado no se termina de la manera más rápida posible

Por último tenemos una serie de sectores en teoría partidarios de la solución negociada, pero que con su actitud o pronunciamientos realmente terminan debilitando la opinión favorable o haciéndoles el juego a los adversarios. Porque apoyan es un proceso de conversaciones imaginario, el que construyen en su cabeza, con el gobierno que sueñan, la participación de la sociedad que desearían y seguramente con la insurgencia idealizada. Pero, la realidad lo que nos dice es que el proceso de conversaciones real y el cual hay que apoyar es el existente con el Gobierno que tomó el riesgo político de iniciarlo y sacarlo adelante, con el diseño y agenda que las partes acordaron, con la guerrilla existente -mezclada en actividades delincuenciales, claro, pero la insurgencia realmente existente-. Por ello creen que debilitar al Gobierno no afecta las conversaciones, o que es más importante resolver un problema de coyuntura o de egos personales, como el problema de un umbral electoral o la candidatura presidencial de alguien, que terminar el conflicto armado que afecta a todos los colombianos.

El problema no me parece que sea la mezcla entre conversaciones de paz y elecciones, el problema central es que no se ha definido claramente, ni por los partidos de la coalición de gobierno, ni por los que se autodenominan alternativos o ’tercerías’, ni por la izquierda política, que la prioridad nacional debe ser la terminación del conflicto armado y la construcción de paz y teniendo claro que eso no concluye con la firma de los acuerdos, sino que allí se inicia una fase tan importante como la anterior, que es la de implementación de los acuerdos y esto requiere un Gobierno comprometido y dispuesto a jugarse políticamente por los mismos; una coalición política sólida que apoye estos esfuerzos de terminación del enfrentamiento armado para avanzar en la construcción de paz.

Pero, igualmente exige que la insurgencia, que sin duda ha sido parte y responsable de los daños producidos por el conflicto armado, tenga claridad de las dificultades que el proceso tiene por delante y entienda que su aporte es fundamental, contribuyendo con realismo a construir los acuerdos y a crear una opinión favorable al proceso de terminación del conflicto armado.

La responsabilidad de sacar adelante este proceso de conversaciones es de los dos, Gobierno y guerrilla; los colombianos amigos de la paz y la comunidad internacional que nos acompaña en ese esfuerzo, debemos apoyar sin peros el desarrollo del mismo y ayudar a construir opinión favorable.