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Los fantasmas del pasado
Alberto Pinzón Sánchez / Martes 22 de octubre de 2013
 

Con la caída de uno de los edificios más lujosos de Medellín, este 12 de Octubre, el que fuera construido, “combinando todas las formas de hacer chanchullo”, por el ultra poderoso casa-teniente y constructor antioqueño Villegas Moreno el “Padrino” real de Uribe Vélez, se ha aumentado entre la clase dominante colombiana la sensación de derrumbe. Acrecentada por la combativa movilización social (que no cede) y por la última encuesta de Datexco de 10 de septiembre 2013 (1) donde se establece nada menos que el 78 % de los colombianos no votaría por la reelección de JM Santos. ¡Zipote Chillón!

Varias cosas han determinado el “barrigazo” del Presidente colombiano contra la realidad: En primer lugar su tardío reconocimiento (después de la sublevación del Catatumbo, del Paro Agrario y Popular de agosto y del actual alzamiento Indígena) de que no bastaba con reconocer simplemente que en Colombia había un centenario conflicto armado, sino que le faltó el meollo para haber entendido que este también era social.

¿Cuantas veces en los últimos 12 años, no escribimos casi de forma ritual y semanalmente sobre “el histórico conflicto social y armado de Colombia y su Solución Política”? Bueno, pues ahí está el histórico conflicto social y armado en su plenitud en toda Colombia y como diría Marx, “trayendo los fantasmas del pasado”. No es sino mirar la foto de arriba.

En segundo lugar, derivada de la anterior incomprensión y por la inercia de muchísimos años del militarismo criollo y de sus abastecedores estadounidenses con grandes intereses geoestratégicos y financieros sobre la esquina Colombiana, se siguió el sambenito de creer que todo se resolvía a tiros y bombazos; sin entender que la Insurgencia estaba haciendo una adecuación adaptativa para adelgazarse militarmente y no seguir dando blanco a las bombas ultra-tecnológicas, y para dedicarse a las labores políticas y organizativas clandestinas del Partido Comunista Clandestino ( el mismo que obsesionó y enloqueció al mi-general Mantilla y a propósito, ¿ qué se hizo?)

Pero no. Pudieron más la mentalidad yankee del “body counter” y los litros de sangre para medir el éxito oficial de la guerra. Y ahí está: cómo si fuera un parte de guerra de las Farc, pero esta vez dado por la revista del mismo sobrino del presidente Santos, en un artículo de la revista Semana titulado “Sube la guerra de baja intensidad con la guerrilla” (2), en donde se da cuenta de la entrada plena de esta organización político-militar en el manejo actualizado y de resistencia sin riesgos a la guerra asimétrica librada por el Imperialismo contra el Mundo y en concreto, contra el pueblo colombiano a través de 9 grandes bases militares de que dispone.

Con semejantes errores de apreciación y cálculo, tanto políticos como militares, JM Santos como buen jugador de naipe creyó (o los cháfaros como Padilla le hicieron creer) que la Insurgencia en especial las FARC estaban (como decimos en Colombia) ”a tiro de As” y que no era sino hacer un poquitico de presión militar para lograr su rendición. Por eso impuso desarrollar el proceso de paz de la Habana bajo la norma deletérea y absurda de “negociar en medio de la guerra” y por eso calculó con sus mariscales un año para tener en el bolsillo de atrás el acuerdo de La Habana firmado de una paz express. Pero además, montó sobre esa base falsa, tal y como se lo ha demostrado la vida, su proyecto para la re-elección presidencial. No le resultaron las cosas así, sino al contrario:

1- Una gran movilización popular en marcha le ha dejado limpias las tres caras del conflicto colombiano: a) que es histórico, b) que es social y c) que todavía es armado.

2- La Insurgencia no está derrotada sino que se está preparando, como lo insinúa la revista Semana, para el caso de que se aborte el proceso de paz de La Habana, enfrentar y resistir en un largo plazo, la arremetida militarista oligárquico-imperial que JM Santos y su ministro de guerra Pinzón anuncian todos los días.

3- Que el proceso de la Habana como se lo está diciendo toda la Comunidad Internacional, tiene necesariamente una solución política, no jurídica y menos militar.

4- A pesar de los avances y acuerdos alcanzados en La Habana entre las partes, según el propio Santos lo ha reconocido, no se podrá cumplir el plazo máximo de un año estipulado por él. Posiblemente lleve más tiempo, pero ya bajo el lema guerrillero de que “una paz mal pactada en Colombia, es peor que la misma guerra”.

5- Y lo más probable es que, si el presidente Santos sabe leer sus propias encuestas (y sobre todo la realidad externa) tendrá que evitar el triunfo de su rival Uribe Vélez, oponiéndole un candidato con opción real de triunfo que le permita como a Moisés ver la tierra prometida. Se me ocurre pensar que tal vez podría ser como el máximo responsable de la paz de Vargas Lleras, pero (no se sabe) con un poco más de voluntad de cambio social.

Mientras tanto, la gente del común que ya encontró el camino, seguirá su movilización hasta alcanzar una paz con justicia social, democracia y soberanía.