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Aída Avella: “Sería ideal un frente amplio con todos los sectores democráticos”
A su regreso, luego de más de 17 años de exilio, Aída Avella encontró un país que ha cambiado muy poco en términos de apertura democrática. Ahora como candidata presidencial está dispuesta a continuar trabajando desde Colombia o el exterior por las causas de los excluidos, en la medida que el gobierno ofrezca garantías para el ejercicio político de los opositores y la izquierda. Mantiene intactos sus sueños de democracia, paz y libertad para los colombianos. La candidata de la izquierda, la unidad y la paz
Hernán Camacho , Juan Carlos Hurtado Fonseca / Miércoles 20 de noviembre de 2013
 
La dirigente política fue asediada por los medios que durante el fin de semana mostraron el renacer de la Unión Patriótica y a la candidata de la izquierda. Foto J.C.H.

“Hace 17 años, seis meses y cuatro días no pisábamos la patria. Nos sentimos muy emocionados de llegar al país que queremos cambiar por un país en paz, en democracia y en tolerancia. Venimos convencidos de que vamos a alcanzar la paz en este país, de que los cambios tendrán que darse, de que la lucha de nuestros compañeros, amigos y militantes no fue en vano. Venimos a pedirle al Presidente de la República que acepte que aquí se cometió un genocidio político contra la Unión Patriótica y a pedirles a los enemigos de la paz que entierren el hacha de la guerra”.

“El llamamiento desde que piso este país otra vez es a que construyamos entre todos la paz, a que democraticemos este país, a que todos los colombianos tengan techo, educación, salud y la posibilidad de andar por las calles sin ángel de la guarda; ese día habremos cumplido la labor”, fueron las palabras de Aída Avella Esquivel al pisar nuevamente tierras colombianas en el aeropuerto Eldorado de Bogotá, el pasado 13 de noviembre.

La dirigente política, que se había exiliado luego de sobrevivir a un atentado en el contexto del genocidio estatal contra la UP, fue recibida por cientos de amigos y militantes de izquierda que se agolparon con júbilo en la terminal aérea.

Siempre estuvo aquí

Aída es una boyacense con ascendencia huilense. La mayor parte de su vida ha estado vinculada a las luchas sociales, a lucha por los derechos de los más débiles. Fue dirigente sindical de los trabajadores estatales, fundadora de la UP, constituyente y una de las más destacadas concejalas que ha tenido Bogotá. Desde todos los espacios, aún en el exilio, todos los días ha trabajado por la paz y la democratización del país.

Habla con un encantador carisma. Evidencia el conocimiento profundo de los temas neurálgicos de la problemática del país. Se emociona al reencontrarse con sus antiguos amigos y militantes sobrevivientes del genocidio. Muestra felicidad al ver las caras de quienes no veía hace casi 18 años. Asegura nunca haberse ido, siempre haber estado aquí, siempre haber “tenido la patria adentro y nunca haber dejado de actuar en política ni de hacer cosas por el país”, que asegura lo lleva adentro. “Nos sacaron presionados pero seguimos con los principios y seguimos trabajando”. Afirma que los miles de exiliados que están en todos los continentes siguen trabajando por el país desde otros espacios.

VOZ habló con ella para conocer sus perspectivas en torno a temas como la paz, la unidad y la campaña electoral que se avecina.

–¿Cómo ve la devolución de la personería jurídica a la Unión Patriótica?

–Cuando quitaron la personería jurídica encontré un artículo de Antonio Caballero diciendo “Así no se puede”. Aparte de VOZ tal vez fue el único periodista que estaba muy sorprendido por lo que había pasado en el país. Decía algo así como que después de que los matan les quitan la personería jurídica. Aún guardo ese artículo.

La devolución de la personería es como un primer paso para la apertura democrática, lo que no quiere decir que haya garantías; pues no me siento segura con un ministro que habla todo el tiempo de la guerra… no me siento segura con un ministro que habla todo el tiempo así. Se palpa mucha intolerancia por todas partes, como en el procurador, un hombre que se ha preocupado de perseguir la izquierda por no tener sus creencias religiosas o sus convicciones. Ese no puede ser un procurador porque ¿dónde está el trato a los ciudadanos en condición de igualdad ante la ley? Se ha dedicado a perseguir a los sectores consecuentes y progresistas que han tenido votos.

–¿Cómo tomó la decisión de regresar al país?

–Después de ocho años de un gobierno que se dedicó a hacer la guerra y a establecer la confrontación de manera salvaje, porque durante esos años nunca tuvimos la menor ilusión. La democracia se había estrechado, se había cerrado, la había ahogado. No sentíamos que tuviéramos un gobernante, un estadista. Teníamos la impresión de que nuestra patria había retrocedido.

Ahí es cuando se siente el dolor de estar por fuera, por eso decía que el asilo es una historia entre el dolor y el descubrimiento. Se descubren muchas cosas pero también hay mucho dolor. Y ese dolor de ocho años fue impresionante, se veía retroceder al país. En esos años no había la menor ilusión de volver, de que pudiese haber cambios.

Pero al ver que el Gobierno se sienta con la insurgencia armada vemos una luz al final del túnel. Hay avances en dos puntos en La Habana. Por eso analizamos la situación en las reuniones preparatorias y decidimos que teníamos que venir. Yo no había pensado en hacerlo, lo hice ante las nuevas cosas que se presentan. Volvimos a continuar haciendo la política que hemos hecho dentro y fuera del país.

Vigencia de la UP

–Después de ese tiempo, ¿cómo ve la vigencia de la propuesta política de la Unión Patriótica?

–Sigue en pie el ideario, los puntos iniciales cuando se estableció la UP siguen siendo los de ahora. Tenemos que darle un toque de modernidad y tenemos que hablar con la gente sinceramente sobre muchos problemas que hay; sobre la corrupción que sigue siendo uno de los peores males que tiene el país. Y hay que hablarlo con la gente de los barrios, con los trabajadores, con los concejales, los gobernadores, los alcaldes, porque muchos de estos últimos han recibido mordidas. Tenemos que hacer un país más civilizado, que las carreteras queden mejor hechas sin dar mordidas a los políticos ni a los contratistas. Hay que construir una cultura diferente.

Tenemos que desterrar las ganancias en las notarías, que las entradas que deberían ser del erario se reparten entre los políticos y el notario, y se los echan a los bolsillos para las campañas electorales, para comprar los votos. Tenemos que discutir con la gente de manera natural, en el barrio, en la escuela.

–¿Y la solución es..?

–La solución es votando bien, por los que tienen compromisos serios con el país. A los otros hay que sacarlos de ahí con los votos. Hay que sacar a los que tienen plata para dar almuerzos el día de las elecciones o comprar los votos. Eso se tiene que acabar. Pero también se tiene que educar a la gente.

Otro problema gravísimo es el de la tenencia de la tierra. No cumplen ni la ley de zonas de reserva campesina. Aquí se han acostumbrado a hacer las leyes para mostrarlas en los simposios internacionales e incumplirlas en el pueblo, en la vereda.

Nueva Constitución

–¿Cómo ve las reformas que le han hecho a la Constitución Política que usted ayudó a construir, cree que hay que llamar al pueblo a construir una nueva?

–Hay que concientizar de lo que han hecho para el retroceso, y hay que cambiar algunos capítulos como el quinto, la parte económica que es la entronización del neoliberalismo a lo cual nos opusimos rotundamente. Pero hay cosas que hay conservar como la carta de derechos humanos que es una de las mejores de toda América, incluso en el mundo.

Para una nueva tendríamos que ver unos puntos para que las cosas queden mejor.

–¿Está lista para arrancar a hacer campaña por todas las regiones del país?

–Si hay las acondiciones sí, pero con el actual ministro de Defensa no me siento segura para desplazarme por todo el país. Es el ministro “pum pum”, todo el tiempo está disparando contra el proceso de paz. Eso no se puede justificar porque ellos quieren la guerra para que vayan a pelear los hijos de los campesinos. Los que jalonan y pregonan tanto la guerra dicen que vayan todos pero mis hijos no. Es la guerra para que se maten los de abajo. Eso no es consecuente ni ético.

Si en este momento hay un espacio excepcional para construir la paz, pues hagámosla. Entre otras cosas está el rarísimo estilo del ex presidente Uribe que no tiene ni ética política ni respeto por el otro. ¿¡Por Dios, pero por qué no dejan gobernar!? He dicho que no me imagino a Sarkozy haciéndole todos los días reclamos a Hollande, o a Zapatero haciendo lo mismo con Rajoy.

No, porque ellos ya cruzaron una etapa de su gobernabilidad y dejan gobernar al otro, distinto a que haya debates en el parlamento. ¿Pero que un ex gobernante todos los días produzca ataques contra una política que él cree que no es la correcta, y que utilizó su política y no fue capaz de resolver el problema de la paz? Pues que deje a ver si el otro es capaz o no. Por eso, si hay garantías sí, pero si no, hago la campaña desde el exterior.

La unidad es urgente

–¿Aparte de que sea un tiempo para la paz, la unidad de la izquierda y los sectores democráticos, también es el tiempo de las mujeres en el poder?

–La presidenta más importante en este momento es Angela Merkel, nos guste o no su actuar político. Es la mujer más poderosa, que dirige el país más importante en la economía europea. A ella le tienen que pedir consejo los otros gobernantes. Es la economía más fuerte en medio de la crisis de Europa. Y es una mujer que lo ha hecho muy bien.

También está la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y no es que lo haya cambiado. Son tan capaces como cualquiera. En América Latina hay más como en Brasil, ahora en Chile. ¿Y en Colombia qué? ¿Por qué no pensar en que los hombres con toda su suspicacia política pero también con todos los vicios que ha generado el poder, ahora pueda ser una mujer? Yo estoy dispuesta a hablar con todos, no para que me apoyen, de pronto nos toca apoyar a otros, pero estoy dispuesta a que hablemos de los grandes problemas del país. Estoy dispuesta a debatir.

–¿Qué temas hay que discutir?

–Muchos. Por ejemplo, según la organización de los mismos patronos de la alta minería, esta actividad produce el 2,2% del PIB. Pero hay otras fuentes que aseguran que por cada 68 dólares que invierte Colombia en la minería se salen 100 dólares del país. Es decir, que es una exportación de capitales que no nos deja nada de ganancia.

Los colombianos que están en el exterior, que son más de cinco millones, representan casi el 12% de la población colombiana. He visto colombianos durmiendo ocho en una pieza, hacinados, en condiciones infrahumanas, en trabajos tenaces pero mandando plata para el país para que sus hijos estudien, compren casita, sobrevivan.

¿Saben cuánto le ingresa anualmente al país por esas remesas de colombianos casi todos ilegales? El 4% del PIB, casi el doble de la locomotora minera. Nos toca es pagarle a las transnacionales que vienen. Esas remesas son plata líquida que ingresa sin que algún gobierno se preocupe por la gente que está fuera del país.

No hay convenios de ninguna índole sobre jubilación, entre la gente que está en el extranjero y quienes pueden regresar porque las embajadas están en manos de la clase política a quienes no les importa esa gente. Hay que cambiar la política para que haya una carrera diplomática que respete al que está de embajador y no que pongan a los amigos de los gobernantes. Debe haber otro espíritu para gobernar este Estado. Eso es lo que estamos dispuestos a discutir con todos.

–Lograr todo lo que se propone es imposible sin la unidad de la izquierda y los sectores democráticos. ¿Urge la unidad?

–Sería un espacio ideal. Hemos luchado tanto por la unidad… desde la adolescencia. Y de verdad que quisiéramos que a estas alturas de la vida se produjera, que nos sentáramos a discutir y fuéramos más prácticos. Que dijéramos “unidos vamos a sacar muchos más”. Por qué no lo hacemos, llevamos años discutiendo, pero en la práctica hacemos procesos unitarios y se disuelven. Eso no ayuda. Pero si pudiéramos constituir un frente amplio con una convergencia de los sectores progresistas, sería un espacio ideal. Hay que buscarlo, seguiremos buscándolo incansablemente.

Arribo de la movilización de lanzamiento de la Unión Patriótica a la plaza Santander en Bogotá, el pasado 15 de noviembre. Foto J.C.H.