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Caballería ligera
Por qué no votar por Santos
José Ramón Llanos / Viernes 29 de noviembre de 2013
 
Foto: Center for American Progress via photopin cc

La burguesía nacional ha entregado a las empresas extranjeras grandes porciones de nuestros territorios para la explotación económica, a lo largo de la vida republicana. De igual manera, con gran rapacidad se ha apropiado sistemáticamente de las tierras más fértiles, mejor ubicadas o poseedoras de minerales y metales preciosos.

La historia de esas entregas y apropiación más conocida es la del petróleo. Pero existen procedimientos expropiatorios menos conocidos, pero también lesivos. Es la historia de la entrega o robo de los llamados baldíos nacionales. En las últimas décadas con rapacidad desvergonzada los empresarios agrícolas del país han venido robándose miles de hectáreas de baldíos situados en las llamadas altillanuras.

Dada la mentalidad delincuencial de la burguesía colombiana, construyeron un tejemaneje económico-jurídico mediante el cual estafaron y arrebataron grandes extensiones de tierras a los pequeños campesinos que habían sido beneficiados con baldíos. Para colmo de peras en el olmo, como diría el Tuerto López, robaron a los campesinos y parte del botín lo entregaron a empresas extranjeras.

Para que no quede dudas sobre el perfil moral del gobierno de Juan Manuel Santos, nombró ministro de Agricultura a uno de los autores intelectuales y ejecutor de los actos delincuenciales anteriores, el “señor” Rubén Darío Lizarralde. Su prontuario lo acumuló en su condición de presidente de Indupalma, empresa beneficiaria del latrocinio de más 24 mil hectáreas de tierra en la altillanura del Vichada.

Dada la reciente historia política del país, entendemos las razones por las cuales fue nombrado Lizarralde. Para sumar méritos que le dieran opción de ser reelegido Álvaro Uribe Vélez, se rodeó de políticos corruptos, organizaba reuniones con personajes de la alcurnia del apodado “Indio”, y cultivaba amistades que se proyectaban como futuros habitantes de las cárceles nuestras. En esas actividades fue muy acertado: buena parte de sus amigos parlamentarios gozan o gozaron de cómodos habitáculos en La Modelo. Su ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, resultó su discípulo destacado.

En las acciones referidas no se agotan las razones para no sólo negarle el voto a Juan Manuel Santos. Además, debemos organizar una campaña para denunciarlo nacional e internacionalmente, porque premia a los geófagos y en cambio reprime a sangre y fuego al campesinado pobre que exige equidad y a los indígenas que reclaman respeto a su cultura y las tierras que le despojaron los terratenientes. Por todo eso: ¡No a la reelección de Santos! ¡Apoyo a la Unión Patriótica y su candidata presidencial Aída Avella, auténtica personera del pueblo!