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Filipinas: El tifón Haiyan expone la realidad de la injusticia climática
Reforzamos nuestra determinación de luchar para acabar con el cambio climático.
La Vía Campesina / Lunes 9 de diciembre de 2013
 
Foto: NASA Goddard Photo and Video via photopin cc

El 8 de noviembre de 2013, un tifón, con una fuerza nunca antes registrada en la historia, con vientos de hasta 314 Km por hora, azotó las Filipinas. El tifón Haiyan arrasó varias ciudades en las islas Bisayas, dejando a su paso más de cinco mil muertos, más de mil personas aún desaparecidas y millones de afectados, entre ellos miles de familias que carecen de alimentos, agua o techo.

Filipinas, un país que sufre una media de 20 tifones al año, jamás había sido testigo de un tifón de escala 5 tan destructivo que ha asolado ciudades enteras. Pero esta es la nueva realidad del cambio climático. Las temperaturas de los mares y del aire han ascendido y esa combinación genera tormentas mucho más violentas. El clima está cambiando y, como declaró en su informe el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC): “muchos de los cambios que hemos observado no tienen precedentes en las pasadas décadas o milenos”.

Sin embargo, esta catastrófica y terrible tragedia no ha impulsado a las naciones desarrolladas a comprometerse con la acción real por el clima. Mas bien han retrocedido en este sentido. Japón, uno de los países que más emisiones genera, ha declarado que en lugar de mantener su compromiso inicial de reducir las emisiones en un 25%, las aumentaría en un 3% hasta el año 2020, en relación a sus niveles de emisiones de CO2 del 1990.

La Plataforma de Durban, un nuevo acuerdo global que se aplicará en todos los países en sustitución del Protocolo de Kioto, se ratificará en 2015 y entrará en vigor en 2020. Pero las últimas negociaciones sobre el clima, incluyendo la que concluyó recientemente en Polonia, revelan que los países desarrollados están alejándose cada vez más de los compromisos reales y acercándose a directivas voluntarias que no incluyen cifras específicas en lo relativo a sus objetivos o las reducciones de emisiones.

Además, los países desarrollados no han cumplido sus promesas. En la última Conferencia sobre el Cambio Climático (COP) en Doha, los países en vías de desarrollo hicieron grandes esfuerzos por conseguir beneficios en materia de “daños y perjuicios”. En principio, el concepto de daños y perjuicios significaría que, asumiendo su responsabilidad histórica, los países ricos deben proporcionar una compensación económica a los países pobres que han sufrido los efectos del cambio climático.

Pero en realidad, en esta COP en Polonia, el tema de daños y perjuicios quedó prácticamente en papel mojado y se propuso un mecanismo vacío que no incluye la financiación. A pesar de las conmovedoras súplicas y la huelga de hambre del negociador de Filipinas durante los 13 días, y la huelga de hambre de numerosos activistas por la justicia climática, los países desarrollados han permanecido impasibles.

La Secretaría General de las Naciones Unidas ha calificado el tifón Haiyan como un llamamiento a la concienciación por el cambio climático. Pero es mucho más que eso: el tifón Haiyan es un trágico ejemplo de la injusticia climática. A pesar de que los causantes del cambio climático han sido a lo largo de la historia solo unos pocos países industrializados, y ahora también algunos países en vías de desarrollo más grandes, los efectos del mismo los sufrimos todos, sobre todo las poblaciones pobres y desfavorecidas. Son particularmente los pobres quienes no pueden escapar, adaptarse o sobrevivir a la violencia del cambio climático, y son ellos quienes menor responsabilidad tienen.

A raíz del tifón Haiyan y las desastrosas negociaciones sobre el clima en Polonia, La Vía Campesina, el movimiento campesino internacional, que representa a más de 200 millones de pequeños campesinos, reforzamos nuestra determinación de que se apliquen soluciones reales al cambio climático sobre el terreno, con nuestras formas sostenibles de agricultura, aplicando la agroecología, la soberanía alimentaria y respetando los derechos de la Madre Tierra.

Además, denunciamos la inacción de los gobiernos involucrados en las negociaciones por el clima y hacemos un llamamiento a todos los países a establecer compromisos reales en cuanto a la reducción de emisiones de acuerdo con su responsabilidad histórica. Instamos también a los gobiernos de países en vías de desarrollo a no seguir el camino del desarrollo sucio, y a que trabajen hacia una transición alejada de las energías sucias, la sobreexplotación de la naturaleza y el crecimiento ilimitado.

La Vía Campesina refuerza su determinación de luchar para conseguir acabar con el cambio climático y alcanzar la justicia climática. También estamos mandando semillas a nuestros hermanos de Filipinas como forma de expresar nuestra solidaridad y como mensaje de esperanza y resistencia. No permaneceremos en silencio como víctimas. Ha llegado la hora de la justicia climática.