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Caballería ligera:
Un ejército para la paz
Los más radicales defensores de los presupuestos para la guerra están en las altas esferas gubernamentales, y son los más peligrosos en un país que quiere la paz.
José Ramón Llanos / Jueves 8 de mayo de 2014
 
Foto: Sin.fronteras via photopin cc

La cuestión del proceso de paz que más preocupa a un sector de la extrema derecha y a los militares activos y en retiro, es la relacionada con el futuro de las Fuerzas Armadas. En verdad algunas declaraciones provenientes del movimiento Centro Democrático son de oposición al proceso y con alguna dosis de agresividad. Para alinear al ejército con su posición y con su talante represivo, defiende la necesidad de mantener el actual número de hombres y el mismo presupuesto de las Fuerzas Armadas.

Ya sabemos que entre más voluminosos son los recursos financieros de los presupuestos oficiales, es más fácil apropiárselos ilícitamente. Recuerden que recientemente un oficial detenido dialogaba con otro oficial sobre negociados en la adquisición de armas y otras dotaciones para las actividades bélicas.

Los más radicales y poderosos defensores de los presupuestos elevados para las actividades represivas y de la guerra, con la consecuente reducción de los presupuestos de la salud, la educación y de las actividades científicas, están en las altas esferas gubernamentales. Encabezando la fila encontramos al ministro de la Guerra, quien, entrevistado por Yamid Amat, afirmaba que la esperanza en el futuro “no es otra cosa que la presencia de las Fuerzas Armadas” en todo el territorio nacional.

Los miembros del gobierno que así opinan no solo son los más recalcitrantes, sino además los más peligrosos en un país de paz recién recobrada, porque serían los agentes defensores de la represión en lugar de satisfacer las reclamaciones de los más excluidos de los beneficios estatales, cuando se movilicen para exigir soluciones a sus vitales necesidades durante tanto tiempo insatisfechas.

Cuando un Estado como el colombiano, que no solo entrega sus riquezas del suelo y del subsuelo casi a título de donación a las multinacionales extranjeras, que además les reduce los impuestos a niveles irrisorios, como lo hizo el presidente Álvaro Uribe, sus recursos presupuestales devienen escasos para atender las necesidades esenciales de su población. Si además erróneamente una porción altísima de recursos los destina a la guerra, está creando las condiciones para que la paz sea flor de un día.

Para que la paz tenga presencia permanente en nuestro país se requiere un gobierno que piense de manera diferente al actual. Que además de tener una concepción diferente tenga el valor de enfrentarse a la derecha y al estamento militar y no solo reduzca el tamaño y el presupuesto de las Fuerzas Armadas, además, destine lo que así ahorre a satisfacer las urgentes necesidades del pueblo. Entre los candidatos que aspiran la presidencia únicamente el binomio Clara López y Aída Avella tienen en su programa esas propuestas, por eso serán electas el 25 de mayo.