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El bodrio de la paz negociada en Colombia
La división de la clase dominante entre santistas y uribistas, y su enfrentamiento por el botín presupuestal, ha vaciado el duelo tradicional liberal-conservador para ser sustituido por una polarización en torno a lo que los estrategas políticos del gobierno llaman “la paz negociada”.
Alberto Pinzón Sánchez / Lunes 12 de mayo de 2014
 

El agua, cuando no fluye se estanca, se encharca, se aposenta, entrando inmediatamente en un proceso de descomposición o pudrición, y así sucede con las ideas cuando no fluyen, no chocan, no generan un proceso de síntesis creadora, y se pudren.

Analogía que se puede aplicar al análisis de la sociedad, como lo hizo Marx en la “Introducción a la crítica de la economía política”, donde demuestra que cuando una sociedad detiene su renovación “ideo-política”, entra en un periodo de descomposición, que las obliga a poner de acuerdo su estructura con su supraestructura jurídica, ideológica y política, llamada revolución.

Muchas veces lo hemos dicho: Colombia tiene una estructura económica contrahecha de capitalismo transnacionalizado y dependiente o periférico, que explota formas de trabajo precapitalistas.

Esta estructura (dominada desde hace 200 años por una oligarquía burgués-terrateniente estrechamente ligada al imperialismo neoliberal estadounidense actual) puede aparecer dinámica, pero esa realidad no se refleja en la supraestructura (über-bau) jurídica y política de la sociedad, que está dominada por una ideología congelada y atrasada del terratenientismo premoderno, clerical, violento, y que obliga a pensar en el latifundio no como una extensión muy grande de tierras, sino como una relación de producción capitalista soportada por un ejército de medio millón de soldados apoyados por sus correspondientes paramilitares.

Los 200 años de política bipartidista liberal-conservadora desarrollada en ciclos cortos (diez años), y que ha durado hasta la actualidad, de guerra civil, pacto bipartidista por el reparto del presupuesto y nueva guerra civil, así lo demuestran.

La técnica política usada por la oligarquía colombiana, exitosamente, durante dos siglos y hasta hoy, ha consistido en polarizar políticamente hasta el extremo la sociedad entre liberales y conservadores para enfrentarlos violentamente, para luego pactar por lo alto el reparto del botín presupuestario, hoy llamado con el dulce eufemismo de “mermelada”: el mito del coronel de todas esas guerras Aureliano Buendía es un símbolo exacto, muy cercano y querido por todos los colombianos.

No hay que ir muy lejos; basta repasar las nueve guerras civiles entre el partido liberal y el partido conservador que se libraron en el siglo XIX, la Guerra de los Mil Días, la atroz Violencia liberal-conservadora y su descomposición en el conflicto interno actual, para confirmarlo. Veamos:

1- Liberales santanderistas dirigidos por J.M. Obando contra los fundadores del partido conservador Caro, Ospina, Márquez y Herrán en 1840.

2- En 1851 el conservador y esclavista caucano Julio Arboleda contra el gobierno liberal de José Hilario López.

3- En 1854 el liberal José María Melo contra la coalición liberal-conservadora de Herrán, Mosquera, López y Herrera.

4- En 1860 el liberal T.C. Mosquera contra el gobierno conservador de Mariano Ospina.

5- En 1876 los conservadores Leonardo Canal, Marceliano Vélez y Manuel Briceño contra los liberales Aquileo Parra y Julián Trujillo.

6- En 1885 los liberales “radicales” Solón Wilches, Sergio Camargo (abuelo de Lleras Camargo) y Foción Soto contra el gobierno conservador de Rafael Núñez.

7- En 1895 los liberales “guerreristas” Uribe Uribe y Vargas Santos contra el gobierno conservador de Miguel Antonio Caro y Rafael Reyes.

8- En 1899 nuevamente los liberales “guerreristas” Uribe Uribe, Benjamín Herrera y Vargas Santos contra el gobierno conservador de Sanclemente-Marroquín.

Luego en el siglo XX, en 1928, la masacre de las Bananeras (muy cerquitica de Macondo) en el gobierno conservador del corrupto abogado de las compañías estadounidenses en Colombia Abadía Méndez, contra los trabajadores de la “Yunai” Fruit Company. En 1946, durante el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez el inicio de la violencia contra el partido liberal dirigido por J.E. Gaitán.

El 9 de abril de 1948, el crimen de Estado contra J.E. Gaitán y el inicio de la espantosa guerra civil llamada con el tierno y dulce nombre de Violencia liberal-conservadora, la dictadura de Gurropín que dura hasta 1957, y se concluye con el pacto en las alturas del Frente Nacional.

Luego, la lenta y compleja trasformación de las guerrillas liberales en guerrillas comunistas, la trasformación del ejército colombiano en una prolongación contrainsurgente del US Army que desemboca en el Plan Laso (Latin American Security Operation) en 1964, con los bombardeos (incluso con armas biológicas con la bacteria del carbunclo) contra las regiones de Marquetalia, el Pato, el Guayabero, y las ofensivas militares en el río Carare-Opón y que dan nacimiento a las FARC y al ELN.

Luego, la “polarización liberal-conservadora” continuó así:

—En 1970 el presidente liberal Lleras Restrepo cumpliendo el pacto del Frente Nacional impone mediante un fraude electoral al conservador Pastrana Borrero.

—En 1974 el liberal Alfonso López Michelsen gana las elecciones al conservador Álvaro Gómez Hurtado (hijo de Laureano Gómez)

–En 1978 el liberal Turbay Ayala gana las elecciones al conservador Belisario Betancur.

—En 1982 el conservador Belisario Betancur gana al liberal López Michelsen.

—En 1986 el liberal Barco gana al conservador Álvaro Gómez Hurtado.

—En 1990 el liberal César (OEA) Gaviria gana al conservador Álvaro Gómez Hurtado.

—En 1994 el liberal Ernesto Samper se impone al conservador Pastrana hijo.

—En 1998 el conservador Pastrana hijo se impone al liberal Serpa Uribe.

—En 2002 y en 2006, la coalición conservadora de Álvaro Uribe Vélez gana la presidencia al candidato liberal Serpa Uribe.

—En 2010 la coalición conservadora de Uribe Vélez impone a Juan Manuel Santos sobre el “liberaloide” Antanas Mockus.

Y así hasta hoy mayo del 2014, cuando la oligarquía colombiana, a raíz de la actual campaña presidencial, ha llegado al límite de su descomposición política y moral mostrando tanto el agotamiento ideo-político con que pretende dirigir la sociedad, como el descalabro de su técnica de “polarización liberal-conservadora”.

La división en el seno de la misma clase dominante entre santistas y uribistas, y su enfrentamiento brutal por continuar aferrados al botín presupuestal (mermelada), ha dejado vacío el duelo tradicional entre liberales y conservadores para ser sustituido por una polarización igual de brutal en torno a lo que los estrategas (?) políticos del gobierno han dado en llamar “la paz negociada”.

Bodrio conceptual que no dice nada y con el que pretenden suplantar el concepto dinámico y amplio de “solución política al conflicto social y armado de Colombia”, y de paso tratar de desvirtuar o falsificar el proceso que se lleva a cabo en la Habana (ojo) “para finalizar el conflicto interno colombiano” y no para una “paz negociada”, sobre la que discuten etéreamente y se injurian mezquinamente los actuales candidatos presidenciales en medio de una nueva polarización electoral de cloaca, que más parece un descompuesto proceso judicial en la baranda de un juzgado de la policía, muy lejano del verdadero y equilibrado concepto de paz con justicia social, democracia y soberanía, que toda Colombia necesita y quiere.