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Colombia: 50 años de guerra (I parte):
El movimiento agrario y los orígenes del conflicto
La lucha por la tierra en los años 30 y la reforma agraria truncada
Camilo Rueda Navarro / Lunes 12 de mayo de 2014
 

Diversos historiadores y analistas ubican el origen del conflicto armado contemporáneo en las luchas agrarias de las décadas de 1930 y 1940.

En esos años se inició un proceso de modernización y reformas sociales impulsado desde el gobierno liberal. Sin embargo, los avances sociales fueron limitados y reformas como la ley 200 de 1936 vieron frustradas sus metas.

Dicha ley estipulaba un plazo para la recuperación de tierras ociosas, que fue aplazado, y a la postre la expropiación nunca se efectuó. Pero nació un movimiento agrario que sería la semilla de lo que después se conocería como las “autodefensas campesinas” en varias regiones del país.

Las Ligas Campesinas

En 1930 terminó la hegemonía conservadora y el Partido Liberal retorna al gobierno. Las luchas sociales se reavivaron y en particular el movimiento agrario creció en varias regiones del país.

En departamentos como Cundinamarca y Tolima se presentan agudos conflictos rurales relacionados con las condiciones de trabajo y con la propiedad y uso de la tierra.

Uno de esos conflictos estuvo relacionado con el pesaje de los productos campesinos. En las haciendas, los propietarios sólo usaban sus propias romanas (básculas para pesar), las cuales estaban adulteradas -según testimonios-, con el fin de sacar ventaja en las relaciones de compraventa con los jornaleros y pequeños campesinos.

“La arroba de café que uno trabajaba no era de quince medidas sino de doce, pero la arroba que uno compraba en el comisariato de la hacienda no eran quince medidas sino dieciocho”, narró Isauro Yosa, líder agrario de la época, para Alfredo Molano en la obra Trochas y fusiles.

Como respuesta a éstos y otros abusos cometidos por los dueños de la tierra surgen entonces las Ligas Campesinas, organizaciones con influencia del pensamiento socialista y del agrarismo revolucionario.

Dichas ligas estuvieron orientadas por la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), movimiento creado por Jorge Eliécer Gaitán en 1933, luego de separarse del Partido Liberal al considerar que las reformas que éste abanderaba no se materializaban.

Las Ligas Campesinas también recibieron la influencia del Partido Comunista Colombiano (PCC), fundado el 17 de julio de 1930 sobre el legado de líderes como Ignacio Torres Giraldo y María Cano, entre otros, que la década anterior habían impulsado el “socialismo revolucionario” en el país.

La primera tarea para las Ligas Campesinas fue entonces conseguir romanas en buen estado, y luego ir de hacienda en hacienda pesando lo producido por los campesinos.

Entre las ligas más importantes estuvo la de Irco y El Limón (en el sur del Tolima), liderada por Isauro Yosa. A partir de las ligas se fundan comisiones de autodefensa que, apoyadas por el UNIR y el PCC, no sólo protegían a los campesinos, sino que también luchaban por el alza de salarios y el acceso a la tierra.

La Ley de Tierras

En 1936, los miembros de las Ligas se lanzan a las elecciones municipales con candidaturas respaldadas por el Partido Comunista, la UNIR o el Partido Liberal. El movimiento agrario logra llegar a los concejos municipales, donde siguen impulsando su labor a favor del campesinado.

La lucha por la tierra se ve favorecida cuando el liberal Alfonso López Pumarejo (1934-1938) llega a la presidencia e impulsa una reforma constitucional. Como parte de ésta, se expide la Ley 200 de 1936, o “Ley de Tierras”, que brinda amplios beneficios a los campesinos.

La Ley de Tierras contemplaba un plazo para que las tierras no explotadas de los latifundios volvieran al Estado para entregarlas al campesinado. Esta situación empezó a incomodar a los terratenientes y aumentó los choques entre conservadores, desalojados del gobierno pocos años atrás, y los liberales, que volvían a la Presidencia de la República luego de medio siglo.

En 1938, cuando se avecinan nuevas elecciones presidenciales, Gaitán regresa al Partido Liberal y disuelve la UNIR, razón por la cual varios de sus militantes, como Isauro Yosa, pasan a las filas del Partido Comunista.

El liberalismo sigue en el gobierno a través de Eduardo Santos, y en 1942 regresa a la presidencia López Pumarejo. En su segundo mandato, López seguía siendo apoyado por las masas, ilusionadas por el espíritu reformista de su primer periodo. Pero su política fue diferente, pues el mandatario decidió darle una pausa a las reformas sociales.

Su imagen negativa fue creciendo tanto en el movimiento popular como en la clase dominante, perdiendo respaldo político. López decide renunciar y en 1945 es sucedido por Alberto Lleras Camargo.

Para las elecciones de 1946, el liberalismo se divide entre Gabriel Turbay, candidato oficial, y Jorge Eliécer Gaitán, quien aspira a la Presidencia con el respaldo de amplios sectores populares, tras haberse desempeñado como abogado, alcalde de Bogotá, parlamentario y ministro.

El Partido Conservador postula a Mariano Ospina Pérez, quien finalmente triunfa sobre el liberalismo gracias a que los votos de éste se dividieron entre Turbay, quien contaba con el apoyo de la maquinaria liberal, y Gaitán, respaldado por amplias masas en campos y ciudades.

La tensión política crece y aparecen los primeros grupos violentos que empiezan a producir el destierro masivo de familias liberales. Con su regreso al poder tras 16 años de “República Liberal”, los conservadores proceden a recuperar su control de la burocracia estatal y de las fuerzas armadas.

En Boyacá, el gobernador conservador José María Villarreal procede a “repolitizar” las fuerzas militares y la policía, pues consideraba que éstas estaban controladas por el liberalismo. En particular, recurre a reclutar hombres de la vereda Chulavita, municipio de Guavita, donde sus habitantes tenían fama de ser tan violentos como adictos al conservatismo.

Chulavita será entonces la principal cantera de la milicia boyacense, primero, y de todo el país después. Y su nombre será adoptado para referirse a las más violentas cuadrillas conservadoras de la época.

Tras la muerte de Turbay, Gaitán se convierte en jefe único del Partido Liberal. El caudillo popular gana las elecciones parlamentarias y con un gran respaldo popular y un programa reformista se perfila como el próximo presidente de la República, hasta que llega el 9 de abril de 1948.