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Jesús Santrich sobre los diálogos: “El avance es sustancial”
Entrevista exclusiva de Resumen Latinoamericano al delegado de paz de las FARC
Resumen Latinoamericano / Domingo 25 de mayo de 2014 / italiano
 

Nuestro colaborador habitual en temas de Colombia, el periodista cubano Tony López, acaba de entrevistar al comandante de las FARC-EP Jesús Santrich, integrante de la delegación de esa organización insurgente en los diálogos con el Gobierno de Juan Manuel Santos, en La Habana. Este es el resultado del encuentro.

—Con motivo de la culminación del ciclo número 25 de la conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, y al mismo tiempo en ocasión del cierre del tercer punto de discusión de la agenda del acuerdo general de La Habana, quisiera pedirle que nos presente un balance general de lo que hasta el momento se comprende en el conjunto de lo convenido entre las partes. Comenzaría por preguntar, ¿se puede decir que el proceso de diálogos ya ha agotado la mitad de sus puntos de discusión?

—Primero que todo mi agradecimiento por la deferencia de la posibilidad de esta entrevista y el reconocimiento del logro obtenido con este nuevo paso en la búsqueda de la paz para los colombianos. Respecto a su pregunta, lo que podemos decir es que se han abordado la mitad de los puntos que contiene el acuerdo general de La Habana, precisando que esto no quiere decir que vayamos a mitad de camino en el tratamiento de los problemas que tiene el país y que han sido la causa de la confrontación que padecemos.

Si bien la agenda tiene seis puntos que guían las discusiones, nadie debe olvidar que existe un preámbulo del acuerdo que es el espíritu del mismo. Hago la precisión porque hay una serie de temas que no están consignados taxativamente en el texto de la agenda pero que son parte esencial de la problemática a resolver. Un ejemplo claro es el del modelo económico que impacta directamente sobre las condiciones de vida de todos los colombianos generando mayor desigualdad y miseria y que, obviamente, hay que buscarle alternativa si se quiere realmente ponerle fin a la confrontación.

Debemos agregar también, que así se hable generalmente, sobre todo desde los medios de comunicación, del agotamiento de tres de los seis puntos, con seguridad es mucho el trecho que resta por andar si consideramos que lo que tenemos son acuerdos parciales, y que tengan esa característica esos tres acuerdos significa que son solamente parte del todo. Nada está completo aún, y lo que está sin resolver, porque en torno a ello no hemos encontrado entendimiento, se ha ido ubicando por nuestra parte como salvedades, de manera nítida para que luego sea retomada la discusión.

Por el momento, digamos que son discusiones postergadas que en algún momento deberemos concluir y que, de no resolverse, deberán ser sometidas al examen del mecanismo de refrendación, el cual según nuestro punto de vista debe ser la asamblea nacional constituyente.

Avances tangibles

—Bien, pero entonces, si hablamos de hacer balance, aunque las FARC en momento de culminación de cada ciclo presenta sus análisis de la situación, hoy, desde la perspectiva del conjunto, ¿cómo valoran lo alcanzado? Y te pediría que en su orden comiences por el primer punto, el referido al asunto de la reforma rural integral.

—Como ya lo has dicho, las FARC al final de cada ciclo presenta sus recuentos y balances de lo que ha sido la actividad.

Cuando se ha cerrado cada punto ha hecho lo mismo, de tal suerte que en nuestras páginas y sitios web, y en documentos diversos publicados, hemos dejado sentadas nuestras apreciaciones e inquietudes tanto referidas a cada tema como al conjunto, entendiendo que desde el principio le expresamos al gobierno que, si bien por metodología separábamos la discusión de cada tema como asunto aparte, lo cierto es que cada uno está interrelacionado con el otro y eso hay que tomarlo en cuenta, porque no se puede hablar de reforma agraria, por ejemplo, sin hablar de los tratados de libre comercio o sin aludir a problemas como el de la extranjerización de la tierra.

Entonces, ¿qué tenemos? Que hasta el momento hemos tenido avances tangibles sobre los temas de la agenda que nunca antes se habían alcanzado.

Yo tendría que reconocer que durante los diálogos de La Uribe en el gobierno de Belisario Betancur, los avances fueron formidables y de hecho se pactó una tregua que fue muy importante para el desarrollo de la vida política nacional. Sobre todo en lo que concierne a la generación de espacios de participación democrática que no es del caso recontar ahora. Pero la participación misma de la insurgencia en la actividad política abierta, al lado de múltiples sectores populares y sociales que se congregaron en el proyecto de paz que fue la Unión Patriótica, muestra cuán importante fue aquel proceso que desafortunadamente fue aniquilado por el terrorismo de estado y el militarismo.

Digamos que cada proceso ha tenido sus particularidades, han sido épocas de esperanza para los colombianos porque de verdad que durante ellos se despierta la confianza en la posibilidad real de la democratización del país, pero como constante las frustraciones irrumpen cuando la extrema derecha, los sectores guerreristas de dentro y fuera del país, y sobre todo la mezquindad de los emporios económicos, asoman con toda su fuerza defendiendo los intereses particulares por encima del interés común. Esta vez pienso que el avance es sustancial, bastante superior al de otros momentos en lo que concierne a temas más específicos abordados.

El protagonismo de la gente debe ser mayor

Recordemos que en el primer informe conjunto que se hizo entre FARC y gobierno, el 21 de junio de 2013, se explicó que luego de siete meses de conversaciones alcanzamos una serie de acuerdos, resaltándose el que denominamos “Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral”. El punto agrario lo cerramos con acuerdos parciales el 26 de mayo de 2013 y ya se cumple un año. Para la época de aquel primer informe habíamos agotado diez ciclos que en promedio tienen 11 días cada uno. De vez en cuando se abrevia o se prolonga alguno. Lo regular es que sean 11 días que se distribuyen en miniciclos de tres días de trabajo, con uno de descanso y al final una semana de receso más o menos.

Entonces hago este recuento que ha sido común para el desarrollo de cada punto, tratando de mostrar la intensidad del trabajo, la cual es fuerte si tomamos en cuenta que durante los recesos las delegaciones deben preparar los materiales, los debates, intercambiar con los expertos, para que las discusiones tengan profundidad y de verdad recojan las inquietudes e iniciativas del país.

Por ejemplo, la mesa de conversaciones, para enriquecer el diálogo respecto al tema agrario, delegó la realización de dos foros nacionales al Sistema de Naciones Unidas en Colombia y a la Universidad Nacional-Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz. De las conclusiones de esos eventos, las FARC-EP tomamos los elementos que permitieron la construcción de nuestras cien propuestas mínimas referidas a este asunto.

El primer foro nacional sobre política de desarrollo agrario integral (enfoque territorial), fue realizado durante los días 17, 18 y 19 de diciembre de 2012. Aquel evento contó con la participaron de 1.314 personas pertenecientes a 522 organizaciones de los 32 departamentos del país, y en el mismo se recogieron las propuestas de 411 personas que intervinieron oralmente en las mesas de trabajo. Se trató, sin duda, de escenarios muy importantes de participación de la gente en el proceso, pero para lo que significa el proceso en cuanto a la definición del destino del país, es muy restringido y mediatizado.

Seguimos pensando que el protagonismo de la gente debe ser mayor. Y aquí, de paso, me estoy refiriendo a lo que ha sido el concurso de la población en el proceso. Y repito que esta mecánica de los foros complementada con el ejercicio que se hace de recibir propuestas mediante la página web de la mesa es importante pero muy limitado. A nosotros nos ha servido de mucho para elaborar nuestras iniciativas atendiendo al querer de la población, pero la voz de las comunidades dentro de la mesa no se suple con estos procedimientos.

Agregaría sobre esta misma temática que, pensado en que los insumos que brindan los foros no llegaran extemporáneamente sino que se tuvieran listos al momento de iniciarse cada punto, el segundo foro sobre Participación Política se realizó en Bogotá, los días 28, 29 y 30 de abril de 2013 por solicitud de la Mesa de Conversaciones, y esto se hizo con el apoyo de la Oficina de la Organización de Naciones Unidas en Colombia y al Centro de Pensamiento para la Paz de la Universidad Nacional.

Este evento contó con la participación de 1.600 personas, representantes de los 32 departamentos. El 70% de los participantes pertenecían a las diferentes regiones del país, el 30% eran de Bogotá. Hubo representación de partidos políticos, de movimientos políticos, de organizaciones campesinas y organizaciones de mujeres.

Al igual que en el foro agrario, fue notoria la presencia de representantes de movimientos sociales y políticos, partidos políticos, gremios y del sector empresarial, de organizaciones y movimientos campesinos, indígenas, afrodescendientes, defensoras de derechos humanos, víctimas, desplazados, raizales, jóvenes, etc, pero ahora con más presencia urbana, incluyéndose al movimiento LGBTI, la presencia más fuerte de centrales y organizaciones sindicales, de Programas de Desarrollo y Paz e iniciativas nacionales y territoriales de paz, de Iglesias, del sector académico, de universidades y centros de investigación, de espacios institucionales de participación ciudadana, de organizaciones no gubernamentales vinculadas a los temas relacionados con la participación política, de medios de comunicación y sus asociaciones.

Existen problemas de grueso calibre

Centrándonos en el punto uno de la agenda del acuerdo general, “Política de desarrollo agrario integral”, reiteraría que lo fundamental fue el logro de un documento de unas 20 cuartillas que titulamos “Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral”, en el que en sentido general se plantea que la reforma rural integral debe ser el inicio de transformaciones estructurales de la realidad rural y agraria de Colombia, sobre bases de equidad y democracia, para con ello contribuir a la no repetición del conflicto y a la construcción de una paz estable y duradera, lo que hace el reconocimiento de que son las injusticias derivadas de la desigualdad y la miseria las que han engendrado la confrontación, y que por ello se requiere eliminar esas causas para que cese el conflicto.

Esta idea de reforma rural integral, en teoría es centrada en el bienestar y buen vivir de la gente del campo, de las comunidades campesinas, indígenas, negras, afrodescendientes, palanqueras y raizales, y de la gente que habita en los espacios interétnicos e interculturales, con la pretensión de integrar las regiones, de erradicar la pobreza, promocionar la igualdad, el cierre de la brecha entre el campo y la ciudad, la protección y disfrute de los derechos de la ciudadanía y la reactivación del campo, especialmente de la economía campesina, familiar y comunitaria.

Y aquí de fondo hay un asunto que es el de la visión neoliberal del campo versus la visión de la insurgencia, que aboga por la defensa de los derechos de esas masas empobrecidas que habitan las zonas rurales. En la primera visión, la perspectiva es provocar la emigración del campesino de sus tierras, y con fines de venderlas a grandes transnacionales y el desarrollo bajo la mano de esos grandes emporios. En la segunda visión, está el énfasis en la economía campesina, familiar, comunitaria, obviamente poniendo en manos de la gente del campo las herramientas tecnológicas modernas y todos los recursos que le permitan realizar una labor digna y productiva en condiciones de soberanía.

Y preciso esto porque, si bien el documento tiene muchos aspectos positivos que recogen esta filosofía, las falencias también son inmensas, comenzando por el debate pendiente sobre la necesidad de acabar con el latifundio, o la de colocarle limites a la extranjerización de la tierra. Existen problemas de grueso calibre como el de los conflictos de uso de la tierra, que incluyen problemas como el del traslado de los grandes centros ganaderos sobre suelos que deben ser destinados para la siembra y para garantizar la soberanía alimentaria. Pero no, un tercio del territorio nacional está en manos del sector ganadero y el gobierno no se atreve a tocarles un centímetro de tierra en función de la reforma rural integral.

Que a las poblaciones rurales no se les arrebate la tierra

—Pero entonces, ¿la definición de si el país transitará la primera o la segunda senda está o no definido? ¿Esa reforma rural integral pactada no resuelve la contradicción?

—Como decía hace un momento, lo acordado reconoce y se centra en el papel fundamental de la economía campesina, familiar y comunitaria para el desarrollo del campo, y en el mismo escenario promocionaría diferentes formas de asociación y cooperativismo en miras a la generación de ingresos y empleo, la dignificación y formalización del trabajo, la producción de alimentos y la preservación del medio ambiente. Siempre como FARC, cuando hablamos de asociación, insistimos mucho en que debía ser una asociación solidaria, y no aquella que se da entre el zorro y la gallina, que es la que generalmente opera en Colombia, ocurriendo que los señores del “músculo financiero” aplastan al campesino con sus fortunas y terminan quitándole la tierra de manera “legal”.

Nosotros no negamos la necesidad de articular formas de producción agrícola y pecuaria diversas como condición para garantizar el desarrollo rural, pero ante todo hay que garantizar que a las poblaciones rurales no se les arrebate la tierra mediante mecanismos bancarios u otros trucos que se despliegan dentro de una dañina concepción de asociación capitalista.

Dentro de esta perspectiva, es importante que otro propósito central sea el de democratizar el acceso a la tierra en beneficio de los campesinos sin tierra o con tierra insuficiente, y de las comunidades rurales más afectadas por la miseria, el abandono y el conflicto.

[Leer la segunda parte aquí]