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¿Dónde están los desaparecidos?
Semana internacional de la desaparición forzada
Julio Pulido / Jueves 29 de mayo de 2014
 

¿Dónde están nuestras 122.155 víctimas de desaparición forzada? Gritan, con una mezcla de rabia y dignidad, cientos de personas que son madres, padres, hijos, hermanos, esposos y amigos; cientos de personas que pregonan y parecen implorar a la virgen de Lourdes ponerle fin al dolor que zanjó en ellos la desaparición forzada de sus seres queridos.

Las miradas evanescentes y frías de algunas de las víctimas que aún no han perdido su rostro y que se aferran a retablos en primeros planos, incomodan la cotidianidad de quienes transitan por la plaza principal de la localidad de Chapinero en Bogotá. ¿Incomodan?, sí, incomodan la impunidad, la negligencia y la indiferencia de una realidad que, por los daños causados, es catalogada como un crimen de lesa humanidad.

En el artículo II del Convenio de las Naciones Unidas se lee: “… se considera desaparición forzada la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes”.

“Necesitamos concluir esta pesadilla, es muy difícil vivir sin un cuerpo al qué enterrar con dignidad, todos necesitamos una lápida a la cual aferrarnos” me dice una mujer que se agacha a poner algunas rosas cerca a uno de los retablos que componen esta macabra galería de desaparecidos pero que se niega a seguir hablando y mucho menos a darme su nombre.
Como ella, hay en esta plaza varias personas impulsadas por el anhelo de concluir su propia pesadilla.

Durante esta última semana de mayo varias organizaciones defensoras de derechos humanos, organizaciones de familiares de detenidos desaparecidos convocan a la realización de varias jornadas contra la desaparición forzada exigiendo que el Estado responda por la vida y la libertad de los desaparecidos, o que se entreguen sus restos a las familias y opere la justicia.

Entre el 25 y el 31 de mayo se han programado exposiciones, foros, presentación de documentales y multimedias en varias ciudades del país con la esperanzadora idea de vencer el olvido, la desidia y el ocultamiento.

Todos los días aparecen letreros en la televisión con la foto de un niño o joven y el letrero “desaparecido: informar sobre su paradero”. Con frecuencia se habla de decenas de miles de desaparecidos pero nunca ha aparecido un aviso con la foto de una víctima y el letrero: “detenido desaparecido” o “victima de desaparición forzada”. Es como si se quisiera refundir este crimen atroz en medio de la dolorosa circunstancia de un familiar que se extravió o que fue asesinado y no se sabe de su destino. Se lee en uno de los varios letreros que componen el lugar.

Cifras escalofriantes

“La desaparición forzada es una de las violaciones de los derechos humanos más graves que existe, y Colombia, lamentablemente, sufre un récord alarmante en la comisión de este crimen”. Ha dicho el delegado en Colombia de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos.

Confirmando la alerta de Naciones Unidas, el Registro Único de Victimas presenta en su informe del 1 de abril de 2014 la escalofriante cifra de 122.155 víctimas de desaparición forzada, incluyendo 13.448 víctimas directas y sus padres y hermanos. Otras fuentes han hablado de 22.000 víctimas directas y entre ellas se incluyen más de 4.000 personas inocentes que en las últimas dos décadas han sido presentadas falsamente como muertes en combate: ejecuciones extrajudiciales falsamente llamadas positivos.

Ausencias que interpelan

Será esta una semana en que las organizaciones convocantes exigirán al Estado colombiano se ratifique y aplique plenamente la convención suscrita donde se reconoce la competencia del Comité contra la Desaparición Forzada para recibir los casos que no obtienen resolución a nivel interno. Los familiares exigirán además la adopción de medidas para que se supere la impunidad y se reconozca la responsabilidad del Estado en muchos de los casos de desaparición forzada.

Por lo pronto los rostros de los desaparecidos seguirán, en su ausencia, interpelándonos en espera de verdad, justicia y reparación. Sus miradas suspendidas en el tiempo nos seguirán exigiendo despertar y actuar.