Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

El militarismo elegirá el próximo presidente
Fredy Julián Cortés Urquijo / Domingo 15 de junio de 2014
 

Fredy Julián Cortés Urquijo es Ingeniero Mecánico de la Universidad Nacional, profesor auxiliar en la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Bogotá y estudiante de maestría en Ingeniería de la UN. Pofesional con una destacada formación ética, técnica y humana donde se resaltan sus trabajos e investigaciones para la agroindustria a través de proyectos financiados por Colciencias en convenio con Corpoica (Corporación Colombiana de Investigacion Agropopecuaria), la Universidad Nacional y la Universidad Industrial de Santander, durante los últimos años prestó sus servicios como profesor auxiliar de posgrado en los cursos Taller Agrícola 1 y 3 del Departamento de Ingeniería Civil y Agrícola de la Universidad Nacional. Se vinculó a la UN como docente auxiliar de la Facultad de Ingeniería para dar los cursos Taller Agrícola II en el mismo departamento. Para el segundo semestre de 2009, tramitó la vinculación como profesor auxiliar para dictar el curso Elementos de máquinas agrícolas, así mismo se destaca profesionalmente en asesorías a diversas empresas del sector privado.

Mientras nos tomábamos un tinto, el viejo de pelo casi a ras le miraba el trasero a la mesera y sugería morbosamente como solo ellos saben hacerlo, que estaba “buena”; cinco minutos más me bastaron para darme cuenta que estaba hablando con un militar y más aún cuando empezó a preguntarme por cual candidato votaría en las próximas elecciones. Era el año 2006 y se enfrentaban el 28 de mayo varios candidatos, pero las encuestas garantizaban un enfrentamiento entre el demócrata de izquierda candidato del PDA Carlos Gaviria Díaz y la reelección de Álvaro Uribe. Estábamos pues en un momento importante de auge de la izquierda colombiana, pero no suficientemente fuerte para ganarle a Uribe las elecciones.

El hombre continuando con su diálogo político, empieza a decirme una cantidad de información que en mi momento califiqué como absurda, primero me dijo que Carlos Gaviria instauraría el comunismo en Colombia y que terminaríamos como Cuba y Venezuela, luego insistía en decir que el candidato de la izquierda era amigo de la guerrilla y por lo tanto un terrorista descarnado. Finalizó, invitándome a evitar esa catástrofe votando por su candidato Álvaro Uribe, al que consideraba, entre otros apelativos, como el salvador de la patria. Así pues, durante los diez minutos finales de una conversación de negocios en la cual yo vendía mis servicios de ingeniería a un hombre que desconocía, trataba este de convencerme con extraños argumentos y falsas verdades que eran creadas en los batallones y puestas en las cabezas de ingenuos soldados que cumplen con entrega lo que ellos consideran es servirle a la patria.

Al principio la conversación no pasó más de ser un cómico diálogo con alguien que pensaba que Carlos Gaviria era un peligroso comunista, pero con el tiempo me he dado cuenta de que lo que me dijo el autonombrado oficial del ejército no puede pasarse por alto en una sociedad militarizada como la nuestra. Si bien los militares constitucionalmente no pueden votar, su círculo más íntimo, es decir su familia y muchos de sus amigos si lo pueden hacer. Entonces la influencia que puede ejercer un soldado, un suboficial o un oficial sobre otras personas en la decisión de un voto puede ser más significativa de lo que pensamos.

Por aquel entonces no existía Facebook ni otra red social en internet, pero sí las redes sociales que se entretejen entre humanos que siempre han existido. De esta forma cada individuo tiene un círculo de acción sobre ciertas personas. Según algunos estudios de sociología, el individuo puede ser representado como un nodo (punto en el espacio) y su influencia sobre otros individuos, (nodos) puede ser representada como líneas en dirección a los otros nodos; así pues una persona puede influenciar a otras en sus opiniones dependiendo de su carácter, su personalidad, o en últimas, su habilidad para hacer amigos y convencerlos sin importar el origen y la validez de sus argumentos. A vuelo de pájaro podríamos sugerir que la influencia de un ciudadano promedio puede estar entre 5 y 8 personas, incluyendo familiares y amigos cercanos.
Si tenemos en cuenta también que en muchas familias - para desgracia de los colombianos y como consecuencia de la pobreza-, el más exitoso del hogar es el hombre o la mujer que logró tener un trabajo en la empresa pública más prospera de Colombia; por lo tanto, puede ser también el más creíble y muchas veces una autoridad en la familia. Es muy factible pues, que estos colombianos influencien a sus familias y determinen la intención de voto de al menos cinco personas. Así pues 450.000 soldados que no pueden votar se convierten en 2 millones y medio de votos de quienes sí pueden hacerlo. No estoy haciendo cuentas alegres, es más, creo que son conservadoras si tenemos en cuenta el efecto de las redes sociales en la web.

Ahora sí, uno entiende como el pasado viernes, dos días antes de las elecciones, el senador electo Álvaro Uribe manifestó que va a pasar un proyecto de ley para que a los soldados condenados les den casa por cárcel[i]. Para nadie es un secreto la alta influencia que tiene Uribe sobre las fuerzas armadas y sobre todo por su capacidad de capitalizar esta influencia a su favor. Semanas antes el presidente candidato sorprendió al país con la promesa afortunada para quienes no estamos a favor del militarismo, que una vez firmada la paz acabaría con el servicio militar obligatorio, atrasada política abandonada hace décadas por la mayoría de gobiernos demócratas del mundo.

El pulso sin duda entre los militares parece habérselo ganado Uribe. Pero no basta con eso para entender la influencia “sutil” de los militares en las elecciones y en últimas en el poder en Colombia, sumémosle la presión militar ejercida en diversas zonas por sectores del paramilitarismo que andan de la mano de ellos cuya historia es ampliamente conocida. Esta pues es una de las razones de Santos para no comprometerse con la expresa solicitud de la insurgencia en la Habana de cambiar la doctrina militar en Colombia. Eso no puede ser tocado, es por eso también la presencia por primera vez del estamento militar en una mesa de conversaciones con la guerrilla. ¿Podemos imaginar lo que significaría en términos económicos para el militarismo un cambio de la doctrina militar en Colombia?

Nos queda pues acudir al buen criterio de algunos mandos y tropas militares que entienden su papel histórico en este momento coyuntural de paz, militares quienes aún conservan la ética y el verdadero sentido patriota de las fuerzas armadas de un país, serán ellos quienes en un futuro deberán asumir el mando de las instituciones castrenses. La oligarquía tradicional no se imagina el monstruo que han creado durante todos estos años dándoles demasiado poder a los militares, el aumento exacerbado de presupuesto durante años con la justificación de la guerra antisubversiva, a una institución que nunca es vigilada, ni investigada por nadie y que se presume es una de las más corruptas, ha cogido la delantera y en últimas es muy probable que influyan en las próximas elecciones, porque en últimas el militarismo elige.

Pero los colombianos que queremos la paz, por fortuna, también elegimos…

[i] http://www.elespectador.com/noticias/politica/uribe-presentara-reforma-militares-condenados-paguen-ca-articulo-498264