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No nos equivocamos
¿Qué sigue ahora? Continuar con la lucha popular, social y por la paz. Exigir a Santos que cumpla las promesas y entender que el principal objetivo de la izquierda, aglutinada en el Frente Amplio por la Paz, es convertirse en una opción real de poder.
Carlos A. Lozano Guillén / Miércoles 18 de junio de 2014
 

No nos equivocamos en la decisión audaz, realista y política de dar el apoyo a la continuación del proceso de diálogos de La Habana y a la apertura de los mismos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), cerrándole el paso al candidato de la guerra y del uribismo fascistoide, Óscar Iván Zuluaga. En el arte de la política es fundamental acertar, sin dogmatismo ni sectarismo de ninguna índole. De lo que se trata es de no abandonar los principios ni perder jamás la brújula revolucionaria.

No era fácil la decisión. Juan Manuel Santos no es ninguna perita en dulce, pues también representa el establecimiento burgués y los intereses de la oligarquía dominante. No es casual que buena parte del empresariado le tendió la mano y lo apoyó en la aspiración reeleccionista. No era un candidato atractivo para la izquierda y son comprensibles las dudas, oposiciones y rechazos desde este campo.

Pero había que impedir la victoria de la extrema derecha que amenazaba la continuidad del proceso de paz y las buenas relaciones con los países vecinos y de América Latina. Zuluaga no solo anunció la ruptura de los diálogos de paz si la guerrilla no entregaba las armas, sino que también les advirtió a Venezuela y a Nicaragua que serían el blanco de peligrosas provocaciones.

Sin ambages dijo que iría a territorio venezolano por los guerrilleros colombianos que allí se encuentran, según él, en caso que no fueran entregados por el gobierno bolivariano, y que, antes de posesionarse como presidente, dormiría en una fragata de la marina colombiana en el paralelo 82, en aguas marítimas que están en litigio y entregadas a Nicaragua por un fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. En ambos casos, de haberse dado la elección del títere de Uribe Vélez, habría sido una señal provocadora de guerra contra hermanos del mismo continente.

Semejantes anuncios de lo que serían las primeras acciones gubernamentales del Zorro, nos indicaron en manos de qué locos quedaría el país de ganar el candidato del llamado Centro Democrático. A Zuluaga se le agregarían a la estirpe del titiritero mayor (Álvaro Uribe Vélez), personajes como José Obdulio Gaviria, el ex izquierdista Alfredo Rangel y la señora María Fernanda Cabal, la misma flamante parlamentaria uribista electa que mandó al infierno a Gabriel García Márquez y a Fidel Castro y que aseguró que ser comunista es una enfermedad, casi como una epidemia.

Razones para decir que no nos equivocamos. ¿Qué sigue ahora? Continuar con la lucha popular, social y por la paz. Exigir a Santos que cumpla las promesas y entender que el principal objetivo de la izquierda, aglutinada en el Frente Amplio por la Paz, es convertirse en una opción real de poder.

carloslozanogui@etb.net.co