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Los cortesanos
Carlos A. Lozano Guillén / Miércoles 27 de agosto de 2008
 

El ciudadano Álvaro Uribe Vélez fue la semana pasada a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes a rendir versión libre dentro de la investigación preliminar que se le adelanta, debido a la denuncia que entabló el senador Luis Carlos Avellaneda por el presunto delito de cohecho dentro del escándalo judicial que se conoce como la «yidispolítica».

La denuncia y la investigación son contra Álvaro Uribe Vélez, quien prevalido de la condición de Presidente de la República —es el fondo de la argumentación jurídica— la aprovechó en su propio beneficio para otorgar dádivas a dos congresistas a cambio del voto en la Cámara de Representantes, definitivo en la aprobación del acto legislativo que estableció la reelección presidencial. Uribe acudió a la diligencia judicial acompañado de su abogado, Jaime Lombana, aunque también de dos de sus cortesanos en la Casa de Nariño, César Mauricio Velásquez, jefe de la Oficina de Prensa y Edmundo Del Castillo, asesor jurídico. Valdría la pena que los dos últimos aclararan en qué condición hicieron parte de la diligencia judicial, porque no se trató de un acto público, propio de la función presidencial, sino de una diligencia personal por la cual responde Uribe en su condición de ciudadano y en su defensa no deben acudir funcionarios públicos y menos los recursos del estado. También debe explicar la Comisión de Acusaciones por qué aceptó la presencia de Velásquez y Del Castillo, pues en ese tipo de diligencias judiciales, parte de la reserva sumarial, sólo pueden participar los interesados, en este caso, los integrantes de la comisión, el convocado y su abogado.

Una cosa es que los cortesanos, que son más de los mencionados, se dediquen a batirle incienso al presidente, ser superior y de singular inteligencia, según ellos en el colmo de la lambonería, y otra que intervengan a manera de presión, así sea como testigos de una diligencia judicial que es reservada por el carácter penal de su naturaleza jurídica. Pero ya son bastantes los desbordes de los cortesanos, una y otra vez involucrados en escándalos palaciegos como la reunión con la gente de «Don Berna» para conspirar contra los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, denunciada por algunos medios periodísticos el fin de la semana pasada.

En este gobierno indecente todo es bochornoso, hasta la coartada de Uribe Vélez para zafarse del cohecho con Yidis Medina, con el argumento de que el responsable es el periodista Daniel Coronell, quien mantuvo en secreto la prueba por acuerdo y exigencia de su fuente. Postura ética que el Mesías y los cortesanos no conocen ni de lejos. La Corte Suprema ya condenó a Yidis Medina por recibir dádivas. Queda pendiente por establecer quién las dio.