Asociación Campesina del Catatumbo
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Ladren, sigan ladrando, que "cuando los perros ladran es señal de que cabalgamos”
Una campaña de desprestigio contra la Asociación Campesina del Catatumbo busca generar una opinión pública en contra de la interlocución entre el campesinado de esta región olvidada y el gobierno
Asociación Campesina del Catatumbo - Ascamcat / Miércoles 6 de agosto de 2014
 

La más reciente expresión de esta campaña la ejemplarizan Plinio Apuleyo Mendoza en su artículo “Viaje a las entrañas del Catatumbo”, un viaje imaginario a una región que nunca a pisado, a partir del relato de un funcionario del plan contrainsurgente de Consolidación. Y Andrés Hoyos, director de El Malpensante, con su abstracción "intelectual" denominada “El Catatumbo, un año después”.

La apuesta de esta manipulación e intoxicación informativa es la misma de siempre, según la cual, detrás de cualquier protesta y detrás de cualquier propuesta de solución a las problemáticas del campesinado estarían las FARC.
Desconoce, o aparenta desconocer, Plinio Apuleyo que los cultivos de coca en el Catatumbo son producto del abandono estatal y de la quiebra del campo por la entrega de nuestra soberanía alimentaria y de la casi total ausencia de políticas públicas e instituciones que atiendan la emergencia de la economía campesina y la de los pequeños productores agropecuarios.

El anti-campesinismo de Apuleyo es tan ciego y estúpido como el tratar de dar a entender que los cultivos de coca y la minería artesanal, que él llama ilegal, existen por que existen las FARC.

Los campesinos del Catatumbo, mediante un paro de 53 días, lograron expulsar de esta región la política de erradicación forzada de los cultivos de coca y lograron una reparación a cada familia víctima de esa práctica violenta del Estado. Le duele a Plinio que se repare a los campesinos y a los recolectores de hoja de coca que fueron vulnerados en sus derechos por el Estado que los debería proteger y defender.

El relato del funcionario del plan de consolidación es ruín al afirmar que en el casco urbano de El Tarra hay francotiradores que disparan contra todo recién llegado. Quiere dar a entender de manera viciada que El Tarra es un pueblo de pistoleros que le disparan a todo lo desconocido.

La reunión que referencia Apuleyo, de la voz del parcializado funcionario de Consolidación, fue la asamblea regional de productores y recolectores de hoja de coca por la paz con justicia social, celebrada el 31 de agosto y 1 de septiembre de 2013, que reunió a 5 mil cultivadores y recolectores de hoja de coca en esta región, reunión sin precedentes que emitió un mandato y una autorización a Ascamcat para negociar con el gobierno un proceso de sustitución social, estructural, concertada y gradual de los ingresos derivados de los cultivos de coca. El programa de sustitución que se encuentra en el pliego de exigencias del paro campesino fue presentado al gobierno hace un año y hasta el momento no ha recibido ninguna respuesta.

El relato de Apuleyo y "el funcionario" da a entender que los campesinos organizados del Catatumbo son una milicia por el hecho de vestir de color verde o blanco y portar gorras, o por organizar la logística y la seguridad de una reunión. El viajero imaginario y su informante sueltan la especie de que a la reunión asisten los campesinos obligados bajo amenazas de muerte. Se mofan de las víctimas que dejó el paro agrario del Catatumbo, 4 campesinos asesinados por la fuerza pública, crímenes que se mantienen hasta el momento en la total impunidad. Incluso el gesto de memoria de un aplauso a los mártires del Catatumbo también es sindicado de ser obligado.

El dueto de las difamaciones se inventa incluso una misión internacional de verificación sobre la no presencia de cultivos de coca en el Catatumbo, cuando es sabido que es precisamente la Ascamcat la organización que más ha evidenciado y divulgado el problema, precisamente para plantear la solución con un programa regional de sustitución. Su relato es inverosímil: “Si bien su tarea era la de verificar que en las Zonas de Reserva Campesina no había coca, ya estaban previstas las rutas por donde los inspectores iban a pasar. En tales rutas se había dado la orden a los campesinos de arrancar la hoja. Después de esa visita volverían a sembrar”.

Por su parte Andrés Hoyos, aprovecha sus cavilaciones intelectuales para escribir sobre lo que no sabe, como el mismo lo reconoce en su texto: “Aunque yo recorrí buena parte del país por carretera cuando todavía era posible hacerlo, nunca pasé por el Catatumbo”. De paso se suma, de manera conciente, al sambenito de que todo es las FARC, para señalar al campesinado perseguido y ultrajado de esta región: “Tampoco es la primera vez que las Farc y sus aliados usan una palanca pequeña para producir grandes efectos mediáticos”. Y por último se afilia a la campaña de desprestigio en contra de los líderes y voceros del paro campesino del Catatumbo al escribir: “Caer, como cayeron en el Catatumbo, en manos sectarias no les ha servido a los lugareños de nada. César Jerez, el notorio dirigente “campesino” formado en la URSS —estudió geología en Bakú, capital de Azerbaiyán— que mandaba a callar durante el paro, ha salido del foco noticioso y ahora aparece dando entrevistas en Oslo. Paracaidistas como él tienen poco que ofrecer a los campesinos del Catatumbo”.

Los campesinos y campesinas del Catatumbo han soportado 11 mil asesinatos del paramilitarismo de Estado, la violación de centenares de sus mujeres, la desaparición de sus seres queridos en hornos crematorios, el despojo, el desplazamiento y finalmente el asilo por miles en un país vecino, el encarcelamiento de su gente por tener que sembrar coca, los bombardeos y los ametrallamientos indiscriminados y todos los horrores de esta guerra. Este campesinado hace parte de un pueblo digno que reclama sus derechos por encima de todas las estrategias judiciales y de guerra que se han implementado contra él. No vamos a permanecer más en silencio frente a los voceros del narcolatifundio, no vamos a permitir más que nos denigren sin la respuesta oportuna de nuestra palabra, no aceptamos posturas intelectuales en contra de los desposeidos. Nuestras voces y nuestras palabras tendrán que ser escuchadas.

Mientras tanto ladren, sigan ladrando, que "cuando los perros ladran es señal de que cabalgamos”.