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¿Modelo de paz territorial?
El modelo de macroproyectos, donde el eje central es la inversión capitalista, no es un buen augurio para un proceso de posdiálogo en las regiones y territorios.
Zabier Hernández Buelvas / Miércoles 15 de octubre de 2014
 

El Gobierno Nacional viene hablando mucho sobre un modelo de paz territorial. “Un proceso de paz es para todo el país, pero su expresión real es una paz construida desde los territorios y para los territorios. Este proyecto no es una reunión más, este trabajo busca promover un proceso de construcción de modelos territoriales sobre la base de lo que existe en cada región”, ha dicho el Alto Comisionado Para la Paz. Esto suena muy bien, pero hay preocupaciones.

Sectores, especialmente empresariales y agroindustriales, han venido promocionado el modelo implementado en los Montes de María como un modelo “viable” y pertinente para aplicar en las regiones, en un posible escenario de posdiálogo. Las visiones de los campesinos de a pie, los desplazados y las víctimas, nos indican que este no es un modelo a seguir.

Las características del tan promocionado modelo Montes de María han conllevado una expropiación “legal” de la tierra a los propietarios ancestrales, un encarecimiento de la misma y una reconversión del campesino (antes de la intervención, dueño de su tierra) en un ”exitoso” asalariado que mantiene un ingreso “justo”, sin mencionar aún los lazos que los beneficiarios empresariales de este modelo han continuado en unas nuevas dinámicas con el paramilitarismo en la región.

¿Resultado final? Mayor concentración de la tierra, consolidación del monocultivo que agrede las vocaciones productivas del territorio, y una venta miserable de la mano de obra en la región, que sin duda a mediano y largo plazo terminará llevándonos a la misma situación anterior: miseria, exclusión y pobreza.

El modelo de macroproyectos, donde el eje central es la inversión capitalista, no es un buen augurio para un proceso de posdiálogo en las regiones y territorios. En los Montes de María, si bien es cierto que las organizaciones y procesos sociales han logrado posicionarse como un proceso de verdad y memoria histórica, siguen resistiendo y luchando por no permitir que se consolide la visión inversionista y agroindustrial y asalariada.

El modelo propuesto para construir paz en las regiones y territorios debe partir de un concepto abierto, endógeno y autónomo del desarrollo, donde las comunidades participan y deciden la distribución y uso del territorio, fortalecen sus propias vocaciones productivas y culturales y generan procesos de cogobiernos locales y subregionales que permitan una nueva relación Estado-sociedad.

En este terreno, el discurso institucional gubernamental y las campañas mediáticas demuestran incoherencia y falta de voluntad para asumir la construcción de la paz en un ambiente democrático y de justicia social. Las regiones no necesitan que les lleven y vendan modelos. Solo es necesario abrir los espacios de construcción social y dejar que estos sean los que realmente rijan en los territorios.